Puede decirse que María Bonomi es hoy un
estandarte de las artes visuales brasileras, tanto por su recorrido temporal
–son sesenta años de carrera– como por la importancia de la obra. Entre sus
insignias está la conquista del estatus artístico del grabado, injustamente
considerado “primo pobre” de las bellas artes. Su mayor condecoración, el lugar
entre los grandes nombres de la cultura nacional. María Bonomi tiene talento de
sobra, talento en la vida.
Una vez más, mostró su disposición artística en la cuarta edición del proyecto Vão (Vano) en el Sesc (Servicio Social Do Comercio) Belenzinho. El proyecto convida artistas dedicados a la investigación estética más allá del objeto para rediseñar el área central de la torre de la unidad a partir de propuestas para obras in situ. María Bonomi fue convidada para ocupar el Atrio de la torre. Para la instalación efímera, llamada Cicumstantiam, creó 15 papeles reciclables y placas de aluminio degradable.

La artista creó en el lugar una obra envolvente, gracias a las grandes dimensiones de las imágenes, cuyos soportes se irguieron casi hasta el techo. Dispuestos en varios niveles, los grabados forman un todo con los espejos, reflejándose y ofreciendo al espectador una generosa sensación de amplitud espacial. Pese a las imágenes figurativas, como teléfonos celulares, la repetición de motivos y de los módulos de grabado y espejos transforma el conjunto en un gran arabesco, vivificado por la superposición de colores y por los juegos de luces artificiales. Con Circunstatiam, María Bonomi demuestra que, sin duda, el espacio colectivo es su lugar.
La artista, prácticamente, es un patrimonio artístico de São Paulo. El paisaje urbano está punteado de obras públicas de su autoría. Su propuesta no es crear refugio estético en medio del caos urbano; sus inmensos paneles en concreto parecen confirmar el peso de la integración entre tantas diferencias, sugieren la viabilidad poética de la ciudad, promueven la convivencia humana. Sus obras se multiplican y aparecen en edificios públicos y privados, en el metro. Para la artista hacer arte público significa rescatar la historia de un lugar y transformar al ciudadano.
La señal más indeleble de sus ideas han sido los grandes emprendimientos colectivos. El gigantesco panel Epopeya paulista, inaugurado en 2004, en la Estación de la Luz, por ejemplo, fue fruto de un taller abierto en el Museo de Arte Contemporáneo de la Universidad de São Paulo (MAC-USP). Centenas de personas tomaron parte en la hechura de la obra. También realizó el proyecto Etnias, del primero y siempre Brasil, enorme panel para el Memorial de América Latina, hecho con la colaboración de artistas, técnicos, indios resistentes, voluntarios, estudiantes, etcétera. El proceso fue claramente colectivo y abierto, la artista le dio apenas la columna vertebral; el resto del cuerpo fue compuesto por la participación de cada uno de los comprometidos con el proyecto.
Del inusitado deseo de seguir una carrera en carpintería y de la práctica de dibujar compulsivamente, siendo aún muy niña, María Bonomi no podía haber tenido otro destino: el xilograbado. Nacida en Italia, hija de brasilera, acabó teniendo como primera parada, al trastearse para los trópicos, el atelier de otro ilustre inmigrante, Lasar Segall (1891-1957), quien la encaminó a estudiar con la pintora Yolanda Mohaly (1909-1978). Después de pasar por varias técnicas, llamó a la puerta del maestro grabador Livio Abramo (1903-1992). El xilograbado pasó entonces a ser lo más destacado de su extensa producción. De sus manos, conocidas por la firmeza con que tallan los surcos en la madera, salen mil cosas, tales como dibujos, pinturas, esculturas, obras públicas, instalaciones, figurines, escenarios, etcétera.
Independientemente del aspecto social, las obras de María Bonomi sugieren expresiva fuerza lírica, con pinceladas aguadas en la madera, y en seguida grabadas, impresas en colores y transparencias infinitas. Este ejercicio plástico puntúa uno de sus grabados más conocidos, la Medusa, imagen de hilos enmarañados que recuerdan la forma del animal, con “tentáculos” que parecen saltar de la superficie. María Bonomi tiene un estilo afectuoso, que nace de una elaboración lenta, sutil y gestual, dedicada a la percepción ajena. Su visión poética se preocupa complacientemente con el límite donde termina su creación y comienza la mirada del otro. María Bonomi es generosa.
En su recorrido, la artista valoró la idea de la matriz como estética final. Es posible observar esto en diversas obras, como en los mismos paneles públicos, que recuerdan inmensas placas talladas. La imagen original, con sus grafismos y texturas resultantes de los surcos en la madera, adquiere peculiar fuerza. Durante su trayectoria, María Bonomi también amplió cada vez más los formatos de sus grabados, en un recorrido natural hasta llegar a los paneles gigantescos.
Es esto lo que ocurre en la reciente instalación del Sesc, donde la amplitud física de la obra es parte intrínseca del conjunto. Como dijo la artista: “Circunstantiam significa que sólo un instante se capta, pero habla del todo, de nuestro destino. Muestra que no existe un lado de afuera, y que es imposible aventar lejos lo que nos circunda y nace en nosotros”.
ALESSADRA SIMÕES
