Exposición Individualsept 2014 - nov 2014· Por Marta Rodríguez

Luis Roldán

Galería Casas Riegner

La obra de Luis Roldán posee algo enigmático y atrayente. Sus imágenes, sutiles y depuradas, parecen obedecer a un orden oculto, como si una especie de rigor matemático que me remite a la tradición abstracta subyaciera en ellas. Aspecto que tal vez se relacione con su formación de arquitecto. Y junto a esa precisión, hay algo muy sensual. Se experimenta placer al observar en sus dibujos los trazos y las modulaciones de los grises; también, cuando nos sorprende con un plano de color o con la minucia del dibujo. “Presión y flujo”, su última exposición en Casas Riegner, no es ajena a esa condición.

En una monografía reciente, Sueños y vigilias de Luis Roldán, su obra es enunciada como “una reflexión sobre los sueños o los estados oníricos, y un deambular cotidiano (las vigilias) que recoge nuestra memoria de los objetos más ordinarios y juega con sus fragmentos”1. Esta aproximación es lo suficientemente amplia como para abordar la variedad de temas sobre los que ha reflexionado a lo largo de su trayectoria. Algunos son tan inasibles como los sueños y el tiempo de la espera. Otros se vinculan con sus lecturas, con la memoria y los diarios. También ha abordado los dibujos involuntarios y se ha acercado a la obra de otros artistas como Turner o Martín Ramírez.

Exposición Individual: Luis Roldán — imagen 1
Luis Roldán. Respiración Armadillo, 2013- 2014. Rejas de acero y vidrio sobre madera. 193 x 247 x 23 cm. (76 x 97 1/5 x 64 ½ pulgadas).

Si bien algunos de sus temas tocan asuntos inasibles, éstos proceden de experiencias y acciones concretas como dormir, lo que dio lugar a dibujos realizados con girones y retazos de sábanas; o de dibujar mientras habla por teléfono, en el caso de Llamadas telefónicas. También encuentra sus temas al caminar en las calles, donde, como cualquier hombre común, encuentra cerillas y trozos de papel. Alguna vez halló unos paquetes de minas de grafito abandonadas en la ciudad de Nueva York, que dieron lugar a una serie de pinturas memorables.

En el caso que nos ocupa, “Presión y flujo” aborda un tema cercano a la respiración: la entrada y salida del aire. Y así como en la obra presentada en el Premio Luis Caballero, Qué estoy haciendo aquí (1999-2000), surgía la pregunta “por el modo de hacer visible el tiempo de la espera”, ahora surge el interrogante de cómo lograr que la inhalación y la exhalación se conviertan en un asunto visual. Luis Roldán lo ha resuelto mediante dibujos y objetos cuidadosamente dispuestos en el espacio.

Esta vez la minucia del dibujo no describe un objeto o figura reconocible, simplemente dibuja líneas; otras veces, formas que siguen el orden misterioso y exacto al que hacía referencia anteriormente. Los dibujos fueron realizados a partir de una plantilla fundida en hierro, “con las formas correspondientes a los patrones que utiliza la máquina que ayuda a respirar a los pacientes con problemas pulmonares”2. Estas formas se repiten siguiendo disposiciones y procedimientos distintos. En ocasiones, dan lugar a formas sutilmente coloreadas; otras veces, sólo sus contornos se trazan con grafito o son bordados con hilo gris. Las formas y líneas flotan sobre las superficies, a veces de tela o de distintas clases de papel, y en su continuo fluir parecen escaparse por el borde del marco. Esa condición etérea me hizo recordar el vuelo de dos canarios que hace unos años volaron de un lugar a otro en la misma galería, cuando presentó Circunstancias (2010).

Junto a los dibujos se dispusieron algunos objetos ensamblados. Estas piezas construidas con maderas y materiales en desuso, al igual que unas rejas con las que se iniciaba el recorrido, parecían ser vestigios de construcciones u objetos hace tiempo olvidados. Traían la presencia de la condición física del mundo, pero, al ser puestas en el contexto impecable de la exposición, adquirían un carácter enigmático y entraban a ser parte del mencionado orden oculto. La vinculación que estos objetos establecen con la presión y el flujo del aire es bastante curiosa. Por ejemplo, una misteriosa esfera colocada sobre una tabla estaba hecha con los residuos que atrapan los filtros de las máquinas secadoras de ropa. Así como la máquina logra materializar su acción, Luis Roldán logró hacer visible el movimiento del aire en esta exposición.

En esta muestra, como en otras anteriores, las acciones y los hechos físicos adquirieron una cierta “levedad”. Hay en sus dibujos y objetos ecos del mundo físico, pero sin que éstos se manifiesten de manera explícita, lo que permite que la obra permanezca en suspenso y sugiera a “partir de fragmentos”. Condición que me hace recordar una frase de Italo Calvino en Seis propuestas para el próximo milenio: “La poesía de lo invisible, la poesía de las infinitas potencialidades imprevisibles, así como la poesía de la nada, nacen de un poeta que no tiene dudas sobre la fisicidad del mundo”.

NOTAS

1. Sueños y vigilias de Luis Roldán, José Roca y Alejandro Martín, Seguros Bolívar, Bogotá, 2013., p. 27.

2. Ibid., p. 48.

MARTA RODRÍGUEZ

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