Pedro
Tagliafico (Caracas, 1944) reunió en la exposición Anyone dieciséis
obras en papel de pequeño y mediano formatos, elaboradas durante su estancia en
Londres, Berlín, París y Roma en la década de 1970. La exposición, concebida
como una retrospectiva mínima, permitió realizar una relectura del trabajo del
artista caraqueño, como un modo de revisar sus propuestas desde la perspectiva
que da una distancia de alrededor de cuarenta años y como una manera de mostrar
a los jóvenes venezolanos parte del arte de vanguardia realizado entonces, y
del que Tagliafico fue un destacado representante.
La exposición despliega la tesitura característica de Tagliafico: la delicadeza, traducida en un amor por la transparencia; el gesto gráfico mínimo, el vacío, la desnudez del dibujo, la pincelada acuosa, los formatos pequeños y la cuadrícula. Podríamos describir la técnica de las piezas como dibujos, acuarelas o grabados, pero esta clasificación dejaría de lado una especificidad de la obra de Tagliafico, que es el adentrarse y desnudar la técnica, en pro de lograr, valiéndose de las cualidades de cada vía de expresión, su expresión mínima.

Para fines explicativos, la muestra pudiera ser dividida en varios segmentos. Las obras que utilizan la cuadrícula son uno de ellos. De acuerdo con Carlos Palacios, curador de la exposición, la cuadrícula, núcleo en el que reflexiona buena parte del arte contemporáneo, en Tagliafico propone “un gesto de silencio y un punto y seguido” respecto a la narrativa política y a la estandarización de la abstracción geométrica dominantes en el arte venezolano de entonces. La pieza que nos recibe al entrar a la exposición –1. Sin título, de 1974– es un tríptico en el que el artista dibuja cuadrículas a pulso utilizando un lápiz de grafito. Haciendo énfasis en la precariedad de esa red que remite a lo primario del dibujo, el artista va degradando, en cada plano, la oscuridad del trazo, y con ello, parece retirar del plano su propio gesto como hacedor.
Otro grupo está formado por los bastidores, en los que vemos una suerte de reflexión sobre los basamentos de la pintura, por un lado, amplificando la unidad reticular, y por otro, rememorando que este cuadrado es también veduta. De nuevo, el artista va a lo elemental, trabajando con bastidores desnudos o cubiertos por delgados lienzos que permiten traslucirlo en mayor o menor grado. En la obra 7. Sin título, de 1975, el artista trabaja un pequeño bastidor segmentándolo visualmente en tres partes verticales de mayor a menor densidad. Utiliza la transparencia suave de la gasa para remitirnos a un lienzo que va más allá del vacío y más allá del blanco, ya que desaparece para dejar entrever la materialidad que sostiene la ilusión de la pintura.
Un grupo de piezas introduce el vidrio y el plexiglás en su formulación, secundando la indagación permanente que hace el artista sobre la transparencia y sobre los elementos que atañen a la sutileza de lo visual representado, y que de algún modo también se encuentran presentes como elementos constitutivos de la materialidad de ese objeto que llamamos “cuadro”. Las piezas 11. Sin título, realizada con vidrio y gasa transparente y 9. Sin título, signo grabado sobre plexiglás, ejemplifican este grupo.
La fotografía mínima de Tagliafico conmueve por el acertado uso de la imagen para reiterar sus preocupaciones sobre los fundamentos del plano. En la fotografía blanco y negro 15. Sin título, el artista juega con el retrato secuencial de una página negra recortada por una mano que maneja una tijera, para dejar, al final, un plano donde se confrontan dos formas angulares y contrapuestas.
El color que desaparece paulatinamente para llegar al blanco es trabajado por Tagliafico en algunas cuadrículas y en otras piezas. En la cuadrícula 18. Proyecto para realizar en tela…, el artista actúa siguiendo la vía sencilla y graciosa de los ejercicios de saturación escolares: parte de un amarillo fuerte al que va diluyendo paulatina y secuencialmente hasta llegar, en el extremo opuesto de la cuadrícula, al blanco. En otra obra, 17. Proyecto para una tela de 1mt x 1 mt, el artista alterna estas saturaciones sin orden aparente. En una hermosa pieza –13. Sin título– realiza este ejercicio, pero rehuyendo la secuencia programada, componiendo la cuadrícula en un juego aleatorio de tonos fuertes, débiles y medios de azul. En la obra 20. Sin título, siguiendo de cerca la lección de Alejandro Otero, Tagliafico pinta con brocha suelta y gestual un plano de color blanco.
En su
recogimiento y fina selección, la muestra Anyone fue una justa
y muy convincente revisión de la obra de Pedro Tagliafico, sin duda uno de los
artistas venezolanos que con una callada elocuencia ha dibujado una de las
trayectorias más coherentes dentro de nuestro contexto.
KATHERINE CHACÓN
