Exposición Individualsept 2014 - nov 2014· Por Caridad Botella

Manuel Calderón

Galería El Museo

La exposición Mecánicamente reúne la obra más reciente del joven artista bogotano Manuel Calderón (Bogotá, 1985). Mecánicamente supone una superación de presupuestos iniciales; dicho avance tiene como resultado la creación de un conjunto de trabajos que forman un todo sofisticado y complejo en estrategia y significado. Desde sus trabajos más tempranos, Calderón ha dado rienda suelta a sus obsesiones empezando por la del dibujo, abordado de una forma clásica en su factura pero traducido a un lenguaje contemporáneo. El artista viene dibujando individuos de hoy en día, con frecuencia en gran formato, con una perfección de detalles que puede traer a nuestra mente tanto un hiperrealismo microscópico como el lenguaje visual de los grandes afiches publicitarios que invaden las urbes del mundo: texturas que se tocan con los ojos y personajes casuales que resultan tan familiares como ajenos. Por anónimos, estos individuos resultaban tan distantes que la obsesión característica de la obra de Calderón se perdía en la lejanía del sujeto, pero en esta última exposición Calderón nos obsequia la profundidad de otra de sus obsesiones: el autorretrato perpetuado, el artista repetido hasta la saciedad que por multiplicarse hasta el infinito tiene como efecto la disolución del mismo en el todo de una masa anónima y uniforme.

Exposición Individual: Manuel Calderón — imagen 1
Manuel Calderón. De la serie Mecánica-mente-encuentro, 2014. Dibujo en tinta y serigrafía en acero, animación digital de 20 minutos. 8 x 140 x 70 cm. (3 1/8 x 55 1/8 x 27 ¾ pulgadas).

Mecánicamente deriva de la imagen repetida sin cesar, combinando la ardua técnica del dibujo como base de animaciones digitales y la impresión digital como contraste de modo de producción y reproducción “mecánica” de la imagen. Ambas formas de hacer enfrentan lo análogo a lo digital; es decir, una cantidad de tiempo invertido en el trabajo más artesanal versus la supuesta facilidad de la técnica digital, de tal forma que todas las obras aparentan una ejecución rápida pero todas esconden la mano del artista que ha dedicado horas a producirlas. Esta dualidad recorre la exposición y es la clave de la curaduría, llevada a cabo por Luis Fernando Pradilla.

La exposición tiene su origen en una obra de 2011 que sitúa al espectador detrás de una cámara subjetiva; se trata de la animación rotoscópica Infinito, construida a partir de doscientos dibujos hechos con tinta sobre papel y siguiendo la mencionada técnica de animación ya centenaria. Al entrar en el pequeño cuarto oscuro nos encontramos al borde de unas escaleras por las que bajamos repetidamente; es la entrada a un espacio ilusorio por el que avanzamos, sin que sea ésta nuestra voluntad. Infinito funciona como invitación al resto de la exposición, siendo ésta la primera escalera de las muchas por las que el artista sube y baja. Por ella, conocemos el punto de partida –y la ausencia de destino final– del resto de individuos, que son siempre uno y el mismo. Al borde de estos peldaños nos metemos brevemente en la piel de Calderón para después vernos reproducidos ad infinitum. El resto de la exposición exhibe las series multimedia Complejo de escaleras (2014, dibujo en tinta china sobre papel y animación digital), Mecánica-mente divergentes (2014, dibujo en tinta y serigrafía sobre acero, más animación digital) y dos serigrafías sobre papel, En proceso de expansión (2014, 12 x 2 m y 180 x 100 cm).

La gran constante de estos trabajos es un ejército de autorretratos deambulando, ya sea sobre un suelo ajedrezado o subiendo y bajando escaleras sin verdaderamente llegar a un destino final. Nos encontramos frente al hombre abandonado a su absurdo destino, sin propósito alguno, más que el de repetir lo ya hecho. Delante de Mecánica-mente divergentes nos adentramos en una animación digital compuesta a partir de dibujos hechos a mano, y cerca de éste, una serigrafía a la que le han recortado figuras que se sostienen sobre sus pies; esta obra contrapone el mismo movimiento repetitivo en video y en “maqueta” estática. Miremos donde miremos, vemos siempre al mismo personaje sin fin, quien al terminar su devenir vuelve a empezar, por obra del loop, atrapado en una suerte de castigo de Sísifo de la existencia y el absurdo.

La sensación que nos invade viendo estas obras es la de estar rodeados del castigo de un destino sin fin. El yo infinitamente repetido podría indicar un exceso de fe en la identidad del individuo, pero aquí tiene el efecto contrario, la identidad se diluye hasta desaparecer tomando un carácter distópico. ¿Será que, inevitablemente, todos nos pareceremos a este ser? Más allá de lo ontológico, este paisaje monótono y bicolor resalta la pérdida del “aura” de la imagen en general: rodeados de imágenes de todo tipo, éstas pierden poco a poco su valor. El autorretrato reiterado se convierte, entonces, en metáfora de la imagen sin aura. Esta idea es clave a la hora de entender la importancia de la obra de Calderón dentro de un contexto contemporáneo. En una sala lateral nos espera En proceso de expansión, una serigrafía de 12 x 2 metros que, aunque nos muestra de nuevo el mismo autorretrato, actúa casi como vía de escape, como epílogo de esperanza: otro ejército se mueve, pero en este caso avanza, con paso firme, puños cerrados y cabeza al frente, como si por fin la identidad hubiera encontrado su rumbo. En estas paredes, finalmente, el individuo ha encontrado el poder del grupo.

CARIDAD BOTELLA

Manuel Calderón, por Caridad Botella | artnexus