El que uno entre en un museo de arte
contemporáneo y crea que está dentro de las instalaciones de una empresa
maderera merece una aclaración. Estamos en la exposición de Patrick Steeger
(Santiago, 1970) Uso y abuso. Gracias a un acuerdo con la empresa forestal
celulosa Arauco, el artista ha podido desarrollar obras a pequeña y gran escala
experimentando con un único material: la madera. Steeger realiza una demostración
de dominio técnico con diversos resultados, algunos más involucrados con el
público, otros, ejercicios de recontextualización, y por último, prototipos y
maquetas. Una recopilación de los trabajos que ha realizado el artista durante
los últimos años y cuyo resultado, como experiencia artística para un
espectador de museo, arroja sensaciones irregulares. En el segundo nivel del
MAC se instalan las obras de gran formato: una de ellas, un gran óvalo en el
que el espectador puede introducirse y dar unos pasos dentro. Es una de las
sensaciones irregulares a las que me he referido: una experiencia incompleta, a
medio camino entre la escultura pública (en el interior del museo), obra
interactiva (en la que no hay mucho que hacer) o estímulo estético. Como
propuesta de arte urbano, dicha escultura hubiera tenido otro enfoque, similar
al de otra obra (Ovalo) del artista
expuesta también en el museo. Sí cobra importancia la cita indirecta a la
Ciudad Abierta de Ritoque, en la costa chilena, conjunto de edificios
construido a finales de los años sesenta por alumnos y profesores de la Escuela
de Arquitectura de la Universidad Católica de Valparaíso, uno de los grandes
proyectos de modernidad de la arquitectura chilena.

En el hall central el artista ha dispuesto sobre el suelo diminutas piezas de madera con las que el público puede jugar, recreando una ciudad a escala, o “un Google Earth urbano”, como lo ha definido Steeger. De nuevo, un intento de activar la participación del usuario que no resulta completa, a falta de definir un objetivo que vaya más allá de lo lúdico. Como testigo de esta ciudad en miniatura, una torre de vigilancia carbonizada, que establece una conexión difusa con el resto de las piezas. Otras piezas mostradas incluyen revisiones de trabajos anteriores, como el vaciado de columnas clásicas (Más de lo mismo, Galería Animal, 2008, exposición en la que también se jugó con la idea de miniciudades proyectadas a partir de pequeñas piezas de madera), una referencia a la decoración de los palacios e iglesias chilenos, que imitan materiales nobles con yeso o madera, evidenciando la voluntad de equiparación de la aristocracia local con las edificaciones europeas. Con igual sentido aparece la descontextualización de un marco blanco, iluminado de manera sutil y que evoca elementos decorativos del interior de una casa. En definitiva, en “Uso y abuso”, el artista lleva al museo un laboratorio de sus avances con la madera, material que domina con solidez, pero cuyos resultados al nivel experiencial son mejorables. Una obra en proceso que, en caso de involucrar al espectador (hablemos de usuario) en una mayor medida, o de otra manera, podría resultar una propuesta atractiva.
JUAN JOSÉ SANTOS
