El dibujo ha ocupado un lugar relevante en la producción artística colombiana; desde sus maneras más tradicionales ligadas al lenguaje pictórico hasta las formas más sofisticadas, esta expresión ha venido configurando un discurso visual y teórico definitivo, incluso para entender otras formas de hacer como la fotografía, la instalación o el video1. Este, por supuesto, no ha sido un fenómeno exclusivo de Colombia: el dibujo –y sus correspondientes usos materiales y conceptuales– ha invadido el terreno del arte a lo largo del siglo XX y lo que va del XXI. La línea, eterno elemento de reflexión, ha sido y sigue siendo replanteada con proyectos que exploran el espacio y el tiempo en todas sus dimensiones.
Este artículo pone sobre la mesa –con base en un estudio preliminar– un grupo de diez artistas colombianos2 cuyos trabajos transitan entre el dibujo convencional que se realiza sobre algún tipo de soporte físico y las acrobacias que permiten los medios digitales. A pesar de que algunos de ellos no se consideran dibujantes en el sentido estricto del término, sí reconocen que es la esencia de este lenguaje la que hace que sus creaciones cobren sentido. La lectura interpretativa que acá se presenta analiza coincidencias que aparecen cuando se estudian en conjunto algunas de las obras de estos artistas. Cada caso puntual ilustra el terreno dilatado en el que acontece el dibujo “contemporáneo”3 y la manera en que se va consolidando cierto tipo de tendencias que permiten hacer revisiones unificadas de fenómenos específicos.

De lo estático a lo moviente
[Diana Menestrey – Manuel Calderón – Camilo Bojacá]
Estos tres artistas marcan con las obras acá señaladas una línea de trabajo donde lo manual y lo digital conviven desde el preciso momento en que se engendra la idea hasta que ésta es puesta en el espacio de exhibición. Desde frentes distintos cruzan al dibujo con el lenguaje audiovisual. Mientras que el dibujo de Manuel Calderón y Camilo Bojacá responden al virtuosismo de la técnica, el de Diana Menestrey se resuelve con líneas sueltas que constituyen figuras simples; una y otra forma encajan con la resolución que le dan a cada una de sus apuestas.
“Todos los dibujos que pienso están en movimiento, son más situaciones que imágenes fijas”. En esta frase, Diana Menestrey sustenta el hecho de que la animación sea el procedimiento con el que desarrolla sus ideas. Actualmente está radicada en Colonia (Alemania), donde cursó su posgrado en Medios Audiovisuales, experiencia que ha sido definitiva para reafirmar la importancia de lo interdisciplinario en su práctica artística. Sus obras tienen un carácter que ella cataloga como minimalista; a través de la línea, modela imágenes sencillas con las que potencia las situaciones que representa.

Obstrucciones (2012) es una videoinstalación que se origina cuando a la artista se le viene a la mente la imagen de un hombre que se balancea; con esta premisa, empieza a dibujar en papel variaciones de esa acción, y en esas esquematizaciones descubre la solución formal de la obra. La pieza final muestra el dibujo animado del hombre en movimiento –que es apenas trazo esbozado– intentando alcanzar algo, pero su objetivo es inútil. Esta animación es proyectada al lado de un espejo que la refleja. El efecto refuerza el ideal del personaje tratando de encontrarse con él mismo, objetivo que se diluye por la manera como está animada la acción repetitiva. Es una obra que recuerda el video Dist-ansiado (2009), que también apuntaba a una reflexión sobre lo imposible. Menestrey enfatiza que su pensamiento es visual, y, por lo mismo, se siente ajena a planteamientos teóricos puntuales. “Las ideas vienen a mi mente en imágenes, y la manera más simple de sacarlas y darles sentido es dibujando”.
Las habilidades de Manuel Calderón para el dibujo lo han conducido a explorar de forma obsesiva la figura humana; en la mayoría de sus propuestas, es su propio cuerpo la imagen que aparece representada; éste ha sido el instrumento de estudio para comprender las relaciones múltiples del individuo con los espacios que habita. Esa autoobservación, que también es una observación de los otros, ha estado soportada en el trabajo con una mixtura de medios, donde son fundantes la fotografía y el video. En esos intercambios de información entre un medio y otro ha producido imágenes donde los tiempos y formatos de cada lenguaje ceden terreno a una pugna entre lo estático y lo moviente.

En esa especie de laboratorio, donde el artista pasa del papel al soporte digital, re aparece el dibujo de sí mismo en la obra Escaleras infinitas (2012); la imagen repetida del personaje subiendo unas escaleras nos pone en evidencia el principio esencial en la animación cuadro a cuadro. Calderón nos acerca a un experimento donde el dibujo hecho a mano y el digital ya no se distinguen; así, el efecto del montaje –como en la mayoría de sus proyectos– es el que cierra la hazaña visual que está detrás de lo que ve el espectador. La puesta en escena de esta acción dibujada y duplicada, reactiva –en términos de cultura visual– la pintura icónica del Hombre bajando la escalera de Duchamp o un video contemporáneo como Around the World del grupo musical Daft Punk.
En las creaciones de Camilo Bojacá, el dibujo es un lenguaje a partir del cual se piensa lo estructural en su sentido físico y abstracto. Las imágenes que erige son espacios críticos que subvierten la realidad que conocemos y experimentamos. Influenciado principalmente por el cine y la literatura de ciencia ficción, Bojacá concede a su obra un sentido político con el que dice cosas punzantes sobre la sociedad contemporánea. La estética impecable de su dibujo a lápiz impacta al espectador y devela la maestría de su técnica. En su instalación Sin título (2013), que hizo parte de la muestra Andamios y columnas, el artista presenta el dibujo de un edificio en construcción al que superpone la animación de una pluma en funcionamiento. Con esta pieza enfrenta el movimiento sutil que hace posible el video con la quietud e imposición del dibujo. En este proyecto es la vivienda multifamiliar el centro de sus observaciones; los enunciados de Bojacá cuestionan las formas continuas acabadas que parecen ajenas a experimentar cualquier tipo de metamorfosis, ese ideal uniformado de la casa modelo que las constructoras venden. Las otras obras dispuestas alrededor de esta instalación refuerzan su pensamiento sobre la vulnerabilidad de las estructuras impuestas por el ente ciudad a las que se someten sus habitantes. Para Bojacá, “el dibujo, más que un medio para la representación, es una herramienta que posibilita la apertura de espacios mentales, de zonas activas dispuestas para el pensamiento crítico”.

El dibujo en el espacio público
[Luisa Roa – Andrea Acosta]
Aquí el dibujo aparece como un lenguaje que se inserta en espacios urbanos. Los recorridos de ciudades y el estudio de cómo los objetos y la arquitectura hablan de la vida de un lugar son el preámbulo que determina el acto de creación. Las dos artistas, Luisa Roa y Andrea Acosta, plantean interrogantes sobre el espacio público con intervenciones que no irrumpen en la naturaleza misma del entorno.
Luisa Roa ha desarrollado propuestas multimediáticas donde el sonido y el dibujo son protagonistas. La mayoría de sus ideas están dirigidas a poner en entredicho narrativas impuestas y a generar experiencias relacionales entre el espectador y el espacio donde se monta la obra. Su proyecto más reciente, How to talk about Mostar? (2013), tuvo origen en una residencia en la ciudad de Mostar (Bosnia-Herzegovina), como parte de las prácticas de la maestría en Arte Público que cursó en la Bauhaus University. Luego de reconocer y recorrer la ciudad, Roa decide llevarse a su estudio cinco objetos encontrados y en desuso (una tabla, una piedra, una sábana, un rollo de película y una sombrilla) de los lugares de Mostar que le provocaron un impacto visual; también se lleva consigo las grabaciones del paisaje sonoro de cada punto. La artista hace un dibujo en la superficie de cada uno de los objetos, y su hazaña fue el acto de volver a insertarlos en los sitios de forma cruzada. Editó los audios y diseñó un mapa, envió el material en un correo masivo, y las personas que decidieron descubrir las obras in situ debieron bajar los audios en un reproductor y hacer el recorrido siguiendo las instrucciones. Los dibujos fueron robados a los pocos días de ser instalados.

En este proyecto, Roa reafirma su intención de mimetizar sus creaciones en zonas críticas de las ciudades. Varias de sus producciones han puesto en debate el carácter de monumentalidad que se ha concedido a los discursos de la historia, donde la cultura visual ocupa un lugar importante. Su reto ha sido pensar otras formas de discursos a través de sus instalaciones o trabajos en sitios específicos.
En una línea de trabajo cercana, Andrea Acosta –quien hace unos años terminó la misma Maestría que ahora cursa Roa– ha desarrollado obras donde pone en tensión los conceptos de lo público y lo privado. A partir de dicha tensión ha intentado que el dibujo invada espacios públicos que parecen menores o invisibles y que han sido devorados por otros pedazos de ciudad. Sus ideas se han materializado en Berlín, Bogotá, Bilbao, París, Weimar o Lovaina. En varias ocasiones se ha sorprendido de lo parecidas que pueden llegar a ser las urbes, pues en sus caminatas se ha encontrado con objetos o acciones casi idénticas en una y otra latitud; tanto así, que en 2012 decidió registrar algunas de esas coincidencias entre París y Berlín, en la publicación There is here with a T, a series of observations and speculations. Otra de sus apuestas –donde el dibujo y fotografía entran en juego– es Bocetos para esculturas encontradas (2006), resultado de exploraciones hechas en París, Bogotá y Berlín. Estas imágenes surgen del encuentro fortuito con “situaciones escultóricas” en las ciudades, y que Acosta registró en fotografías. Ella decide apropiarse de esos “accidentes temporales” y realizar una serie de dibujos que serían los bocetos de los montajes que posibilitan dichas situaciones. La artista crea una suerte de ficción en la que la idea de intervención es puesta en tela de juicio. Es importante decir que Acosta tiene un interés por hacer que el dibujo se conecte con otros medios, y además, que su obra tenga un toque de humor que le abra un espacio para jugar con las suposiciones del espectador.

Disecciones y taxonomías
[Angélica María Zorrilla – Catalina Jaramillo]
Estas dos artistas podrían pensarse como unas científicas del dibujo. En sus talleres –casi unos laboratorios– están dispuestas mesas de trabajo y/o mobiliarios donde se despliegan muestras de papel, pequeñas obras terminadas, fragmentos de texto, objetos inimaginables o esquematizaciones de proyectos en curso. Angélica María Zorrila, anclada en sus pequeños formatos, intenta taxonomizar conceptos y estados mentales y/o emocionales, mientras que Catalina Jaramillo transita entre sus colecciones y las maniobras que le exige el soporte digital. Guardando la medida de las proporciones, la manera en que Zorrilla y Jaramillo asumen sus procesos de investigación reanima la presencia de un pensador para quien el estudio de las imágenes y su poder relacional-montajístico resultó una obsesión, el alemán Aby Warburg.
Albur, visiones del adentro y del afuera (2012) de Zorrilla es un proyecto en el que la artista instala en cajas individuales una serie de dibujos que son el resultado del estudio intenso de los órganos del cuerpo y su relación con el concepto de melancolía. La anatomía está presente como un territorio habitable que es físico y etéreo al mismo tiempo. Una serie de paisajes crípticos aluden a cada uno de los órganos elegidos para el experimento visual: el cerebro cobra el valor de un pequeño demonio, o el bazo, el de un espacio medio vacío donde se concentran sensaciones físicas agudas. Las exploraciones de la artista no tienen un límite; sus propósitos con el tema en cuestión la han llevado a consultas que oscilan entre la medicina, la filosofía, la literatura, el cine, entre otros. En general, sus proyectos engendran una carga poética que se refuerza cuando emerge una conexión entre las imágenes que crea y las palabras, estas últimas elementos perturbadores de las primeras. Anatomías de la melancolía y Corazones híbridos son dos apuestas previas a Albur que revelan el carácter obstinado de las investigaciones de la artista.

La propuesta Espacio impropio (2012) de Catalina Jaramillo encarna su interés en el ejercicio del coleccionismo. A manera de un detective que recoge las huellas de su propia vida, Jaramillo viajó a Medellín para reencontrarse con la casa que había habitado siendo una niña. Lo que halló fue un terreno hecho ruinas, como consecuencia de un incendio que se había llevado su idea primera de lo que era un hogar. Frente a la fuerza de aquella imagen decidió iniciar la recolección de objetos que habían sobrevivido al desastre, piezas claves que revisó en su estudio y que fueron construyendo algo así como un gabinete de curiosidades de este complejo episodio personal. Aquí aparece –como en Zorrilla– un procedimiento taxonómico que parte del objeto y que luego se refuerza con un dibujo que lo reconstruye. Esta apuesta incluye otra serie de dibujos con los que Jaramillo intentó representar la sensación de extrañamiento –unheimlich/uncanny– que le produjo su desafortunado encuentro; las imágenes estaban montadas sobre un prototipo de papel de colgadura que ella misma diseñó. Sus obras tienen origen en listados que hace todo el tiempo; funcionan como fragmentos que se enumeran y que van consolidando un todo que es –antes que nada– un ente orgánico.

Narrativas
[Mónica Naranjo – Catalina Ortiz – Teresa Currea]
Lo que permite hacer una lectura relacional de estas tres dibujantes es el carácter narrativo que encierran sus jugadas visuales. Teresa Currea construye escenografías donde genera situaciones contradictorias a través de la superposición de dibujos minuciosos hechos a mano. Mónica Naranjo dispone en productos editoriales, o en los muros de exhibición, imágenes casi borrosas que han sido retocadas digitalmente y que simulan los fotogramas de una película. Catalina Ortiz, por su parte, acude a técnicas como el collage o el ensamblaje, con los que configura personajes o historias donde replantea significados y formas del lenguaje.
En el proyecto editorial y expositivo Where Here and There Meet (2010) de Mónica Naranjo, trabajo de grado de su maestría en Arte, Comunicación y diseño (Londres 2008-2010), despliega una reflexión sobre la idea de “estar en casa”, precisamente cuando una persona está lejos de su lugar de origen, y cómo en ese estado hay una búsqueda permanente por pertenecer a un espacio que no es el propio. Las imágenes de esta propuesta resultan de un tratamiento técnico donde fotografía y dibujo entran en acción. Naranjo presenta en cada encuadre atmósferas de incertidumbre, vistas de una ciudad gris, interiores sombríos donde las cosas inanimadas parecen cobrar vida. Cuando la artista monta estas imágenes en la pared de exhibición, a la manera de un story board, es imposible negar el aire cinematográfico que respiran sus ideas. Para Naranjo, es fundante el hecho de tomarse el tiempo suficiente para observar un paisaje o una circunstancia cotidiana, y así, intentar comprender cómo el entorno transforma actitudes y comportamientos de los espacios y las personas, fenómenos que –según ella– no alcanza a registrar la fotografía. “El dibujo permite quedarse, rehacer los detalles, borrar. Ante todo, pensar”.
La serie Nidos literarios (2011-2013) de Catalina Ortiz es un desafío al dibujo en dos dimensiones. Con unos armazones hechos de papel, la artista pone a la línea en otra circunstancia, la vuelve tangible y maleable para constituir un corpus orgánico que a pesar de su levedad contiene el peso narrativo de novelas que Ortiz ha leído. El objeto estético emerge como una interpretación, como una crítica literaria visual. Las novelas entran en proceso de destrucción cuando sus páginas son rasgadas, acto que da inicio a la resignificación del discurso escrito; su estado total transita hacia lo fragmentado, y luego el fragmento configura otro todo, menos estable y concreto. En última instancia, un método de desmontaje reiterativo, como un continuum. Ortiz expresa que “los nidos parecen estar haciéndose todo el tiempo, van sugiriendo formas, y la línea es como un ente hablante”; por lo mismo, considera que ésta es una experiencia que viene del pensamiento con el dibujo. Títulos como Memorial del convento de Saramago, Santa Evita de Eloy Martínez o La nieve del almirante de Mutis componen el inventario con el que la artista ha trabajado. El criterio básico de selección es que los textos tengan un fuerte contenido psicológico. Catalina Ortiz tiene una trayectoria profesional en el campo de la producción fotográfica para productos editoriales; en sus obras, inevitablemente, permanece latente lo que de dejó esta experiencia.

Nada en los constructos visuales de Teresa Currea nos oculta su “ser dibujo”; las escenografías que elabora y las relaciones entre los personajes y los objetos que dibuja mantienen una atmósfera inquietante que disputa con el lenguaje sutil de sus imágenes. Los dibujos han escapado de la planitud, han sido traídos al frente a través de capas (layers), con la clásica estrategia de los dioramas. Animales de especies inclasificables conviven con humanos en espacios cotidianos de urbes inventadas que evocan –por instantes– alguna de las ciudades invisibles de Calvino. Currea acude al recurso de la ironía; la representación de lo insólito raya en lo natural y guarda un halo de armonía por la manera en que dispone la interacción entre los personajes y las cosas. Construye hábitats imposibles, donde la artista dispara críticas sociales que se disfrazan con la estética de sus maquetas; éstas terminan siendo mundos ficticios ensamblados, donde Currea reflexiona acerca de las técnicas para fabricar espacios artificiales. En su proyecto La feria (2012), un diorama de formato horizontal, construye elementos propios de una feria de diversiones, donde instala personajes en medio de situaciones paradójicas. El estudio de máquinas y aparatos a través de ejercicios con el dibujo ha sido una de las bases para la invención de los híbridos entre humanos y objetos que inserta en sus obras, metáforas visuales que posibilitan la representación de otros tiempos y otros espacios en sus montajes no lineales.
Termina aquí esta apuesta de interpretación sobre el dibujo impulsada por las disertaciones que los mismos artistas han hecho sobre sus trabajos y por la necesidad de poner sobre la mesa lo sintomático de un lenguaje que atraviesa –de maneras múltiples– las prácticas artísticas actuales. Pensar en el dibujo contemporáneo y sus posibles presencias (y ausencias) implica –entre otras cosas– un acto de análisis minucioso, tener la astucia para ver lo invisible, revisar procesos obsesivos, reinterpretar la línea y el trazo, indagar las opciones que brindan las nuevas tecnologías y, sobre todo, deshacerse de categorizaciones simples y abrir la mente para dejarse seducir por narrativas y/o expresiones heterogéneas que no responden necesariamente a su forma clásica, aunque en definitiva se parta de ésta para materializar ideas.
NOTAS
1. “Desde finales de la década del sesenta, y principalmente durante los setenta, fue usual hablar de dibujantes, es decir, de artistas cuya obra se concentraba predominantemente en el dibujo. […] Si bien a lo largo del siglo XX los artistas trabajaron el dibujo como un lenguaje independiente, las obras resultantes fueron consideradas como menores, y el interés de la crítica y el público se enfocó en la pintura o la escultura. Por el contrario, en el lapso estudiado (1960-1970), artistas como Óscar Muñoz, Miguel Ángel Rojas, Mariana Varela, Darío Morales, Luis Caballero, Santiago Cárdenas, Juan Cárdenas, Óscar Jaramillo, Saturnino Ramírez, Ever Astudillo, Félix Ángel, Alfredo Guerrero y Cecilia Delgado, entre muchos otros, utilizaron el dibujo para problematizar la noción de percepción […]. Así con el dibujo como medio autónomo y no como apoyo a técnicas mayores, lograron proponer una aproximación diferente a la imagen que les permitió explorar y ampliar sus posibilidades representativas”. Carmen María Jaramillo, “Desjerarquización de los medios”. En: Fisuras del arte moderno en Colombia (2013), pp. 153-154.
Nota del autor: la selección de estos diez artistas está sustentada en el trabajo de investigación que he venido desarrollando durante casi un año sobre las prácticas contemporáneas del dibujo. He estado cerca del proceso de los trabajos que acá reviso y de su exhibición en muestras recientes. Visitas a los talleres, conversaciones y entrevistas, estudio de referentes y ejercicios de interpretación son la fuente principal de este artículo.
2. “La década de los años sesenta del siglo XX representa para el arte un momento de transformaciones que redefinen la creación y el lugar de lo artístico en términos complejos. […] El dibujo hace parte de esta empresa. Los modos empleados por el arte conceptual, y los movimientos que se formaron bajo su influencia, dieron una particular visibilidad al dibujo, revitalizando su hacer como un proceso de pensamiento, y no exclusivamente como un despliegue técnico. La instalación, el minimalismo, el land-art, incluso el performance, contribuyeron a que los límites del dibujo se ampliaran y se pudiera pensar esta actividad como una práctica independiente. No cabe duda que la noción de espacio, de simplificación, de recorrido (movimiento) y de tiempo le aportaron al dibujo unas características renovadas y una naturaleza tautológica que es posible reconocer hasta hoy en día”. Andrés Foglia, “Sin borrador”. En: Catálogo de Exposiciones. ASAB (2013), pp. 13-14.
3. Resulta oportuno citar algunos de los artistas colombianos que han sido definitivos para entender las dinámicas del dibujo en las últimas décadas y que complementan la lista que aparece en la nota 1 de este texto: José Antonio Suárez, Antonio Caro, Johana Calle, Juan Mejía, Bernardo Ortiz, Lucas Ospina, Nicolás París, Mateo López, María Isabel Rueda, Leyla Cárdenas, María Fernanda Plata, Marco Mojica, Kevin Mancera, Liliana Sánchez, Angélica Teuta, entre otros.
ERIKA MARTÍNEZ CUERVO
Comunicadora social y periodista. Especialista en Historia y teoría del arte moderno y contemporáneo. Investigadora, docente y curadora.

