En la galería Durban Segnini se
presenta actualmente la exposición retrospectiva Carmelo Arden Quin
(1938-2009), artista nacido en 1913 en Uruguay y fundador del Movimiento Madí.
El punto de inicio de la exposición es la producción del artista a partir de 1938, año en el que se instala en Buenos Aires, comienza sus estudios de Filosofía y Letras, a la vez que realiza sus primeros cuadros de marco recortado; el ejemplo más temprano que se exhibe es L’ceil (1938), junto con Triangle rouge (1939). Como bien sabemos, el marco recortado aseguraba una obra autorreferencial, que no fuera una “ventana” a una ficción, sino que asegurara que la obra presentara elementos plásticos puros. Estas búsquedas, cabe recordar, tenían ya antecedentes en las obras de László Peri y Jean Arp. La intención de estos artistas no era representar la realidad sino presentar una realidad en sí misma. En estrecha relación con este pensamiento, y jugando de forma irreverente con el mencionado conflicto del marco ventana, Quin realiza su obra Ventana No. 2 (1946), que integra la presente exposición.

Tal como relata Raúl Santana en el texto que acompaña la muestra, en 1936 Arden Quin envía al Ateneo de Montevideo una obra de su autoría, aconsejado por Torres García. Si bien mantuvieron un intercambio fluido, Quin nunca adhirió al Universalismo Constructivo.
Cabe recapitular brevemente la importancia del artista y del Movimiento Madí, remontándonos a la década de los cuarenta en Buenos Aires. Más precisamente, en 1943, cuando un grupo de artistas jóvenes y poetas comenzó a reunirse en un bar de Plaza Once llamado Café Rubí; allí discutían sobre arte moderno, compartían un gran interés por el Constructivismo ruso, el Neoplasticismo holandés, la poesía de Vicente Huidobro –fundador del Creacionismo–, y cierta actitud ambivalente por la obra del mencionado Joaquín Torres García; también compartían una valoración negativa hacia las vanguardias europeas: surrealismo, expresionismo y realismo. A partir de estas cuestiones comunes se desarrolló un tipo de arte colectivo que llevó a estos artistas –Arden Quin, Bayley, Maldonado, Kósice, Prati y Rothfuss– a reunirse con cierta frecuencia a fin de debatir sus ideas.
Un año más tarde, en 1944, editan Arturo. Revista de artes abstractas; ésta contó con sólo un ejemplar publicado, y resultó ser el ente aglutinador de los primeros artistas concretos. Desde ésta, los artistas proclamaban “Invención contra automatismo. Ninguna expresión, representación, significación. El hombre conquistará el espacio multidimensional. Júbilo, negación de toda melancolía. Voluntad constructiva”.
Las diferentes interpretaciones de los enunciados que se postularon en Arturo generaron tres variaciones de abstracción geométrica: el Movimiento Madí, la Asociación Arte Concreto Invención y el Perceptismo.
En un artículo publicado por Arden Quin, éste plantea la invención como etapa superadora de la figuración; esta idea está íntimamente relacionada con el materialismo dialéctico marxista. Para el materialismo, sólo el mundo material es real, y se lo puede conocer por medio de la observación y la experimentación. El desenvolvimiento de la naturaleza se debe a sus propias leyes, explicables, comprobables y plausibles de formular científicamente. La idea más importante del Materialismo es la unidad de la materia. Toda manifestación de la naturaleza es reducible a un cuerpo u objeto compuesto de átomos, protones, electrones, etcétera, y, por lo tanto, las mismas leyes generales que se deducen de la naturaleza se aplican a la sociedad humana y al pensamiento, puesto que el ser humano forma parte del mundo material.
Debido a disidencias teóricas, estéticas y personales, la propuesta del arte concreto argentino se divide en principio en dos. Por un lado, Carmelo Arden Quin, Gyula Kósice y Rhod Rothfuss (núcleo originario del Grupo Madí); y por el otro, Tomás Maldonado, Alfredo Hlito, Claudio Girola, Raúl Lozza, Lidy Prati, Enio Iommi, Juan Melé y Gregorio Vardánega. El Grupo Madí tenía un objetivo más amplio como movimiento; de carácter multidisciplinario, abarcaba la danza, la música, la pintura, la arquitectura y la escultura, siendo éste el más ecléctico y liberal; su unión se consolidaba en declaraciones y movilizaciones de tipo Dadá, más que en cualidades estéticas o formales de las obras que producían.
Por su parte, el Grupo Arte Concreto-Invención se ajustaba a las disciplinas plástico-visuales, extendiéndose a la arquitectura y el diseño, disciplinas con las que compartía la práctica proyectiva. De la división del grupo original de Arturo, para 1947 surge otra ramificación de la Asociación Arte concreto-Invención, con la separación de R. Lozza, quien, junto a sus hermanos y a Molenberg, funda el Perceptismo.
Los integrantes del Grupo Madí, como ya se dijo, fueron en su origen Arden Quin, Kósice y Rothfuss. Su aparición en el marco cultural local argentino se realizó con una inteligente estrategia de difusión. Solían distribuir panfletos por las calles cercanas a las galerías de arte, que enunciaban: “Madí destruye el tabú del cuadro al romper con el marco tradicional. La invención madista del marco irregular viene a liberar la pintura de las leyes de composición que la han estado asfixiando por siglos y que ni las más grandes revoluciones en la plástica habían conseguido eliminar”¹.
En la presente exposición se puede ver una gran variedad de obras de marco recortado, desde las citadas obras tempranas hasta obras que en su perímetro reproducen ondulaciones como Carre bleu (1990) y Sin título (1990).
Este nuevo paradigma propone, “además de la forma plana, curvas, superficies onduladas y los coplanares, que son invención absoluta del movimiento”². Ejemplos de estos últimos son Coplanar 1. Diábolo (1945), Coplanar No. 42, (2006); estas obras toman sus título del concepto matemático empleado para designar uno o un conjunto de puntos que se encuentran en un mismo plano. Estas obras fueron un objeto recurrente en la búsqueda de Quin y se pueden ver hasta ejemplos de la década de los noventa, y aun hasta de 2007. Este título no sólo designa obras compuestas por objetos unidos a través de varillas, sino también los elementos compositivos plasmados en la superficie pictórica, como se puede apreciar en la obra en blanco y negro Coplanar 1 (1980); siguiendo esta línea la selección se completa con ejemplos de sistemas geométricos realizados en tinta sobre papel, ya en los albores del nuevo milenio.
La selección se completa con marcos de siluetas más complejas, y algunos ejemplos menos característicos del artista, pero que son testimonio de la libertad con la que abordó toda su producción: Passerelle (1954), Aletoire No. 1 y Aletoire No. 2 (1981).
La presente exposición es una gran oportunidad para reencontrarse con una cuidada selección de obras de un artista que dejó un legado único, resignificando la producción del arte del Río de la Plata en el ámbito mundial y bregando junto con los demás integrantes de Madí por un arte cuya actitud se caracteriza por una aproximación lúdica y de entera libertad con respecto a los hábitos y tradiciones.
NOTAS
1. Jorge López Anaya, Arte argentino, Editorial Emecé Arte, Buenos Aires, 2005
2. Carmelo Arden Quin, Catálogo de la exhibición retrospectiva 1938-2009. Florida, 2014.
CONSTANZA CERULLO
