Exposición Individualsept 2014 - nov 2014· Por Ricardo Arcos Palma

Carlos Garaicoa

NC-arte

Hay una constante en la obra de Carlos Garaicoa: la reflexión sobre la ruina y el deterioro arquitectónicos. La arquitectura sirve entonces como verdadero pre-texto para materializar una serie de interrogantes que giran en torno a la noción de utopía, ese no-lugar que mueve y anima todos los sueños e ilusiones del progreso social, económico y político de nuestros países. La construcción no es solamente material sino también ideal, parece insistir el artista con su obra Línea rota de horizonte, expuesta en Bogotá. Cuando los proyectos arquitectónicos fracasan, quedan inconclusos o simplemente se deterioran con el pasar del tiempo al punto de convertirse en unos monumentos a la ruina, es un ideal social y político el que fracasa. El artista afirma al respecto: “La inconclusión en la arquitectura me ha sugerido muchos interrogantes a lo largo de los años: ¿Qué factores económicos y políticos se esconden tras un edificio abandonado y al límite de su estado ruinoso? ¿Qué pasado y qué futuro lo rodean? ¿Cuáles son las narrativas que se pueden tejer a través de su existencia y de su imagen actual? ¿A quién pertenecen estas ruinas? ¿Son ruinas del pasado o ruinas del presente?”1

Exposición Individual: Carlos Garaicoa — imagen 1
Carlos Garaicoa. Edificio casetonado, 2014. Instalación. Maqueta en cemento, yeso, metal, madera, pintura. Con la colaboración especial de Toxicómano. Foto: Oscar Monsalve.

Si tomamos en serio las preguntas que se hace y nos hace el artista, deberíamos orientar nuestra mirada crítica hacia ese horizonte, aunque esté roto y su lectura sea algo compleja. La muestra está compuesta por una serie de maquetas de madera, metal y concreto, y sus proyecciones en la pared dibujadas con alfileres e hilos, así como fotografías en blanco y negro impresas en vinilo de algunos edificios ruinosos de Donetsk, La Habana y Bogotá. Estas maquetas grises remiten a ciudades de países donde se evidencia un deterioro social y político: Ucrania se encuentra hoy en un tire y afloje entre la Unión Europea, apoyada por Estados Unidos, y Rusia, que tiene intereses económicos y, por ende, políticos en este pequeño país que hacía parte de la antigua Unión Soviética. Cuba, que aún resiste a Estados Unidos y a su inhumano bloqueo económico, intentando mantener una utopía revolucionaria que parece cada vez más pura ficción. Y por último, Colombia, que, pese a su estabilidad económica, no ha logrado elaborar un verdadero pacto social; muestra de ello es su desequilibrio político e injusticia social, que hoy tienen al país entre el dilema de escoger entre una paz duradera o una guerra insensata que parece no acabar nunca.

Una de las obras que componen la muestra se titula La pesadilla ucraniana (Esquina, 2014). Y el título ya nos hace pensar en un pasado colonial de la modernidad y un presente político aún matizado por intereses coloniales en esta región del mundo. En toda una pared, el artista dispuso una fotografía en blanco y negro sobre vinilo de un edificio como los que hemos descrito que se encuentra en la ciudad de Donetsk. Las líneas del techo (de una esquina) del edificio se proyectan hacia lo alto de la pared. A medida que asciende, va inclinando su ángulo agudo hacia un horizonte lejano. A esta esquina le salen unos receptores solares transformándose en un satélite como el Astra A4, antiguo Sirius 4, artefacto fundamental para las telecomunicaciones que controla la Unión Europea. Pero también podría ser una referencia a la EEI (Estación Espacial Internacional), que últimamente ha sido noticia por la crisis ucraniana, pues el transporte de los astronautas, en su mayoría estadounidenses, es asegurado por Rusia. La utopía terrestre materializada en ese edificio en ruinas, se traslada a la utopía espacial, que también está a punto de caer en ruinas.

Y aquí aparece con fuerza el fantasma del pasado colonial de Donetsk, fundada en 1869 por el empresario británico John Hughes, en una región rica en carbón y acero. Con la Revolución Rusa de 1917, Donetsk tomó mucha importancia y cambió su nombre por Stálino, en 1924, en honor de Stalin y el acero. Bien podemos imaginar el papel que desempeñó esta ciudad dentro de la industria bélica, por lo cual, durante la Segunda Guerra Mundial fue casi destruida y luego invadida por los alemanes. En los años sesenta, para eliminar la memoria de Stalin, la ciudad vuelve cambiar de nombre, y hoy se convirtió en el bastión de la rebelión popular pro rusa y antieuropea, quienes han proclamado la República Popular de Donetsk.

Garaicoa, una vez más, logra ponernos a pensar con sus obras sobre el presente y el pasado de una manera inteligente, donde ellas devienen vestigios de una aventura utópica, “donde la política se emparenta a la arquitectura, que se restaura, se edifica, se arrasa, se conserva o simplemente se deteriora y cae en ruina”2, una y otra vez pero dejando tras de sí una huella que es como un monumento gris que sueña con ser habitado en condiciones dignas.

NOTAS

1. Garaicoa, Carlos. Línea rota de horizonte. Texto de presentación para la exposición en NC-ARTE, Bogotá, 2014.

2. Arcos Palma, Ricardo. Carlos Garaicoa y su fin de silencio. Vistazo Crítico 106. La Habana, mayo de 2012.

RICARDO ARCOS PALMA

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