Exposición Individualjun 2014 - ago 2014· Por Freddy Carreño

Nan González

Centro de Arte Los Galpones

El medio físico es consustancial al ser humano, a su existencia como especie privilegiada por el uso de la razón, a todo lo creado por ella a lo largo de los milenios, y de modo particular, a la riqueza material y de significación, por tanto, de conocimiento, surgida desde la dimensión de las artes visuales.

En ese escenario de creatividad, diverso y complejo, pero en otras situaciones también signadas por una gran sencillez, que se asocia con lo real y de igual modo con lo trascendente, se inserta el hacer de Nan González como artista. Su obra ha estado, desde siempre, relacionada con el mundo natural, ámbito con el que interactuamos de manera permanente, aunque no siempre estemos lo suficientemente conscientes de su importancia, de su condición de ser el elemento vital para la existencia de los seres humanos y de todas las especies que habitan el planeta. Una constancia reconocible en su extenso y significativo trabajo como artista de la visualidad.

Exposición Individual: Nan González — imagen 1
Nan Gonzalez. Guardianes, 2013-2014. Canaima, Amazonas Venezolano. Video en alta definición. Instalación. 400 x 400 cm. (157 31/64 x 157 31/64 pulgadas). Fotografía de registro en sala: Ángela Bonadies.

Esta breve introducción nos permite reseñar con especial interés su más reciente exposición, Los guardianes, Centro de Arte Los Galpones (Caracas). En esta oportunidad su trabajo se basa en un registro fílmico del Salto Ángel, en la Guayana venezolana, lugar que en lengua pemón se denomina Kerepakupai Vená (salto del lugar más profundo), reconocido por la Unesco como la caída libre de agua de mayor altura en el mundo. Basta con admirar las innumerables imágenes a las que podemos tener acceso para reconocer la monumentalidad del lugar, su desmesura como hecho físico, su belleza primigenia que trasciende la dimensión física.

En su presentación, Nan González no interviene esa realidad, no modifica la imagen para lograr efectos especiales o propiciar nuevas interpretaciones de lo que se muestra, como es lo usual en el mundo de la plástica; ella se limita a proponer una contemplación serena y sensible de un mundo excepcional. La presentación consta de cinco videos, los dos principales referidos al Salto Ángel, que ocupan el gran espacio central del ámbito expositivo, y tres más, de un formato menor, el primero y el tercero, igualmente referidos al movimiento del agua. En uno es intensa, en el otro, lenta y serena. El intermedio evoca, de alguna manera, lo que la artista reconoce en el lugar como una fugaz presencia de los guardianes.

La gran caída del agua, dominante desde lo visual y esencial desde lo simbólico, conforma la imagen central de la exposición, sólo que acá se nos presenta de manera diferente a su realidad eterna: ahora no la vemos desprendiéndose desde lo alto hacia las entrañas de la selva, hacia el mundo de lo oculto, sino duplicada y en sentido horizontal, dos imágenes idénticas separadas por un espacio de luz y fluyendo en direcciones opuestas. Visión que al extenderse más allá de lo que nuestra mirada es capaz de alcanzar pareciera rodearnos y, de algún modo, protegernos. El fenómeno sigue siendo el mismo pero la significación completamente otra; al observarlo de esa manera la artista descubre una nueva realidad: “No sabía qué fui a buscar en ese viaje. Y es que si se sabe, ya no es búsqueda. De modo que hay que despejar un espacio y disponerlo pacientemente. Ya veremos, te dicen los que saben de ese no saber y confían con la misma fe ciega de los enamorados”. Y agrega: “En un momento específico, volteo la cámara de lado y lo veo. Veo el perfil. Me doy cuenta de que es un ser que está mirando al cielo. Que de su ojo sale el rayo-de-luz-de-agua que va bajando, y que ese chorro, en cierto modo, es un ala, un vuelo. Pude ver la línea de su nariz, de su boca, y dentro de mí se produjo la clara afirmación de que esa era la imagen que vine a encontrar. La imagen de alguien que por miles de años ha estado ahí mirando al cielo. El Guardador de algo supremo”. Es así como se revela para la artista el sentido trascendente del Kerepakupai Vená, y, consecuentemente, el título de la exposición: Los guardianes.

La manera como las imágenes articulan esa especial presentación plantea lecturas distintas de la realidad cotidiana y estimula en el espectador la necesidad de comprender lo que la artista propone: un acercamiento nuevo a ese ocurrir que va más allá de lo visual, que desborda la referencia física, y se revela como el objetivo fundamental de la exposición. No se trata de verificar o constatar, no es necesario comprobar la autenticidad de los datos, se trata simplemente de imaginar, de suponer, y para muchos otros, de reconocer con absoluta convicción que se está frente a una realidad enmarcada dentro de un espacio otro, ámbito de la verdad suprema, única, esencial.

FREDDY CARREÑO

Nan González, por Freddy Carreño | artnexus