La exposición Humo de la tierra, presentada en la Galería Virgílio de São Paulo, partió de una reflexión incesante de esta artista brasilera que hace décadas afirma, mediante experiencias multidisciplinarias, la tónica dominante de su poética como una especie de proyecto vivencial, reconocimiento sensible de las dimensiones simbólicas de la naturaleza.
En toda su trayectoria, Denise Milan siempre ha reafirmado la actitud consciente de una creadora dedicada al debate ambiental, revelando en sus trabajos los atributos de una mirada comprometida con la naturaleza amenazada, continuamente desoída, anulada.
Humo de la tierra, reciente proyecto de la artista, ampliará la investigación de iniciativas anteriores, como la publicación de un libro y un DVD lanzados en 2006, con transcripción literaria y poema visual de Denise Milan, o la muestra Mist of the Earth, exhibida en el Chicago Cultural Center, en 2012.

En esta exposición, su obra fotográfica conjugó esfuerzos de observación sensible y atenta a las transformaciones del paisaje natural, conocido por comunidades Caiçaras que viven en zonas del litoral, en pequeños poblados entre São Paulo y Río de Janeiro, o por comunidades del sertão nordestino, alejadas en de los grandes centros urbanos del país. El espacio expositivo permitió al visitante caminar entre fotomontajes e impresiones sobre papel de algodón, junto a las escenas de una naturaleza revisitada, entre vistas, caminos y metamorfosis de cuarzos y bromelias, entre el Paraíso, el Paraíso Perdido y el Paraíso Reconquistado.
De hecho, la división propuesta en tres zonas temáticas –el Paraíso, el Paraíso Perdido y el Paraíso Reconquistado–, presentadas en la exposición con los ensayos de Simón Watson y Manuela Mena, estableció un reencuentro con las muchas caras de un objeto de estudio fundamental en la poética visual de la artista: la vida, el sentido de la vida humana en su plenitud.
Denise Milan recibe de la naturaleza los elementos que elabora en sus trabajos. Hace décadas que la artista sostiene la existencia mineral de su obra –una característica constante de sus creaciones, que utilizan piedras como cuarzo, basalto, amatista– concediendo atención a la piedra como materia inaugural en proyectos que revisan los propósitos de obras de arte público conectadas a la vida, integradas a los espacios públicos, en plazas y jardines de las ciudades. Sus esculturas e instalaciones conviven en fina sintonía con proyectos educativos que se están desarrollando.
Para Denise Milan, en su práctica artística reside una energía vital promotora de transformaciones, de mediaciones que amplían la conciencia de sus interlocutores –adultos, jóvenes, niños– sobre las relaciones con el entorno natural, en su integración y reintegración a la tierra.
Entre las centenas de registros fotográficos de la exuberante naturaleza de la Mata Atlántica (Bosque atlántico), en dos décadas de documentación itinerante por el país, la artista reunió para la muestra un conjunto de testimonios de paisajes reencontrados por la mirada viajera de una investigadora audaz.
En Paraíso, el conjunto de fotomontajes presentó al visitante escenas de un país exuberante en colores y en formas de una naturaleza redentora, portadora de la potencia plena del ciclo de la vida. En Paraíso Perdido, el conjunto de imágenes destacó la transformación del paisaje natural entre panoramas, senderos y carreteras de tierra, enfocando la necesidad de acciones para la preservación ambiental.
La obra en metacrilato Ilha Brasilis, parte de la zona temática Paraíso Perdido, expone un paisaje azulado –la imagen de un cerro entre brumas– en una fotografía rasgada. Abriendo una ranura horizontal en este registro fotográfico, la artista interpretó el mito fundacional de este paraíso terrestre, reflexionando sobre esa cita frecuente en el imaginario brasilero. Según la artista, ella presenció, durante un viaje, esta visión de una isla entre nubes, “el Edén brasilero, casi pidiendo ser alcanzado”. Parecía ser una isla, pero de hecho era una montaña cubierta por las nubes. Después de haber captado el instante, su próximo paso sería hacer la rasgadura, la creación de esa rendija en aquel paisaje natural. Ya con el registro rasgado, la artista veía surgir el mar, “una isla paradisíaca en medio de un océano celeste”.
Finalmente, en Paraíso Reconquistado, la artista reencuentra la vocación mineral de su obra, presente en un soporte distinto a la piedra que tantas veces había elegido. Ahora su creación utiliza una serie de impresiones sobre papel de algodón, y, en esas obras, Denise Milan elabora un registro mixto de un mundo vegetal y otro mineral, en una composición híbrida. Como señal de la persistencia de estos ciclos de vida híbridos, esta selección presentó la obra Estrella XXXI, de 2014, entre diversas interpretaciones de la convivencia de estos posibles mundos.
Parte de un conjunto de diez impresiones, la obra identificaba la convivencia íntima entre mineral y vegetal unidos por la superposición de cristales, cuarzos y follajes aterciopelados, en arreglos sobre fondo sepia, casi como radiografías de la estructura compositiva de cada elemento natural.
En el centro de la impresión, una lámina mineral rodeada de capas de cristal y vegetación iluminaba toda la composición y expandía las puntas de un aglomerado de formaciones de cuarzo, en una convivencia redentora entre reinos, especies y existencias de la naturaleza.
El conjunto de la muestra retomó, con fuerza, una permanente inquietud estética de la artista, su comprensión sensible del caos y del orden que la Tierra ofrece a la especie humana. En esta exposición, como en otras oportunidades, Denise Milan desarrolló un proyecto creativo que admitía una nueva propuesta e intervención en el campo del arte contemporáneo, siempre autoral, reafirmando la potencia legítima de una obra comprometida con la permanencia de la vida.
CLAUDIA FAZZOLARI
