Luz, espacio, contexto y tiempo
son abordados por Elías Heim (Cali, 1966) como materia prima de su pensamiento
escultórico, en el que por medio de procesos tecnológicos, fenómenos naturales
y apelaciones a lo social entreteje una obra como Fototropismos, cuya estructura parece un complejo ecosistema. Las
piezas de la instalación se interrelacionan y están desarrolladas para el sitio
específicamente. Los factores físicos afectan tanto a objetos como a seres
vivos, y la luz se identifica como una constante activa entre universos
disimiles como lo son las plantas y las máquinas. El fototropismo es un
fenómeno natural que consiste en el direccionamiento del movimiento hacia las
fuentes de luz; es evidente tanto en vegetales que crecen verticalmente hacia
el Sol como en insectos ciegos que vuelan hacia los bombillos para morir.
En Fototropismos, la luz se hace partícula, materia de la escultura que en tres momentos planta un acontecimiento específico en la galería, de modo que su autor, más que buscar la metáfora, busca la experiencia estética. Esta compleja sensación en la que el sentido se suspende es lograda gracias a que todo se acciona con la presencia humana en la sala, cuando el espectador penetra entre las piezas y es atravesado por la trayectoria fantasma de una bala. En primera instancia se haya instalada Fototropismos, que consiste en estanterías metálicas cuyos anaqueles fueron violentados a balazos con disparos de 9 mm; A través de los orificios resultantes han crecido las plantas que el artista ha forzado a buscar la luz solar, haciendo del proceso vital de estas maticas un riguroso programa de condicionamiento. Cada planta tiene aproximadamente dos años y medio de vida, y sus tallos poseen un diámetro de 9 milímetros, igual que el de las balas. La estantería se convierte de este modo en una prótesis metálica que afecta el crecimiento y el movimiento natural de plantas como nísperos, mandarinos, naranjos, ébanos, entre otros. En palabras de Elías Heim, “existe un interés por contraponer dos tipos de trayectoria que penetran las bandejas de manera diferente, por un lado las balas de desplazamiento recto y veloz, y por el otro, las plantas cuyo crecimiento vertical es lento y accidentado”.

La luz como estímulo y como partícula provoca una gran variedad de fenómenos naturales, en cuyo fluir está inmerso el hombre, quien (desde el control del fuego) ha desarrollado sus propios fenómenos culturales y subjetivos, en donde la luz ha estado relacionada con diversas experiencias. En la instalación denominada Premonitoria se ponen en relación la angustia y la incertidumbre con respecto a la noche, el sueño y la inmovilidad. Un mecanismo de contorsión hace que una serie de camas ortopédicas se recojan y se retuerzan en la galería como enfermos de un hospital o como víctimas de una pesadilla. Las pesadillas, los estados de convalecencia y la oscuridad son momentos que no dan cabida a lo racional; se pierde el control de las sensaciones y se levanta un umbral de incertidumbre. El movimiento de las camas se debe a la incidencia de la luz y el calor en su “zona lumbar”, provenientes de lámparas focalizadas a poca distancia de la cama. Acecho. Un circuito artificial que se activa con la mirada impotente del testigo, que, como en los centros médicos, ve con preocupación cómplice la suerte de los enfermos sin poder hacer nada y culpándose por su posición de espectador. Esta posición será vital para entender la última instancia de la obra Juego cruzado.
La sala de exhibición de Fototropismos está atravesada por rayos láser, líneas rojas que recrean las trayectorias de disparos hechos al edificio; una arquitectura maltratada con marcas y heridas en sus espacios. Cotidianamente, estas heridas se ocultan, se resanan, se cicatrizan con estuco para olvidar los hechos violentos que implica el fuego cruzado. De este modo, Juego cruzado consiste en un dibujo en el espacio de la galería, una exteriorización de las trayectorias de las balas que fueron disparadas en el sitio. La luz, en este caso, ilustra un contexto y la posición de muchos individuos en un medio violento. Las líneas rectas señalan las coordenadas de un acontecimiento que tiende al olvido a pesar de su recurrencia. No contento con este gesto de “poner el dedo en la llaga”, Elías Heim y un grupo de ingenieros de Expin Media Lab, de la Universidad Autónoma de Occidente, desarrollaron un escáner que literalmente ve a través de las paredes, con el cual muestra las marcas y heridas del edificio, las expone a pesar de que han sido tapadas; las recuerda a pesar de la intención del olvido.
En Fototropismos el espectador se inserta en un ambiente de interrelaciones físicas, naturales y artificiales. Lo racional se percibe como una prótesis arbitraria que es trascendida por lo natural, por la esperanza, el fruto y la semilla que finalmente escapan de la estantería. La angustia es una sensación que es sostenida durante la muestra, los disparos y las camas escenifican una incomodidad, el desasosiego posterior a todo trauma.
BREYNER HUERTAS
