Exposición Individualsept 2014 - nov 2014· Por Ayelén Vázquez

Luciana Lamothe

Galería Ruth Benzacar

Se le denomina prueba de tensión al examen que permite conocer las características de un material cuando se somete a esfuerzos de tracción. El objetivo de este ensayo es determinar la resistencia a la rotura y las principales propiedades mecánicas del material; examina el estado de un cuerpo sometido a la acción de fuerzas que lo estiran. Prueba de tensión  es también el título elegido por la artista Luciana Lamothe (Buenos Aires, 1975) para su última exposición, realizada en la Galería Ruth Benzacar. La muestra estuvo compuesta por tres obras, tres esculturas construidas con andamios que presentaban diferentes indagaciones de resistencia del material.

El andamio es una estructura auxiliar y, al mismo tiempo, central en la construcción de un edificio. Sin embargo, quizás por su carácter provisional, es rápidamente olvidada y durante su presencia es considerada por los transeúntes un obstáculo, una molestia. Si bien los andamiajes de Lamothe son semejantes a los comúnmente colocados en la parte exterior de las obras en construcción, la joven artista rompe con la mirada a distancia del paseante urbano e invita al visitante a poner el cuerpo y escalar sus precarias estructuras edificadas con vigas de metal y pesados tablones de madera. En esta muestra el conjunto de esculturas compone una trama de líneas y planos geométricos que se balancean entre la composición formal y las necesidades arquitectónicas. Es un trazado de horizontales y verticales que proyectan y dividen el espacio de la galería.

Exposición Individual: Luciana Lamothe — imagen 1
Luciana Lamothe. Prueba de tensión, 2014. Instalación. Medidas variables.

Al ingresar a la sala, una pequeña construcción presenta la primera prueba: dos tirantes salientes instigan al espectador a colgarse sobre la obra y ejercer presión con su propio cuerpo. El peso funciona como fuerza de acción que permite observar la resistencia del material y exponer la mecánica de funcionamiento de su trabajo. La fuerza de tracción provocada por el visitante hace que la madera se pliegue asombrosamente como un papel, sin llegar a romperse. Como dice la famosa frase sobre el bambú, las esculturas de Lamothe se doblan pero no se rompen. De hecho, algunos países asiáticos continúan utilizando el bambú para la construcción de andamios.

Luego de presentar el funcionamiento de las estructuras, el segundo dispositivo demanda un compromiso mayor por parte del espectador: le propone subir y caminar por una pasarela de andamios que se mueven y arquean por el peso del usuario a medida que éste avanza. Mientras una parte del andamiaje está sujeta al techo y al piso de la sala, el sector por donde camina el público –los tablones de madera– se bambolea en el aire sin punto de apoyo. A esta inestabilidad se suma el detalle que las palancas de contrapeso no son homogéneas, por lo que cada madera sufre un movimiento diferente. Sólo una austera baranda brinda al usuario la seguridad necesaria para continuar el recorrido.

De alguna manera, la prueba de tensión es también practicada sobre el espectador, dado que para comprobar el mecanismo de la obra debe subirse a la estructura, y esto genera un potencial riesgo. Es una prueba, una situación difícil que genera tensión en el usuario. Si bien no existe un riesgo real, se produce de todas maneras una sensación de desequilibrio e inseguridad que, de alguna manera, genera vértigo. Aunque es un riesgo calculado –por estar instalado en una institución, la obra cuenta con las medidas de seguridad necesarias, y es un material resistente y contó con el asesoramiento técnico de un especialista (Guillermo Mirochnic)–, la impresión de desequilibrio prevalece. Las esculturas están centradas en una inestabilidad contenida que le permite a Lamothe jugar con la sensación de vértigo. Efecto que es llevado al límite en el último dispositivo, en el cual el usuario queda suspendido en el aire sobre un tablón de madera que vacila.

Cabe mencionar que esta exposición deviene de una serie de trabajos que la artista viene desarrollando en torno a estos esqueletos industriales, como la obra Contacto, presentada en el MAMBA a fines de 2013, donde construyó una pasarela de andamios oscilantes que invitaba al visitante a desfilar por ella. Unos años antes, realizó su obra Función (2011), donde construyó un aparato de andamiajes que utilizó para lastimar las paredes de la sala. En este caso, no se daba una participación activa del espectador, sino que se centró en la noción de efecto y causalidad. Por otra parte, debemos destacar que sus primeros trabajos fueron acciones de vandalismo realizadas en el espacio urbano, donde la protagonista era ella y estaba en el centro de la escena. Era su cuerpo el que corría riesgo y sentía vértigo. Si bien el cuerpo se mantiene en primer plano, en su últimos trabajos Lamothe se ha corrido de ese lugar y comparte el desafío con el espectador.

AYELÉN VÁZQUEZ

Luciana Lamothe, por Ayelén Vázquez | artnexus