Si bien el número de artistas de video
en la región centroamericana es cada vez mayor, en Panamá aún son poco usuales
las exposiciones de videoarte. Excepción notable constituyó la presentación del
video titulado Efecto dominó de Donna
Conlon y Jonathan Harker en el espacio de DiabloRosso. El video, que dura 5:13
minutos, funciona como obra independiente, que impresiona por su intensidad
audiovisual, su calidad poética y las implicaciones de su contenido. Sin
embargo, la muestra incluyó elementos secundarios, tales como imágenes fijas
expuestas en la pared o reproducidas en tarjetas postales, que
desafortunadamente aminoraban la sorpresa de ver el video por primera vez.
Los trabajos colaborativos que Conlon y Harker empezaron a crear en Panamá a partir de 2006 han despertado una notable atención internacional recientemente, tanto por sus exposiciones en el exterior como por la adquisición de algunos de sus videos por el Museo Tate Modern de Londres y el Guggenheim Museum en Nueva York. Aunque Conlon nació en Estados Unidos, y Harker en Ecuador, ambos residen en la ciudad de Panamá, que figura en casi todos sus trabajos. A la vez que cada uno crea obras independientes, juntos conforman un dúo artístico (aunque no son pareja) que ha ido adquiriendo personalidad propia. Por lo general, sus videos guardan relación con la cotidianeidad, mostrando objetos encontrados que ellos combinan con un constante sentido del humor y una aguda ironía para comentar temas de gran seriedad. Muchas de las obras se refieren al contexto sociopolítico y los problemas urbanos de la ciudad de Panamá, que en años recientes ha atravesado un desenfrenado desarrollo inmobiliario que los artistas han descrito como una “metamorfosis frenética… que está arrasando la historia arquitectónica y la memoria colectiva de los habitantes de la ciudad”.

Efecto dominó fue filmado en el Casco Antiguo de la ciudad de Panamá, enclave colonial que fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, en 1997. El video muestra cómo van cayendo, uno por uno, adoquines de ladrillo colocados en una larguísima fila recorriendo las calles, aceras y plazas del distrito histórico. La caída (por la mano del artista) del primer ladrillo causa el movimiento de todos los demás, sucesivamente, creando un efecto dominó. En el camino, la cadena de ladrillos pasa delante, dentro y detrás de una serie de escenas de construcción, espacios simbólicos y estructuras emblemáticas de la vieja ciudad.
Los protagonistas del video son más de mil adoquines de ladrillo que fueron levantados como parte de un proyecto de conservación para reparar las vías y soterrar los cables, programa de “modernización” que fue tema de reacciones populares y artículos periodísticos, por las anomalías en el proceso. El tema fundamental fue el fracaso de los nuevos ladrillos (fabricados en Panamá), que resultaron inadecuados para adoquinar, de tal manera que fue necesario levantarlos y reconstruir las calles con otros importados (de Estados Unidos). El proceso demorado y el desorden urbano tuvieron un impacto penoso en la vida de quienes viven y trabajan en el barrio antiguo, así como en el turismo que éste normalmente genera. Además, mientras Colon y Harker estaban trabajando ahí, el Gobierno estaba construyendo una controversial súper carretera sobre el mar que circundaría el distrito histórico, la “Cinta costera 3”, que ponía en peligro su estatus como Patrimonio de la Humanidad.
Conlon y Harker vieron en ese río revuelto la oportunidad y el material para una manifestación artística. Por meses, se dedicaron al trabajo físico de recolectar los viejos adoquines (a razón de 20 por carretilla), en un acto de colaboración clandestina con los obreros panameños que llevaban a cabo el desmantelamiento de las calles bajo órdenes de capataces brasileños. Los cinco minutos del video son producto de casi un año de preparación, desde el pulimiento de los ladrillos hasta la planificación del recorrido, el montaje y filmación de las piezas, el balance de la iluminación y la eliminación de los múltiples sonidos extemporáneos.
El resultado es un video visualmente seductor que funciona a múltiples niveles semánticos. Inicialmente, impresiona por la manera nítida y divertida en que caen los adoquines, y por la sincronización del sonido de las piezas que nos guían en un viaje por el antiguo centro urbano. La cadena de ladrillos pasa por calles desmanteladas, pilas de basura y edificios en ruinas, así como frente a imponentes fachadas neoclásicas, vallas promocionales y casas coloniales recién restauradas. Por la manera en que funciona como un retrato de la ciudad y una alegoría de la destrucción de su historia, el video motivó reacciones emotivas en algunos observadores panameños. Los ladrillos que caen uno siguiendo al otro recuerdan a la gente que sigue una moda sin mayores consideraciones, en esta obra que Conlon y Harker describen como “una metáfora del desarrollo como una reacción en cadena”. Efecto dominó se mueve como en un crescendo, tal como lo ha hecho el desmedido desarrollo urbano, y la cadena de ladrillos llega finalmente a los muros fortificados del Casco Antiguo, con su vista hacia la nueva autopista sobre el agua. Uno se pregunta adónde vamos a parar, cuando el video termina con lo que asemeja un acto suicida y el último ladrillo cae al mar.
MÓNICA KUPFER
