Exposición Individualjun 2014 - ago 2014· Por Mercedes Casanegra

Sebastián Gordín

Museo de Arte Moderno de Buenos Aires

Un extraño efecto en el cielo no sólo constituye la primera muestra retrospectiva de Sebastián Gordín sino también su primera exposición individual en un museo. Lo primero implica marcar un punto de llegada y establecer un recorrido en su obra que abre posibilidades hacia el futuro y reflexiones sobre lo alcanzado; lo segundo inscribe al artista en el índice onomástico de una historia del arte que se encuentra en permanente elaboración.

En clave cronológica, la muestra exhibida en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires presenta a Gordín como un artista inquieto que desde sus comienzos tuvo conciencia de sus obsesiones y pudo darles curso, elaborando distintos objetos y explorando diversos lenguajes y dispositivos: pintura, instalaciones, ready-mades, escultura, etcétera, hasta llegar a dar forma a sus “construcciones”, hoy su marca registrada.

Exposición Individual: Sebastián Gordín — imagen 1
Sebastián Gordín. Procyon, 2001. Madera, plexiglás, epoxi, luces, materiales de laboratorio químico. 160 x 90 x 48 cm. (62 63/64 x 35 7/16 x 18 57/64 pulgadas). Foto: Pablo Mehanna.

Dos grandes temas es posible rastrear en toda la obra del artista. Por un lado, un interés por problematizar los vínculos entre cultura popular y lo que comúnmente es llamado “alta cultura”, y por otro, un esfuerzo constante en proveer a sus obras de un componente narrativo que no es explicitado ni propuesto por él, sino que se apoya sobre el poder evocativo que poseen sus escenas detenidas en el tiempo, congeladas en un enigmático instante que determina un presente infinito.

Su incursión en las bellas artes comenzó desde adolescente, y su vínculo con la pintura figurativa tuvo como punto de partida el interés por el mundo del cómic y la historieta. Si bien luego abandonó la representación bidimensional para concentrarse en la producción de objetos, nunca deja de lado los personajes de caricatura y los acontecimientos narrados a modo de cuadro. Cada construcción/maqueta encierra una escena que puede verse con un solo golpe de vista, como una pintura o una fotografía, todo el fuera de campo queda por parte del espectador.

En las salas del museo se alternan cajas de distintos tamaños, colores y texturas. En un principio sus “miniaturas” consistían en cajitas pintadas a mano que contenían objetos que organizaban una escena y que Gordín no consideraba obras, sino obsequios que gustaban por la sorpresa de ver qué tenían dentro. Avanzando en el recorrido, los materiales van variando y el paisaje de cajitas y mundos mínimos se vuelve más pulcro y preciosista. El montaje de la muestra permite seguir y descubrir el desarrollo de la obra del artista, la complejización de sus ideas y su destreza y ambición en el uso de los materiales.

En este derrotero, una obra destaca y señala un punto de inflexión. El libro de oro de De Scoop, de 1993 –comenta Gordín en una entrevista–, lo descubre como artista. Un robot irrumpe en las páginas de un manuscrito medieval ilustrado interrumpiendo un relato para dar lugar a otro. El imaginario fantástico presente en toda su obra queda aquí –y en adelante– evidenciado a través de la sorpresa, el suspenso y el encuentro de tiempos, lenguajes y tecnologías disímiles.

En los noventa Gordín continuó con el desarrollo de sus maquetas. Las Melodías, escenas que representan conciertos en escenografías ambientadas al estilo de la década de los cincuenta, están a mitad de camino entre una casa de muñecas y un diseño para escenografía teatral. Les siguen los Gordinoscopios, en los que Gordín apuesta a la destreza técnica y apela a una participación mayor del espectador, que debe observar a través de una mirilla. Aquí, el enigma se esconde en la relación de escala entre la caja y lo que encierra: el teatro Gran Rex, una piscina municipal y el edificio administrativo de Johnson e Hijo.

Otro tanto hay que decir de la sensación onírica y los climas inquietantes que están presentes en gran cantidad de sus obras. Un extraño efecto en el cielo es el título de una obra que consiste en una valija que exhibe un vecindario en el que no se ve gente en las calles ni ventanas por dónde espiar el interior de las casas. La quietud y soledad casi metafísicas que reinan en la tierra se contraponen con un estallido de nubes blancas que resalta en un cielo azul intenso. Aquí, al revés que la mayor parte de las obras expuestas, todo pareciera suceder fuera. No es casual que la muestra adopte este nombre: cuando todo parece indicar que debemos mirar hacia dentro, Gordín nos advierte que no todo sucede dentro de los límites del vidrio o el papel.

De la galería del Centro Cultural Rojas y la vereda del ICI al Museo de Arte Moderno, Gordín recorrió más que algunas cuadras porteñas. Esta retrospectiva ilustra el camino de un artista que, iniciado en el bricolage y los colores fuertes de los noventa, se transformó en un artesano maestro en técnicas decorativas, teatrales y de ingeniería. Un extraño efecto en el cielo despliega una artillería de dispositivos que lanzan al vuelo la imaginación, pero eso sí, como en todas sus cajas, maquetas y construcciones, un marco la contiene: el contexto del museo que sitúa al artista y al espectador a un lado y al otro de la ficción.

MERCEDES CASANEGRA

Sebastián Gordín, por Mercedes Casanegra | artnexus