La Galería GBG Arts inauguró en marzo una importante exposición del maestro Harry Abend. La muestra, pequeña en formato por el espacio de la galería, fue un ensayo exitoso de cómo realizar una exposición que condensara cincuenta años de trayectoria. Esto fue posible por la escogencia acertada de obras de tiempos muy específicos de la producción de Abend y por la proyección de fotografías tanto de obras integradas a la arquitectura, obras en espacios públicos, como de sus procesos de realización. El conjunto daba sin duda una visión integral del artista.

La galería consta de una antesala y dos salas expositivas, por lo que la muestra se dividió en tres partes: en la antesala se dispuso un área documental con una selección de publicaciones del artista, dibujos, y una vitrina en la que se encontraba una serie de pequeñas tallas del período “orgánico”. Luego, en la Sala 1, la exposición estuvo centrada en la obra abstracto-geométrica que realizó desde mediados de la década de los sesenta hasta entrados los años ochenta. Fueron dos décadas de arte constructivo en el que realizó relieves basados en la sistematización de formas básicas geométricas (cuadrados, triángulos, rectángulos) y cilindros cuyas variaciones dependen de la organización compositiva, de los materiales utilizados (madera, concreto) y de la pintura, en los casos que la empleó. La realización de estos relieves puede verse como una consecuencia de su formación como arquitecto. El mismo Abend ha reconocido haber concebido estas piezas mediante un procedimiento absolutamente racional. Esta doble formación, arquitecto y escultor, ha sido fundamental para el logro de importantes obras integradas a la arquitectura, debido a su familiaridad con los espacios arquitectónicos. Las mismas están basadas en procedimientos similares a los relieves, con la diferencia, claro está, de la escala. En tal sentido, son notables los murales y trabajos escultóricos realizados en la Sinagoga de la Unión Israelita de Caracas, donde intervino el techo, cúpula, altar e iluminación (1969), la Sala de Exposiciones del edificio CANTV (1973), la Sala Plenaria en Parque Central (1973), la Sinagoga de la Asociación Bet-El (1974-1975 y 1989), fachadas del Complejo Cultural Teresa Carreño (1980-1982), PDVSA en Puerto La Cruz (1998), entre muchas otras más. Completó esta parte de la muestra, la proyección de fotografías tomadas por Bárbara Brändli entre 1982 y 1983, en las que se visualizaban el proceso de elaboración de la fachada del Complejo Cultural Teresa Carreño y detalles de estos murales. Asimismo, fueron proyectadas fotografías de Paolo Gasparini tomadas de obras de distintas etapas y locaciones, tanto de piezas integradas a la arquitectura como obras públicas.
En la Sala 2, por otra parte, se reunieron tallas en madera realizadas en años mucho más recientes, conformando con ellas una instalación. Estas tallas pertenecen a su etapa orgánica, que inicia realmente a mediados de la década de los ochenta y la sigue desarrollando en la actualidad. El cambio ocurre cuando decide realizar un trabajo mucho más espontáneo. No obstante, la forma mínima, esencial, persiste. Esta intención, en el fondo, no es nueva. Sus primeras esculturas vaciadas en bronce de finales de los cincuenta e inicios de los sesenta denotan una voluntad de trabajar formas sencillas, volumétricas y claramente orgánicas. Esta vuelta a las formas orgánicas en décadas posteriores señala una inquietud que sigue vigente, y es a partir de entonces que procura basar su trabajo en procedimientos más libres. La diferencia, podría decirse, es la valoración que Abend otorga, en esta segunda vuelta, a la madera. En la mayoría de los casos su intervención al tallarla es muy puntual, queriendo dejar al material expresarse por sus valores expresivos intrínsecos. Para dejar al material ser hace falta también saber controlar el elemento azaroso e imprevisible. Esto sin duda implica un cambio importante de actitud y de madurez con respecto al constructivismo controlado anterior. En consecuencia, también en los resultados. No cabe duda de que implicó un gran cambio pasar del relieve a la talla y al bulto entero. Aún más si es pasar de la forma precisa, construida, a la naturalidad de la madera. Hay en esto, pudiera decirse, un deseo de reencontrar la forma arcaica, elemental. Sin embargo, aun en esta forma intuitiva de creación persiste la visión del arquitecto. Lo señala Federica Palomero en su Presentación: está presente “de manera subyacente cierto orden arquitectónico: columnas, capiteles, pórticos, umbrales, gracias a los cuales el artista organiza un espacio propio para sus maderas, y más aún, hace de sus maderas columnas, capiteles […] que a su vez generan su espacio”. Ciertamente, en todo arte escultórico el espacio es importante, sólo que, en este caso, es tratado de manera diferente: mientras que en la etapa constructiva la obra se sujetaba a un espacio arquitectónico dado, en la orgánica el artista tiene el privilegio de crear el suyo propio. Ambas modalidades tienen igual importancia.
SUSANA BENKO
