Exposición Individualjun 2014 - ago 2014· Por Andrés I. Santana

Marlon de Azambuja

Galería Max Estrella

Marlon de Azambuja ha resultado ser un artista tremendamente audaz y camaleónico. Un artista de esos que es capaz de abofetear la cara de sus interlocutores sin que éstos apenas se percaten de que están siendo objeto de una nueva inversión de ese raro paradigma antropológico. Su destreza le permite el juego irónico con todo tipo de fuentes y le garantiza, al cabo, la eficacia de soluciones que no admiten la indiferencia como postura, sino, y en su defecto, la interrogación sutilísima del propio sistema sobre el que su obra focaliza la mirada.

Su propuesta estética supone siempre una reflexión que afecta el diálogo del individuo con su entorno. La ciudad, en cuanto metáfora de la vida y escenario de las ideologías que la alimentan, se convierte en el espacio privilegiado de una operación axiológica en la que el artista especula –desde la interrogación– las narrativas hegemónicas y los esquemas de dominación que modelan las relaciones socioantropológicas y semióticas entre “sujeto” y “medio”. El alcance performativo de estas relaciones y la arbitrariedad que rige su signo son uno de los síntomas más recurrentes que su proyecto discute hasta alcanzar altos índices de elocuencia y de pertinencia discursiva. A tales efectos, la arquitectura y sus resortes ideológicos le sirven como vehículo narrativo para relatar las nuevas y paradójicas relaciones de producibilidad y habitabilidad del sujeto moderno. El narcisismo predatorio del sistema contemporáneo y la convalecencia del proyecto moderno están en la base de sus especulaciones narrativas.

Exposición Individual: Marlon de Azambuja — imagen 1
Marlon de Azambuja. Brutalismo, 2014. Ladrillos, piedra y cemento sujetos por sargentos de acero. Instalación. Dimensiones variables.

En el caso concreto de esta muestra, bajo el enunciado de Brutalismo, esas relaciones entre individuo y arquitectura adquieren un carácter ciertamente complejo. La idea de la devastación, la demolición, la ruina y el proyecto utópico se haya en el epicentro retórico de esta nueva narrativa enfática en la que el artista lanza preguntas sobre el estado de contaminación e indecencia del modelo cultural imperante. Sobre qué modelos se funda nuestra existencia, a qué ideologías responden, de qué premisas se arman nuestras expectativas, qué deseos alimentan nuestros sueños, qué ansiedades traen consigo. La regencia de la utopía como sistema responde a muchas de estas preguntas y abre la brecha –en el muro– a otras maneras de entender el fin de la arquitectura y su mapeado. Tal y como afirma Carolina Castro en la nota de prensa de esta excelente muestra, “los grandes arquitectos del mundo han erigido no sólo grandes masas de cemento, ladrillos y materia; también han proyectado un gran cúmulo de ideologías –en muchos casos utópicas– que han fijado en la conciencia colectiva modelos de pensar y habitar el mundo. La posibilidad de poner a prueba este sistema de fijaciones, es el leit motiv de esta exposición. Partiendo de una solidez de convicciones del espectador, Marlon se propone volverlas inestables, casi destruirlas, para volver a levantarlas. Concretamente Brutalismo, como propone su título, es el proceso de aceptar la naturaleza de los materiales y las condiciones urbanísticas de coexistencia humana”. De ahí que en la obra Marlon de Azambuja cuestione, una y otras vez, esas narraciones, del mismo modo que juega con la ironía como figura a la hora de arbitrar una reflexión en torno a ellas. Andar por el terreno inestable de un proyecto y su ideología regente supone siempre asumir la historia como ficción y como engaño. Según Azambuja, ya no somos capaces de imaginar nada o tal vez esa capacidad esté frenada por la impronta de esos modelos que antes dibujaron la subjetividad y la supeditaron a la hegemonía del sueño utópico. No hay modo de habitar el mundo que no sea mediante la asistencia de esos esquemas en los que hemos sido adiestrados con soberana perversidad y alevosía. Se pregunta entonces el crítico: “¿De qué nos quejamos?, ¿no es la Modernidad sino el intento denodado de olvidar cualquier plano y manual de uso, de regirnos únicamente por una novedad sobre la que ya no hay modo de obviar el hecho de que aquello de la reintegración/superación dialéctica no es sino una pamema de la que siempre sale victoriosa una razón hegemónica y violenta? Nos hemos esforzado por olvidar, por silenciar el oprobio, y ahora nada nos gustaría más que rearmar el edificio de nuestros deseos. Ufanos de nuestro destino, tiramos las instrucciones a la basura y ahora no sabemos cómo solventar el despropósito”. Así, de repente, la demolición y el fracaso, la incertidumbre y la inestabilidad, se reafirman en las urnas de la especulación y del ensayo. “Brutalismo, insiste en afirmar Carolina Castro, presenta una nueva propuesta de Azambuja, quien en una combinación de fuerzas, da a los materiales constructivos del espacio arquitectónico un protagonismo decisivo”. El material, ubicado en centro de reflexión y en premisa discursiva, enfatiza su misma dualidad: la de ser el reflejo audaz de una permanencia y, al mismo tiempo, de su capacidad para relatar la vulnerabilidad del sistema, su precipitación hacia el umbral de toda demolición.

Al describir la muestra, el artista dice: “La primera sala es la más próxima al pensamiento arquitectónico. Y es que la arquitectura es mi obsesión y mi manera de ver el mundo, todo pasa por ahí. Una cita de Le Corbusier sostiene la pieza. Son sus ideas para que el ciudadano acepte la ciudad, y habla de la naturaleza de los materiales. La frase está dibujada sobre cristales y apoyada sobre una especie de estantería. En la segunda sala está Brutalismo, que alude al acto de construcción real, a hacer arquitectura casi más que escultura. Se trata de materiales de construcción apilados como si fueran una ciudad. Y es que la ciudad es materia suspendida, y eso pienso cuando levanto estos ladrillos, estas piedras. Y, en la sala del fondo, un suelo de adoquines sueltos nos recuerda lo frágil que es todo, incluso lo que parece estable. Es mi Mar de estabilidad”. 

ANDRÉS ISAAC SANTANA

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