Teatro de cierta realidad, la exposición Nada está donde se cree… de Graciela Sacco (Argentina, 1956) reedita y crea nuevas obras de sitio específico que se aventuran a repasar aspectos del pasado y el presente, nacional y global, con mirada crítica y energía diferente. Las piezas –video, fotografía, serigrafía, objetos, instalaciones– presentadas en el Centro de Arte Contemporáneo-Museo de la Universidad Nacional de Tres de Febrero constituyen una síntesis de su trabajo de más de veinte años.
Por su historia y poderoso significado, se impone mencionar al edificio del antiguo Hotel de Inmigrantes, que alberga en el tercer piso al recientemente instituido CAC-MUNTREF. Punto de recibimiento y residencia de sucesivas olas inmigratorias, éste fue el más grande hospedaje destinado a los recién llegados a Argentina. Construido en el estilo Beaux Arts junto al Río de la Plata, entre 1906 y 1911, fue desactivado en 1953. En la actualidad, pertenece a la Dirección de Migraciones, y varios de pabellones son utilizados por esa repartición pública.

De modo que, mientras que en un rincón de esta enorme construcción (cuyo frente tiene por lo menos 200 metros) la muestra de Sacco habla de lo provisorio, de los emigrantes excluidos y la decadencia de las conquistas sociales, en los pabellones de la otra punta, los inmigrantes recientes (masivamente provenientes de los países vecinos) realizan esperanzadamente sus trámites de residencia, sus papeles de inclusión.
La contradicción se repite entre el complejo material de Graciela Sacco exhibido en el CAC y la muestra en el Museo de la Inmigración (museos interconectados por un vasto pasillo), acerca de la historia de los emigrados a Argentina. Con mirada de futuro, los que vinieron sonríen ampliamente en las históricas fotografías exhibidas, aun cuando sabían que tendrían que luchar para hacerse un lugar. Escenas conflictivas, la calle como lugar de batalla, la dificultad de la integración, constituyen la obra de Sacco.
Curada por Diana B. Wechsler, la exposición ocupa muy bien dos monumentales salas, con obras desplegadas sin orden cronológico. “Nada está donde se cree…” toma su nombre de una pieza de la serie M2, que habla del territorio, de movimiento y de espacio. M2 pregunta por “el mínimo espacio que un individuo necesita para vivir” y por el valor del “metro cuadrado de destierro”. “¿Por qué el m2 en París equivale a 30 en La Paz?”, interroga la artista, que imprime comparaciones de ciudades tan diversas como Nueva York y Managua en un cubo de plástico de 100 x 100 cm, inflado con helio y suspendido en el aire.

Experiencia sensible y espacio de pensamiento, la exposición interpela al espectador desde antes de su ingreso al CAC. Las bocas abiertas a lo largo de la calle que conduce al museo, de la serie Bocanada, anuncian un hambre –real y metafórico– no saciado. Incrustados en decenas de escalones de mármol que llevan a la exhibición, los silenciosos “ojos” de Entre nosotros advierten una vigilia interminable, una vigilancia implacable. Los “pasos” de los Migrantes (de la serie M2 ) están adheridos al gran ventanal de la escalera.
La muestra inicia con la videoinstalación Esperando a los bárbaros, con ojos en movimiento vislumbrados a través de unas maderas rústicas. Reúne alusiones a las tempranas intervenciones urbanas de la artista desplegadas en su ciudad natal, Rosario, como las a las de Señalización de escuelas públicas (espacios amenazados de extinción), 1994, in front of schools and educational institutions, and the initial series Bocanada. Interferencia urbana, con la instalación de 5.000 afiches sobre carteles políticos en la vía pública; acción reiterada luego en Buenos Aires. Casi desde el comienzo de su trayectoria, Sacco realiza impresiones heliográficas a partir de fotografías –de su autoría o tomadas de lo los diarios–, emulsionando las superficies de los objetos con químicos reactivos a la luz, registrando así las imágenes de bocas, ojos, manifestantes, pistolas, valijas, cuchillos, alas.

La artista –que en los últimos años suma nuevos materiales y elementos tecnológicos– exhibe quebrantos políticos, económicos y espirituales, también en series originadas en El incendio y las vísperas obra de mediados de los años noventa. Se trata de una secuencia de listones de maderas impresas con imágenes heliográficas de manifestantes en la calle, algunos lanzando piedras; obras dispuestas unas junto a otras contra la pared de la sala, como si los palos descansaran tras haber sido portadores de carteles con consignas. A manera de valla, estas maderas segmentadas llegan a ocultar, por ejemplo, un video de la serie Tensión admisible. Con la imagen de la manifestación, luego realiza similares impresiones sobre angostas planchas de acrílico que cuelgan del techo con hilos de fibra transparente y que, gracias a su disposición en el espacio y a la luz que las enfoca, se reflejan en el muro: Sombras del norte y del sur. Incluso, aquí algunos de estos manifestantes están plasmados en una obra cinética, corriendo y tratando de alcanzar un tren. La videoinstalación Cualquier salida puede ser un encierro, con agua y proyecciones de agua, no sólo tiene el poder de hacer perder la noción de espacio, sino que dialoga con el vecino río.
Para el espectador globalizado que ya vio su trabajo en Rosario, Buenos Aires, Ushuaia, México, Santiago de Chile, São Paulo, Toulouse, Roma, París, Praga, Jerusalén, Miami, Washington, Austin, Nueva York, Venecia, y más, la presentación puede ser una guía para rememorar sus propios viajes y circunstancias, porque, como dice la artista, “el arte es un modo de conectarme [conectarse] con el mundo”.
VICTORIA VERLICHAK

