Arte y biografía

Vista general de la exposición de retratos del líderes mundiales de George W. Bush, 2014. George Bush Presidential Center, Dallas, Texas.

Ensayosept 2014 - nov 2014· Por Luis Camnitzer

Arte y biografía

¿Qué efecto tiene todo esto en las obras de arte? ¿No dizque creemos que el arte es lo que es y que no nos interesa la vida del autor? En realidad, esta creencia no funciona del todo. Una obra estúpida de alguien desconocido se convierte en interesante cuando el autor es conocido y respetado. La información biográfica reorienta nuestra manera de mirar. La huella del ego se convierte en algo relevante y, en sí misma, una fuente de poder. En el mundo del arte, es la administración de este poder lo que luego administra muchas de las estrategias.

Ya como alumnos, en la escuela primaria teníamos que leer las biografías de los “grandes hombres” (y de mujeres “también”), en parte con la intención de colar lecciones de historia en nuestro currículo, pero también para hacernos personas mejores. Nunca quedó muy claro si esto funciona. La historia tiene la manicura de un jarabe, y de cualquier modo, muy pocos entre nosotros llegaremos a ser Napoleones, Madres Teresas o Madames Curies. Pero el tema subyacente de las biografías simplificadas se repite en las biografías escritas para adultos: esa suposición que una colección de anécdotas sobre la vida de una persona pública explica sus acciones o afecta la calidad de sus actos. ¿Se debieron los logros de Napoleón realmente a su corta estatura y el tener que superar su complejo de inferioridad? ¿Fue el hecho de que rechazaran a Hitler de la Academia de arte lo que lo convirtió en un sociópata? Si todo esto fuera así, no podríamos tener confianza en la gente que mide menos que una altura promedio, y las escuelas de arte tendrían que pensar dos veces antes de rechazar a un candidato. ¿Y qué pasa con el presidente Lyndon Johnson y su costumbre de tener a sus consejeros y miembros de gabinete presentes en el cuarto de baño mientras cumplía con sus necesidades? ¿Ayuda esto a entender sus acciones en Vietnam, por un lado, y en los derechos civiles de Estados Unidos, por otro? ¿Tiene algo que ver que Emil Nolde, desde un principio, haya sido miembro del Partido Nazi con su arte de vanguardia? ¿Se puede ver alguna conexión entre los trabajos de Aristide Maillol, André Derain, Maurice de Vlaminck o Jean Cocteau y su colaboración con el régimen nazi de Vichy en Francia?

Dado que las biografías son esencialmente una colección de anécdotas, tienen una difusa similitud con los chismes referentes a personas famosas en las revistas dedicadas al tema. ¿Cuál es la consecuencia real de la vida amorosa de Napoleón con Josefina? ¿Ayuda a entender las novelas de Hemingway saber que de niño tendía a usar vestidos de niñas? ¿Cuál es la diferencia entre una biografía autorizada y una que no lo es? ¿Se supone que tenemos que confiar en las anécdotas que están en una y no en la otra? Y luego están las memorias de gente que ya es famosa o que está en proceso de fama, sirviéndonos grandes porciones de anécdotas para justificar sus actos y promover su reputación. Es muy cuestionable cuánto de esta “historia” le sirve al bien común. En su lugar, parecería más probable que la industria de anécdotas se dedica fundamentalmente a la creación de huellas de ego personales. Nos dejan el trabajo de desenredar y separar lo importante de lo trivial, lo serio de lo efímero. Y, sí, Hitler era vegetariano, pero eso no ayudó demasiado.

¿Qué efecto tiene todo esto en las obras de arte? ¿No dizque creemos que el arte es lo que es y que no nos interesa la vida del autor? En realidad, esta creencia no funciona del todo. Una obra estúpida de alguien desconocido se convierte en interesante cuando el autor es conocido y respetado. La información biográfica reorienta nuestra manera de mirar. La huella del ego se convierte en algo relevante y, en sí misma, una fuente de poder En el mundo del arte, es la administración de este poder lo que luego administra muchas de las estrategias. El CAYC (Centro de Arte y Comunicación) en Argentina operaba bajo la teoría de que mezclando artistas argentinos con artistas internacionalmente famosos, los argentinos también se harían famosos. Hay personas que creen que estando próximos a gente importante terminan siendo importantes. Hay un galerista que cuando ve que se está por sacar una foto de alguien conocido en el mundo del arte, trata de incluirse en ella. Otra gente habla de los presidentes que conocen, o ponen en sus paredes fotografías en donde se los ve junto con celebridades. Pareciera que la fama y la importancia son contagiosas, en lugar de algo que se logra. Y a lo mejor esto es cierto y tenemos que tratarlo como una enfermedad.

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Antonio Guerrero. Las cadenas. Acuarela sobre papel. 31 x 34 cm. (12 1/5 x 13 ¼ pulgadas).

Estas consideraciones con respecto a la biografía y a la huella del ego fueron generadas gracias a dos exposiciones recientes: los retratos de George W. Bush y las acuarelas de Antonio Guerrero.

Hace poco un hacker rumano, Marcel Lazăr Lehel (Guccifer), publicó los cuadros “desnudos” de Bush en internet, causando un mini tsunami en el mundo del arte. Lehel fue condenado a cuatro años de cárcel, no por su juicio estético, sino por haber pirateado varias cuentas en el transcurso de los años e invadido la privacidad ilegalmente. A favor de Bush se puede decir que no se sabe si habría decidido exponer su obra públicamente sin la publicidad creada por Lehel. Pero lo hizo, y a lo hecho, pecho. Tiene una muestra de sus retratos de líderes mundiales en el George Bush Presidential Center, un edificio erigido en su honor en la ciudad de Dallas, en Estados Unidos. Las imágenes de sus colegas fueron obtenidas de imágenes de Google, y los cuadros se exponen junto con fotografías (a veces incluyendo al propio Bush) y objetos souvenir.

No he visto la muestra personalmente, pero las imágenes de la exposición sugieren que ha logrado establecer un nuevo estándar en la museografía kitsch. El periódico británico The Guardian conecta el arte de Bush con su biografía, y comienza la nota crítica diciendo: “Muchos buenos artistas hacen cosas malas. Tanto Cellini como Caravaggio fueron asesinos; Schiele y Balthus tenían su obsesión con niñas jóvenes. De manera que el hecho de que un pintor tenga –por ejemplo– en sus manos la sangre de algo así como 136.012 iraquíes muertos, no necesariamente prueba que carezca de talento”. La nota luego continúa comentando los cuadros: “No son malos sino cautelosos, vacíos, incluso serviles, pinturas de un pintor ansioso, o quizás incapaz, de hacer algo que pueda dejar una marca”1. En un artículo en The New York Times, más sucintamente, el artista Paul Chan es citado diciendo: “Las pinturas son primitivas y de un aficionado, que es un poco como lo recuerdo como presidente”2. La institución que muestra los cuadros –presumiblemente con la aprobación de Bush– anuncia la exposición más didácticamente con un párrafo que ciertamente causa más intriga que las obras: The Art of Leadership: A President’s Personal Diplomacy. El arte del liderazgo: la diplomacia personal de un presidente) educará e informará a los visitantes sobre el papel importante que el liderazgo tiene en la diplomacia global, y dará una visión informada sobre la relación única que el presidente Bush mantuvo con otros líderes mundiales”3. Nadie, sin embargo, discute la posibilidad que esta trayectoria de “diplomacia personal” e “informada” pueda ser un intento de Bush de darle validez a su propio liderazgo, mucho más que a su arte.

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Antonio Guerrero. Número. Acuarela sobre papel. 31 x 34 cm. (12 1/5 x 13 ¼ pulgadas).

Bush no ingresó al arte sin preparación. Estudió pintura durante todo un mes con Bonnie Flood, una artista de Georgia (Estados Unidos). La página web de Flood la presenta como una pintora versátil cuyo trabajo recorre toda la gama entre naturalezas competentes y la abstracción sentimental. Refiriéndose a Bush, Flood cree que “Ingresará en los libros de historia como un gran artista”. Pero luego también dice que es un gran expresidente. De acuerdo con todos los informes, Bush se la pasa pintando varias horas al día, invirtiendo la misma cantidad de esfuerzo en los retratos de sus perros y en los retratos de los jefes de Estado.

La muestra de Antonio Guerrero comparte con Bush las características de una biografía polémica que tiene al arte como un subproducto. Con crímenes mucho menores que los que The Guardian le atribuye a Bush, su biografía culmina en la cárcel (primero en Florence, Colorado, y luego en Marianna, Florida). Guerrero es uno de los presuntos espías conocidos como los “Cinco Cubanos”, juzgado y convicto por los crímenes de conspiración general, conspiración para cometer espionaje, y conspiración para actuar como un agente extranjero no registrado. Guerrero fue sentenciado en 1998 a cadena perpetua con diez años extra por las dudas. (Desde entonces, su sentencia fue reducida a 21 años). El caso de Guerrero y de sus cuatro compañeros no es del todo claro, y es posible que en un estado más racional que Florida el proceso habría producido un final distinto4. Los actos de espionaje atribuidos a los Cinco fueron efectivamente realizados al servicio del Gobierno cubano, pero no en contra del Gobierno de Estados Unidos. El espionaje era contra unos grupos de exiliados cubanos que, como residuo de los años sesenta, todavía intentan derrocar al Gobierno en Cuba. De acuerdo con sus declaraciones, no se trataba de desestabilizar a Estados Unidos sino de proteger a Cuba de actos privados que son ilegales dentro de Estados Unidos. Amnesty International y ocho ganadores del Premio Nobel denunciaron el trato inhumano a los prisioneros y los juicios “manipulados” que los llevaron a prisión, y organizaron una campaña internacional para lograr su liberación. El tema de qué cosa precisamente hicieron los Cinco, y las circunstancias de sus juicios, crearon tal polémica que la página de Wikipedia dedicada al asunto advierte: “La neutralidad de este artículo está en disputa”. Sin embargo, después de leer el artículo, es imposible adivinar cuál posición es la que está desafiando la veracidad de la información y el porqué del desafío.

Guerrero, quien había sido publicado como poeta antes de ser encarcelado, aprendió a pintar en la prisión. En estos momentos su obra está expuesta en el Museo Nacional de Bellas Artes de Cuba en La Habana. Algunas de las acuarelas ya habían sido expuestas en Estados Unidos en centros culturales que apoyan la causa de los prisioneros.

Aun si el punto focal del trabajo de Guerrero está en su experiencia carcelaria y la muestra de su arte se engancha con su biografía, el trabajo tiene suficiente valor independiente como para merecer discusión. Pero lo que es interesante en la presentación en La Habana es que es producto de una intersección de dos biografías, en donde la que aparece como importante no es la suya.

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Antonio Guerrero. El segundo hueco. Acuarela sobre papel. 31 x 34 cm. (12 1/5 x 13 ¼ pulgadas).

La historia y el trabajo de Guerrero llevó a que el artista cubano Kcho creara una instalación para exhibir la obra. Kcho es el artista oficial cubano del momento. Es internacionalmente prominente y exhibe frecuentemente en las bienales más importantes y en galerías de primera clase. Simpatizando con Guerrero, Kcho hizo su misión personal el promover su causa. De hecho, Kcho fue el que me pasó parte del material utilizado para esta nota. En la instalación el público entra a la celda para ser manipulado bruscamente, ser esposado y, por unos momentos, encerrado por un guardián. Al salir, pero aún en la celda, se ven las acuarelas de Guerrero colgadas en las paredes. La experiencia supuestamente recrea el encarcelamiento de Guerrero, aunque sus diecisiete meses de celda solitaria fueron menos fugaces.

La instalación muestra prominentemente las biografías de ambos, Kcho y Guerrero, un hecho que en sí mismo ya plantea muchas preguntas. Kcho ciertamente no necesita rellenos en su curriculum vitae. Aun más, si bien el aparataje es más visible que los trabajos de Guerrero, la instalación no tiene el nivel usual de los trabajos de Kcho. El híbrido parecer querer promover el trabajo de Guerrero utilizando el prestigio de Kcho como un trampolín. ¿O es al revés, que Kcho está utilizando a Guerrero para cimentar su posición política dentro de Cuba?

La muestra de Bush también es ambigua en cuanto a su intención. La exposición ocurre en la Biblioteca dedicada a Bush, en donde se inmortaliza su presidencia. ¿Bush piensa que la exhibición de sus retratos de sus colegas mundialmente famosos le da validez a su carrera, borrando con ella los baches que reducen su propia estatura? ¿Es posible que sea al revés? Que Bush piense que la elección de sus sujetos de alguna manera les da validez a ellos, y que dándoles su atención les agrega dimensión a sus biografías? Es en este punto en el que la acumulación de poder acumulada en la biografía se convierte en algo problemático. Los personajes retratados por Bush posiblemente estarían en una situación mejor sin su ayuda. Y el arte de Bush a lo mejor funcionaría un poco mejor en otro contexto.

Las acuarelas de Guerrero fácilmente se defienden solas. Son obras sorprendentemente logradas, tanto técnicamente como en cuanto a imagen. Basadas en eventos cotidianos de la prisión, no son ni ilustraciones simplistas ni denuncias interesadas. La bolita se refiere a su pérdida de peso, sus molestias estomacales y su dolor de dientes durante el confinamiento solitario. (El nombre fue dado por sus compañeros de prisión para ayudarlo a relajarse). Cuando Guerrero le pidió a un ayudante médico que lo viera un dentista, éste le contestó que todos los problemas venían de su mala higiene dental: “Todo lo que hizo fue decirme que mis problemas eran por mi mala limpieza y que bien yo podía coger un hilo de la toalla y usarlo como hilo dental”. Número se refiere a la pérdida de identidad una vez que le asignaron una cifra sustituyendo su nombre. El segundo hueco es el cuarto en donde Guerrero se podía reunir con su abogado. Cada uno de los trabajos se refiere a una experiencia carcelaria que generalmente es utilizada como estímulo, sin convertirse en un tema para una ilustración.

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Antonio Guerrero. La bolita. Acuarela sobre papel. 31 x 34 cm. (12 1/5 x 13 ¼ pulgadas).

La mayoría de las piezas de Guerrero son como tarjetas “flash” de memoria que no describen eventos sino que sintetizan sus experiencias en un lenguaje altamente simbolizado. Visualmente, su trabajo parece estar lleno de referencias modernistas de los años 1920 y 1930. Sin embargo, en una presentación hecha con seguridad, se ven independientemente. La conexión con el pasado histórico (no está claro si Guerrero tiene conciencia de esto) les da un aura de nostalgia. Es destacable que, a pesar de ser el producto de sentimientos personales y de intentos de superar la experiencia de la prisión, las obras no tienen traza alguna de autocompasión o de panfleto. La huella del ego de Guerrero parece estar totalmente ausente.

Me encontré con la jaula de metal de Kcho mientras caminaba por el hall del Museo Nacional. Sabía de la existencia de los Cinco Cubanos, pero no conocía sus nombres, y fue un cartel el que me informó del homenaje de Kcho a Guerrero. Mirando (equivocadamente) desde el lado de la salida descubrí las acuarelas. Conozco a Kcho y su obra desde que se graduó del ISA (Instituto Superior de Arte), y el comienzo de su carrera meteórica. Conocido por sus instalaciones grandes, fuertes y de un terminado calculadamente tosco, la posibilidad de que también poseyera el toque leve y sutil de las acuarelas era algo inesperado. Eso me hizo preguntar, y fue así como me enteré de Guerrero. El descubrimiento tuvo doble filo. Fue refrescante descubrir un artista autodidacta que no hacía arte ingenuo sino que producía obras artesanalmente bien hechas con un simbolismo cuidadosamente administrado y sabiendo claramente qué es lo que hacía. Era un trabajo que no pedía tolerancia y que permitía una observación seria. La serie de obras merecía ser expuesta sin la ayuda de la biografía. Aquí las acuarelas parecían darle sentido a la instalación, y no al revés.

En realidad, la situación es ambigua. Parecería que el armado de la obra le da la misma exposición a ambos (las biografías están expuestas sin rango jerárquico). Sin embargo, la impresión es que Kcho está tratando de atraer la atención sobre el caso de Guerrero en una presentación de propaganda bien intencionada. Kcho, justamente, contribuye a la calidad de panfleto que Guerrero evita con tanto cuidado. Dado el desequilibrio entre las biografías artísticas, se podría decir que la expectativa es que la instalación de Kcho actúe como caja de resonancia para la obra de un sufriente artista desconocido. Pero en lugar de lograr este propósito, la obra de Guerrero aparece como accesorios de utilería.

Ni la muestra de Bush ni la de Guerrero existirían sin biografía. En ambos casos el trabajo es anecdótico en su tema. En ambos casos las obras llegan a exhibirse por motivos que no tienen nada que ver con el arte. Y en ambos casos la presentación se produce en una sala/contexto que explícitamente subraya la parte biográfica, en lugar de los tópicos estéticos. En el caso de Bush, su trabajo no funcionaría por sí solo, sin el contexto biográfico. El trabajo está allí porque George W. Bush fue presidente de Estados Unidos, y solamente por esa razón. En el caso de Guerrero, uno descubre que la obra funciona bien sin necesidad de la biografía. Modestamente y sin infecciones, permite que se la encuentre.

NOTAS

1. Jason Farago, http://www.theguardian.com/artanddesign/2014/apr/04/george-bush-portraits-world-leaders

2. Peter Baker, “An Ex-President, Brush in Hand, Captures His Fellow Leaders,” The New York Times, 04/04/2014

3. http://www.georgewbushlibrary.smu.edu/News-and-Events/News/Bush%20Center%20Announces%202014%20Special%20Exhibitions.aspx

4. Dos de los prisioneros, Fernando González y René González, fueron liberados después de cumplir su sentencia.

LUIS CAMNITZER

Artista uruguayo, profesor emérito del SUNY College, Old Westbury.

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