Exposición Individualsept 2014 - nov 2014· Por Raphael Fonseca

Octavio Schipper

Galería Milan

La exposición individual de Octavio Schipper en la Galería Milan, en São Paulo, tenía un título atrayente: Pequeño paisaje. Entre el 29 de abril y el 21 el mayo, el público pudo encontrarse con la experiencia del paisaje. Tengamos, entonces, esas dos palabras como punto de partida y establezcamos un diálogo con las imágenes propuestas por el artista.

Distinta a una exposición individual en la que el cubo blanco está totalmente ocupado por objetos fácilmente vendidos en la tradición de las bellas artes (como pinturas, esculturas y dibujos), Schipper opta por desgarrar el espacio sacralizado de la galería comercial. No se trata de una actitud inusitada, ya que ésta también tiene su rastro del site-specific ya recorrido, por ejemplo, con proyectos recientes de Renata Lucas. De cualquier manera, en un presente donde las ferias de arte y la proyección internacional optimista de un Brasil multicultural dejan a muchos artistas en estado histérico, resulta admirable una propuesta que lidia con la galería, esa vitrina de compras, a través de otra perspectiva.

Exposición Individual: Octavio Schipper — imagen 1
Octavio Schipper. Pequeño paisaje, 2014. Instalación para sitio específico con postes eléctricos y vías del ferrocarril. Dimensiones variables.

Me parece importante, por lo tanto, pensar sobre el uso de la palabra “pequeño” para el trabajo que allí se muestra. Podríamos considerar la exposición como dialógica con temas latentes de la escultura y de propuestas de instalación donde el recorrido del cuerpo es esencial. Y es que, dentro del espacio cerrado, surgía un gran poste de madera, casi como un tronco de árbol cortado a ras del suelo. Lleno de concavidades, con un corte irregular, pero no por eso rústico, se prolongaba hasta llegar a dos rectas por donde pasaban cables eléctricos.

Hay un dato formal que admite una mención: de “pequeña”, esta instalación no tenía nada. Uno de los datos era, justamente, proporcionar al espectador la proximidad física con algo con lo cual nunca dialogaríamos en la misma configuración. Estaba el impacto de ver un elemento que remite al ambiente externo encerrado en una arquitectura, una fusión de espacios que explicitaba el carácter ficcional y artístico de esa propuesta.

Al circular por dentro de la galería, el artista facilitaba un cambio del punto de vista; si desde la entrada mirábamos ese poste (ahora transformado en objeto) de abajo hacia arriba, disfrutando nuestro lugar diminuto, en comparación con él, en el segundo piso de la exposición era posible estar frente a la parte superior de un segundo poste. Las perchas de pájaros llegaban a la altura de nuestros brazos.

Distinto a los postes de calle generalmente encontrados en las calles de São Paulo, o sea, los hechos de concreto y hierro, con gran número de cables, aquí su estructura era más natural y remitía a paisajes estereotipados que apuntan a tierras distantes de Brasil. Investigaciones recientes muestran que esos postes de madera son, además de menos agresivos visualmente, más ecológicos, y tienen mayor capacidad aislante. Para el conocimiento de un brasilero –o al menos para el mío–, esos postes se pueden interpretar como pertenecientes a otra cultura.

A través de esos datos que se relacionan con el disfrute geográfico-cultural de ese trabajo, podríamos pensar respecto a la idea de paisaje. Al apropiarse de objetos generalmente usados al aire libre, Schipper crea, por un período, un paisaje artificial dentro de la galería. Aunque se haga presente la monumentalidad de la materia de esos postes, la muestra todavía puede ser ponderada como pequeña, en comparación con su diseminación en el espacio urbano. Al contribuir con la reflexión sobre ese trasplante entre espacio público y privado, el público también tenía enfrente los “miembros inferiores” del segundo poste aquí comentado; el piso que permitía pararnos frente a la estructura de encima del poste era lo mismo que se transformaba en techo cuando nos colocábamos frente a su conexión con el piso de la galería. Allí, a diferencia del primer poste, dos elementos nuevos ampliaban nuestro paisaje: rieles de tren.

Podríamos, entonces, relacionar ese trabajo con ideales sobre el transporte público, movimiento y progreso, tan apreciados en Brasil y relacionados con la explosión industrial de São Paulo acontecida en el siglo XX. Literalmente, al conectar el sistema eléctrico de la galería con los banales postes de la calle en la que está situada dicha galería, se puede visualizar una voluntad de conectar el campo de creación fantasiosa por medio de imágenes con el latir entrópico de una metrópolis como São Paulo.

Sin embargo, al final del día, al reflexionar sobre ese monumento respecto a la relación del hombre con la electricidad, preferí dejar de lado los datos históricos y contextuales y concentrarme en la pequeñez proclamada. Si ese dato referido a la escala no es verificable, no se puede afirmar lo mismo en cuanto a la funcionalidad y utilidad de esos rieles y postes. Fue creado, entonces, un reducto que posibilitó que el hombre se colocase en una postura casi de adoración ante un aparato tecnológico.

Tal vez, mejor que guiarnos por el concepto de “pequeño paisaje”, sería mejor recurrir a Tom Jobim y llevarlo al rellano del “paisaje inútil”, en el mejor de los sentidos, que la inutilidad de una invitación a contemplar lo corriente puede conllevar aquello que es humano.

RAPHAEL FONSECA

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