Exposición Individualsept 2014 - nov 2014· Por Raphael Fonseca

Vânia Mignone

MAC

Entre el 26 de abril y el 30 de noviembre, el público de São Paulo tiene la posibilidad de visitar la exposición Escenarios de Vânia Mignone. Con cerca de 58 obras que ocupan el espacio todavía reciente del MAC Ibirapuera, la artista contribuye con la propuesta del museo de intercalar exposiciones que cuentan con obras de su colección (relacionada con la Universidad de São Paulo) y proyectos que muestran trabajos recientes de artistas con un recorrido considerable en el escenario de las artes visuales en Brasil. El trabajo más antiguo de la exposición data de 1993, y su título parece ser una posibilidad para que el espectador aprecie el universo de la artista: Palco. No se trata de una pintura, soporte en el que la artista es más reconocida e, inicialmente por eso, se configura como parte de una importante serie de obras expuestas. Es interesante saber de su proximidad con el lenguaje del grabado, algo que está contenido no sólo en su producción de los años 1990, sino que ocurre también en sus imágenes más recientes.

Exposición Individual: Vânia Mignone — imagen 1
Vania Mignone. Chica con fondo blanco y S, 1999. Acrílico sobre MDF. 51,5 x 51,5 cm. (20 1/5 x 20 1/5 pulgadas).

Al mirar con calma Palco, un trabajo que no excede los 30 centímetros de extensión, hay elementos formales que se mantienen firmes en su producción de imágenes. La tensión entre fondo y figura se hace aquí presente: un objeto, una escalera, sugieren un espacio encerrado, debido a su escala. Las líneas grabadas en la madera refuerzan y al mismo tiempo combaten el negro que domina la obra; éste sugiere una inmensidad por la dirección oblicua del color, pero nos hace recordar su carácter solitario, cuando recurrimos a una percepción matemática del espacio. Más allá de estos asuntos formales, es interesante estar atento a esa escalera, único elemento que se puede deducir con certeza, debido a su tono más próximo de la mimesis, y preguntar: ¿a dónde subimos cuando nos adentramos en la búsqueda de Vânia Mignone?

Escaleras, mesas, sillas, vasos, poltronas, plantas y una cama son recurrentes en su producción de imágenes. El palco de ese primer grabado retorna en una pintura de 2013, no a través de un título externo a la imagen, sino con trazos que componen las letras insertas directamente en la superficie de la tela, que pide ser leída por el público. “Su teatro” es lo que nos dice la tinta, y nos confunde - de quién? Mío, en cuanto observador o de ella, una de las varias figuras humanas que se hace presente en las imágenes de artista?

Sin paños de fondo, hombres y mujeres tienen proyectores sobre sus rostros y sudan a través de las pinceladas que les dan forma. A veces, los objetos que componen esos escenarios aireados son aquello que hace posible que esos cuerpos se presenten aún erectos al público, aproximándose con muletas a los opresivos espacios de color en su entorno. En otras situaciones, esos mismos objetos se hacen importantes para aprehender el diminuto lugar de lo humano delante de un escenario en que la materia se impone.

Esos cuerpos están tan inertes como esos objetos industrializados de la decoración doméstica. En cierto sentido, podríamos aproximar las imágenes de Mignone a los cuadros de Edward Hopper, en lo que respecta al aparente vacío de vida activa en sus narrativas. Hopper pretendía recodificar una perspectiva de la “vida moderna” e industrializada en Estados Unidos, repleta de ofertas novedosas, pero llena de melancolía. Por su parte, la artista brasilera retira los elementos que podrían aproximar sus telas al cine clásico-narrativo y nos convida a una apreciación, por el sesgo del fragmento, de las salas, los palcos, de nuestras experiencias de lo real, y, como no, del tiempo.

Y por eso es esencial iluminar uno de los fragmentos más potentes de sus imágenes: el texto. Una palabra puede ser lo más importante de una tela, tal como en una tira cómica. La repetición de las formas de una serie deja eso bien claro: una matera y un sofá están rodeados separadamente por diferentes grafías: “sábado”, “miércoles”, y en lo “oscuro”. Se repite el dibujo venido de la xilografía y se refuerza la importancia del ingreso del acrílico y su color. La rutina puede, definitivamente, presentarse siempre diferente a nuestros ojos.

Más precisas son las inserciones de letras y números que la artista realiza. Una mujer con rostro levemente borrado, centrada en la tela, mira fijamente al espectador. Tiene a su lado una letra grande. Moza con fondo blanco y S es el título dado por la artista, que nos reitera el lugar de incertidumbre frente a su universo.

No hay en la producción de Vânia Mignone un ordenamiento desde el punto de vista artístico dado a interpretaciones certeras, panfletarias, o que meramente ilustren conceptos o asuntos precisos de la historia del arte. Después de la visión panorámica de su producción, bajamos la escalera de aquel palco con el que comenzamos este texto y nos sentamos de vuelta en la platea del teatro. Más vale seguir la tarea nunca fácil de la observación y la expectativa de los próximos actos de su recorrido.

RAPHAEL FONSECA

Vânia Mignone, por Raphael Fonseca | artnexus