Heroicas eróticas en Nueva York, presentada en la galería Lelong, fue la
primera exposición de Zilia Sánchez en un lugar comercial después de la
retrospectiva que Artist’s Space montó para ella el año pasado, y la primera
que hizo con la galería que está representando ahora su obra en el plano
internacional.
Las piezas expuestas mostraron toda la gama de su obra, desde comienzos de los sesenta hasta las décadas de 1970 y 1980, llegando hasta una de sus piezas más recientes e impactantes, que avala muy bien su continuo proceso creativo: Conservatorio (de la serie de Eros y la Comunicación), una construcción triangular en dos lienzos en tonos de gris y blanco, de 2013-2014.

El título de la exposición hacía mención a una serie de obras en las que Zilia Sánchez comenzó a trabajar cuando llegó a Nueva York proveniente de España, en 1962. El tema estaba en sus lienzos, algunos no cuadrangulares, que revelaban la sexualidad y sensualidad de la mujer, y, lo que es más importante, la presentó desde el punto de vista de una mujer, no de un hombre. De tal modo, vimos en su proceso una forma de revelar mediante la sugerencia, o de mostrar el exterior de lo que sólo puede captarse por completo desde el interior, ese espacio secreto en el que las formas se moldean y que sólo podemos ver por el contorno del lienzo. Había indicios del cuerpo, los suficientes para demostrar una firme presencia. Se podía pensar que se trataba de proyectar en su trabajo el renovado estatus de la mujer en la sociedad moderna, y también de conectarse con las antiguas raíces de la identidad femenina a la que la artista hacía alusión en sus títulos, que a menudo se referían a la Antigüedad.
En su entrevista con motivo de la exposición en Artist’s Space, Zilia Sánchez mencionó que en su desarrollo le impresionaron los textos sobre el minimalismo, y que se dio cuenta de que su obra pertenecía a este movimiento artístico, pero que también se dio cuenta de que ella era una “mulata” dentro del contexto de lo mínimo; que estaba llevando consigo el bagaje cultural de su cultura mixta y la perspectiva de haber vivido y haberse desarrollado en diferentes lugares fuera de Cuba. Sin embargo, su escaso uso del color, las formas repetitivas que semejan módulos, y su geometría simplificada son todos puntos conectivos con la estética minimalista. El suyo es un estilo verdaderamente único que bordea entre escultura y pintura; un diálogo entre sombra y luz, protuberancia y orificio, que mantiene la tensión en su obra.
Sin embargo, los aspectos más interesantes de esa proyectada sexualidad/sensualidad dentro de los parámetros de ese estilo son los que hacen su obra particularmente única dentro del contexto de la estética minimalista; en ella se halla presente, en definitiva, esa carga adicional de lo que la artista llama un diálogo con Eros. También abre un nuevo horizonte de sugerencia figurativa; libera las formas femeninas de su obra de los deberes de la seducción, reemplazándolas con una sólida postura de presencia; una tranquila cualidad de autoestima, casi contemplativa, impregna sus enormes lienzos. Es, sin duda, una perspectiva motivadora desde la cual se puede reconquistar el territorio de percepción en dimensión femenina, que es uno de sus mayores logros.
La obra de Zilia Sánchez se ve tan novedosa hoy como cuando ella empezó a desarrollar los lienzos moldeados, a principios de los sesenta; incluso, la incorporación de delicados dibujos que simulan tatuajes parece muy receptiva a la estética contemporánea, aunque ella empezó a utilizar estas líneas justo al comienzo de su proceso. Sus poderes creativos son tan sólidos hoy como lo eran entonces, como lo confirma el hecho de que las obras más recientes sean tan claramente significativas como las primeras. La coherencia de este viaje por un territorio sin mapa que ella ha desarrollado en su lucha entre forma y diseño era su mejor calificativo en toda la exposición.
Puesto que todos los períodos de su obra estuvieron representados allí, se podría considerar que la exposición fue un tributo retrospectivo a una brillante artista que ha sido injustamente relegada por el mercado del arte, y a quien sin duda resarcirá esta exposición, junto con su excelente catálogo.
La galería Lelong también le añadió un especial toque de distinción a la exposición de las obras de Zilia Sánchez al organizar un debate sobre Coleccionismo de Arte Latinoamericano, poco después de la inauguración de la muestra. Entre los panelistas estaban Holly Block, actual directora del Museo del Bronx, y Clarisa Bronfman, quien habló de su colección, una de las más notables e importantes de Estados Unidos.
ALBERTO BARRAL
