Exposición Individualsept 2014 - nov 2014· Por Susana Sulic

Gustavo Vejarano

MAMBO

Sobrevuelo/30 años fue el título de la retrospectiva de Gustavo Vejarano (Bogotá, 1952) en el Museo de Arte Moderno de Bogotá, desde el 24 de abril hasta el 20 de julio de 2014.

Las obras variadas ilustran sus múltiples itinerarios y sus numerosos recursos. Vejarano sintetiza distintas maneras de ver y construir con referencias filosóficas orientales y estéticas contemporáneas. Ya poseía en germen la arqueología final de su personal valoración antes de su residencia en el atelier de Francia. Hoy, reinstalado en su país de origen, reescribe el tema de la naturaleza.

No alejado del compromiso social en su primera serie, Retratos de sociedad, plasma especialmente lo que pasaba en Colombia en la década de los ochenta. Tema abandonado en las áridas etapas modernistas, Vejarano ratifica luego la postura del trabajo espiritual. Y una cierta verticalidad de estilo implica el ascenso en un movimiento y acción desmaterializantes.

Exposición Individual: Gustavo Vejarano — imagen 1
Gustavo Vejarano. Arrecife azul 2, 2001-2012. Técnica mixta sobre tela. 172 x 164 cm. (67 ¾ x 64 ½ pulgadas).

Produce, desde este punto de vista, una revitalización de Worringer (dentro de las referencias cuasi místicas de un gótico trascendental), donde la deformación contribuía al surgimiento de la abstracción. Sus fuentes eclécticas coinciden con la amplitud de técnicas; sin embargo, en su lenguaje permanece idéntico a sí mismo.

“El arte es un instrumento de conocimiento, nos permite no sólo explorar los mundos interiores y exteriores y hacerlos evidentes, sino también darle coherencia a nuestra visión”, declara Vejarano.

Espíritu del bosque es un título que se repite en varias de las esculturas en hierro de estos últimos años. Así, las obras trazan líneas de fuerza en el espacio e interrogan la todavía no decodificada esencia de lo humano. Una posible radiestesia de lo vegetal-animal comprende hasta apariciones en un mundo subacuático. Paisajes vegetales, construcciones urbanas, proyectos arquitectónicos (referencias concretas a mandalas, o indirectas a actuales “origamis”) inducen a la reflexión y valorizan el entorno: una realidad en el momento de producción, imaginaria o presente, que se actualiza con la participación del espectador.

Hay algo de captación del instante impresionista, la presencia de ritos (algunos referentes a la luna) y una miríada de elementos cuasi surreales que se encuentran entre la pincelada, la materia y la sutil materia acuosa del acrílico o la lluvia que pudo caer en la superficie. Cuando trabaja sobre el estadio horizontal del soporte, el artista lucha con la complicidad de la fuerza de gravedad creando nuevas perspectivas. Trata de activar la mirada de las minúsculas criaturas y otras que pudieron ser parte del paisaje en esa etapa.

Es así como grillos, granos, granadas, y gallos pueden existir enmarañados o materializados en las sutiles capas de pintura. Coloca las telas en el exterior y compone cuestionando al tradicional caballete. Guardan y esconden en la intención la presencia de voces, de algunos elementos que, hasta silenciosos, constituyen una partitura sonora.

Presencias armónicas de otra concepción del “arte total” a la que aspiran varias generaciones desde hace décadas. “Construí torres como plantas, flores como torres, oratorios y pagodas abiertas a la mirada, a los aires del mundo, maquetas del templo a construir”, explica.

Le agrega el fruto de sus visiones de sus innombrables viajes, sobre todo en India. “Hay que construir el templo, para construirse a sí mismo… como el hombre griego, en la enorme tradición de lo sagrado”, sintetiza.

Algunos de los títulos: Viento azul, Flor de páramo, Ola (cachalote), Bosque invisible, Pez espada, Mar blanco, Objetos arquitectónicos, de los años 2011-14, dialogan con Brujo danzante, Elementos, Mandala de la luz, de los años noventa, y con otras piezas más antiguas.

El objeto de arte sirve entonces como transmisor, amplificador de las vibraciones, y contribuye a alterar el ambiente o lugar en que se encuentra. Y a partir de sus textos comprendemos que “A través de la forma, el color y la imagen, producir secuencias específicas que ayudarían a la eclosión de diversos estados de conciencia”.

Esta noción está en la base de la construcción de íconos, libros de oración, como soportes visuales de la contemplación. Pero que como objetos litúrgicos o mandalas responden a reglas específicas, a una proporción interna que el artista resintió y reafirmó con la visita a lugares sagrados.

Como en un concierto silencioso dedicado a la lógica de la naturaleza en una interpretación simultánea (sobrevuela), los estados de ánimo de la subjetividad y el entorno captados con afluencia y visión futurística.

En una síntesis otra desea quizás mostrar que hay más de complementariedad que de antinomia frente a la no siempre pacífica naturaleza.

SUSANA SULIC

Gustavo Vejarano, por Susana Sulic | artnexus