William Kentridge

Dibujo para la película Estereoscopio, 1999. Carboncillo y pastel sobre papel. 113 x 137 cm. (44 2/5 x 54 pulgadas). Colección Johannesburg Art Gallery.

Exposiciónsept 2014 - nov 2014· Por Jaime Cerón

William Kentridge

La exposición Fortuna se presentó durante el segundo trimestre del año en el Museo de Arte del Banco de la República en Bogotá, y en el tercer trimestre en el Museo de Arte Moderno de Medellín. La muestra reúne cerca de 100 obras realizadas durante las últimas tres décadas. El nombre de la exposición alude a la manera como él concibe el proceso creativo, que para él tiene que ver con estar dispuesto al encuentro fortuito de posibilidades como resultado del carácter procesual e intuitivo del ejercicio creativo. La exposición fue curada por Lilian Tone, con quien el mismo Kentridge colaboró estrechamente, y está compuesta por cuatro secciones que han sido nombradas La sala del exceso, Una mirada hacia atrás, Tiempo vertical y La sombra de una sombra. Para la curadora, el nombre de la muestra tiene relación directa con la articulación de las nociones de azar y predeterminación, al punto que señala que el artista trabaja a partir de una casualidad dirigida o mediante la manipulación de la suerte. Algunos de los artistas que han prestado atención a la importancia del proceso como el sentido último del valor de las obras hablan de la importancia de trabajar con una intuición informada, que toma su propio rumbo, pero que no se dirige a cualquier lugar; de ahí que la intuición haya que buscarla a través de diferentes métodos. Algunos artistas recurren a la extensión del tiempo de trabajo como una manera de encontrar esa intuición informada, y otros lo hacen inventando tareas dispendiosas que requieren particulares maneras de concentración. Parece que Kentridge participa de estos dos principios porque en su obra la dimensión del tiempo y la presencia del gesto resultan fundamentales.

Exposición: William Kentridge — imagen 1
Lección de dibujo 47 (entrevista con el artista), 2010. Video. 4:47 min. Colección del artista, cortesía Marian Goodman Gallery, Nueva York y Goodman Gallery, Johannesburgo.

Los métodos de Kentridge tienen que ver con el dibujo y el collage, que se conjugan magistralmente en sus películas animadas –tal vez sus obras con mayores índices de recordación–, que además guardan las mayores evidencias de la manera como se genera un pensamiento en su obra a través de la acumulación de pasos, y por el continuo ajuste de su rumbo. Ésa es la lección del proceso como fundamento de una obra que hace que si no se hubiera seguido el camino que se siguió, la obra en sí no existiría. De hecho, la idea de hacer películas surgió de su interés por registrar el camino que seguía un mismo dibujo como resultado de ser configurado paso a paso, a partir de gestos como trazar o borrar. Es precisamente el acto de borrar, corregir o ajustar un determinado trazo, lo que se convirtió en una forma de historia y en una marca de memoria que podría ser equivalente a su interés por revisar los rastros o vestigios de la vida en su país como consecuencia de las políticas del apartheid. Al respecto, señala que desde niño se encontró observando fotografías que no pudo comprender a cabalidad sino hasta décadas después, y que mostraban a personas que habían sido masacradas por la Policía cuando protestaron ante las situaciones de injusticia y segregación que se vivían en Sudáfrica. Kentridge notaría ya en su edad adulta que esas imágenes de personas en el suelo aparecerían inconscientemente en muchos de sus trabajos como una forma de recordar la experiencia de shock que se había arraigado dentro de él.

Exposición: William Kentridge — imagen 2
Lo que vendrá (ya vino), 2007. Mesa, papel de dibujo, espejo cilíndrico de acero, y película animada de 35 mm transferida a video. 8:40 min. Edición y diseño de sonido: Catherine Meyburgh. Música: Dmitri Shostakovich, Trio para piano no. 2; Giuseppe Micheli y Mario Ruccione, “Faccetta Nera”; “Mbila Solo,” “Canción de amor” y “Canción al emperador” (música para Etiopía y Eritrea, compositores y músicos desconocidos). Colección del artista, cortesía Marian Goodman Gallery, Nueva York, y Goodman Gallery, Johannesburgo.

Esa idea de vincular una experiencia colectiva no es ajena a su interés por documentar el gesto, que sustenta un trazo en el dibujo, y también podría generar conexiones con otros ámbitos de la experiencia cultural que pueden haber llevado a Kentridge a incursionar en el campo de las artes escénicas, en donde los gestos humanos cobran otras dimensiones y donde se articulan de otra manera las experiencias humanas de carácter colectivo. La acción gestual presente en sus películas, por ejemplo, tiene la capacidad de convertirse en las memorias externas de un determinado acontecimiento humano, porque, según él, pueden volver a evocar de una forma muy potente un pasado compartido, un pasado traumático o un recuerdo.

Exposición: William Kentridge — imagen 3
Día por noche, 2003. Película de 16 mm transferida a video (color, muda). 6:32 min. Edición: Catherine Meyburgh. Colección del artista, cortesía Marian Goodman Gallery, Nueva York, y Goodman Gallery, Johannesburgo.

A medida que se fue adentrando en la lógica de realizar películas, fueron apareciendo personajes recurrentes con los cuales definió una narrativa particular. Tal es el caso de Soho y Felix, que, a medida que aparecieron en diferentes historias, fueron perfilando sus propias narrativas, sus propios rasgos y su mismo carácter. Sin embargo, al realizar la tercera película con ellos, Kentridge descubrió la manera en la cual estos personajes se relacionaban con su propia subjetividad, y por esa razón comenzaron a mezclarse sus atributos distintivos, y a partir de ahí, ha venido a considerarlos como autorretratos por interpuesta persona, dado que se ha llegado a identificar con ellos al verlos en estas películas, y, de hecho, ha dicho que ha entendido quién es al realizar esta identificación.

La muestra Fortuna tiene como una de sus particularidades que las diferentes secciones que surgen de la curaduría, se preservan como capítulos mismos de su diseño museográfico y, por lo tanto, proponen relaciones específicas entre las obras y el espacio expositivo. Esta relación entre los conjuntos de piezas se apropia del espacio con la intención de emular la actividad creativa dentro del estudio de un artista, pero no para traer a la mente su espacialidad, sino para hacer referencia al encuentro de multiplicidad de imágenes e ideas que convergen en la configuración de una obra que necesita ansiosamente el trabajo de prueba y error para conjurar la memoria.

JAIME CERÓN

Curador de la Fundación MISOL.

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