La exposición América
Latina 1960-2013 ofrece una nueva perspectiva sobre la fotografía en el
continente, que, lejos de incurrir en el cliché sobre lo autóctono o anecdótico
con el que se suele compendiar nuestra fotografía, profundiza particularmente
en un rasgo que nos define como latinoamericanos: la genialidad con la que nos
apropiamos y hacemos uso de la palabra, aquello que nos ha compactado
definitivamente como cultura.
Ángeles Alonso Espinosa, Hervé Chandès, Alexis Fabry, Isabelle Gaudefroy, Leanne Sacramone e Ilana Shamoon, quienes forman el equipo curatorial, resaltan el manejo inteligente, gráfico y certero que han hecho de la palabra diferentes artistas latinoamericanos, valiéndose precisamente del vastísimo canal preñado de sentido que abre sobre la imagen que la aloja.
América Latina 1960-2013 permite apreciar el contundente discurso simbólico y reivindicativo de la fotografía en América Latina, que desde hace 54 años se enciende en lengua romance. La exposición celebra “la palabra enraizada” en el magnífico legado que han dejado a las letras latinoamericanas Paz, Borges o Neruda (por nombrar algunos), así como “la palabra impostada y subversiva” de los primeros collages de las vanguardias, y performances durante las posvanguardias; influencias que se unen a problemáticas sociopolíticas existentes en cada país de América Latina.
Surge entonces la palabra como medio de expresión elocuente, al cual recurren constantemente los artistas latinoamericanos para gritar o susurrar, denunciar, explorar y reproducir la realidad en sus respectivos contextos.

Más de 500 obras, de más setenta artistas de diferentes países (Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Cuba, Chile, México, Paraguay, Perú y Venezuela), revelan la diversidad de la práctica fotográfica en América Latina e invitan a reflexionar en torno a la yuxtaposición de texto/imagen (condición sine qua non en cada una de las piezas que conforman la muestra).
La fotografía producida en América Latina es tan compleja como la historia reciente del continente. Esta muestra rastrea las palabras capturadas por creadores latinoamericanos, pertenecientes a tres generaciones distintas. Comienza por 1959, con el estallido de la Revolución Cubana, y atraviesa el convulso período que se extiende hasta hoy, marcado por movimientos revolucionarios, inestabilidad política y económica, emergencia de guerrillas y transiciones democráticas.
Más allá de las técnicas de fotografía tradicional, América Latina 1960-2013 explora el territorio desde una amplia gama de medios, tales como serigrafía, impresión offset, collage, video, performance e instalación. La exposición supone un acucioso proceso de investigación y selección rico en matices, temas y artistas, distribuidos en cuatro ejes temáticos bien delimitados: territorio, ciudades, informar-denunciar y memoria e identidad.
El primer ámbito, Territorio, agrupa aquellos artistas que cuestionan su propia existencia e identidad, ligadas al espacio físico y psicológico que supone el término América Latina.
América nuevo orden constituye una serie de fotografías del mexicano Damián Ortega, que presenta el juego de palabras al deconstruir y alterar un bloque llamado “América”.

Claudio Perna interviene con diapositivas encontradas (y las fotocopias que le son tan propias) diferentes mapas de Venezuela, explora los elementos constitutivos de la identidad nacional y define a Venezuela como “Una gran unidad territorial, compuesta de múltiples realidades físicas y culturales”. No es atrevido pensar que América Latina puede ser compendiada bajo este mismo principio.
El argentino Carlos Ginzburg se basa en un libro de Dean MacCannell sobre aspectos sociales y culturales del turismo y realiza un estudio topográfico de este fenómeno en México. Diferentes fotografías de eslóganes, avisos publicitarios y edificios gubernamentales ilustran su propia experiencia al visitar un país cuyo “paquete gráfico y tipográfico” parece ser un recurso natural renovable.
La peruana Flavia Gandolfo emplea un delicado tratamiento sobre el papel fotográfico, en el que documenta textos y dibujos escolares de diferentes aldeas y ciudades. Mapas trazados con ínfimas líneas permiten poner en evidencia la débil construcción de la identidad nacional.
Anna Bella Geiger aborda el problema de conciencia que tienen los brasileños sobre su propio gentilicio. La artista se preocupa por “reemplazar el espacio vacío” que deja la Colonia y que conlleva la asimilación de diferentes clichés como relleno. Geiger presenta Mapas elementales nº 1 (1976), un video en b/n en el que se registra pintando el mapa de Brasil al ritmo de Chico Buarque, o pinta los estereotipos a los que lamentablemente se reduce Brasil (el coctel, la playa, el carnaval).

Geiger critica la dictadura de Rafael Videla, y se destaca El pan nuestro de cada día (1978), registro de una performance en Río de Janeiro, en la que se lee: “O pão nosso de cada dia” sobre una bolsa de pan vacía, y a su lado, el mapa de Brasil seccionado y desprendido del centro de una rebanada de pan. Otra vez señala el vacío: ¿Cómo se puede comer de un bocado a Brasil?
La artista Claudia Andújar consagró treinta años de su vida a salvaguardar poblaciones vulnerables, como los indígenas Yanomami, en el Amazonas, y presenta la serie de retratos Marcados Para (2009) y Marcados (1981-1983), esta última a propósito de una campaña de vacunación.
Otro grupo de artistas ha trasladado la concepción de territorio a la geometría de su propio cuerpo. El chileno Elías Adasme presenta cinco fotografías de la acción que lleva a cabo en 1979 –en plena dictadura de Pinochet–, titulada A Chile (1979-1980), en la que se cuelga boca abajo en diferentes lugares de la ciudad para habitarla con su “cuerpo social”. Adasme se escribe la palabra Chile en el pecho, llevando a su país a una escala más humana.
El video Marca registrada (1975) muestra a la brasileña Letícia Parente mientras se cose la expresión Made in Brazil sobre la planta del pie, revelando el proceso de cosificación del individuo frente a la economía del país. Irónicamente, las zapatillas Havaianas son manufacturadas por una empresa brasileña, y hoy es unos de los productos más populares “made in brazil”.
Un grueso grupo de artistas desarrolla sus propuestas en torno al segundo ámbito: Ciudades.

El fenómeno “ciudad” en América Latina constituye una preocupación fundamental, sobre todo a partir de la segunda mitad del siglo XX, cuando el éxodo campesino arrecia y la población se concentra en torno a capitales como Buenos Aires, Ciudad de México, São Paulo o Caracas. La escasa planificación frente a esta expansión urbana contrasta: modernidad vs. marginalidad. Muros, fachadas y calles abandonadas constituyen espectaculares escenarios, donde la palabra contenida en anuncios publicitarios, pintadas, “tags” y grafitis son un medio sustancioso para captar y revelar la nueva realidad urbana.
La fotografía Managua (1979) del chileno Marcelo Montecino constituye la imagen principal de la exposición, dejando leer sobre un muro: “Organizar a la masas para crear las condiciones básicas de la guerra y hacer la guerra para impulsar el desarrollo político y organizativo de las masas”. Un mensaje que cruelmente permanece vigente en algunos países de la región.
Lost Art (Brasil) presenta Por detrás de las letras, documental sobre artistas urbanos de São Paulo que confiesan salir a “taggear” para sentirse libres, mientras crudas imágenes de fachadas plagadas de firmas parecen cicatrizar el descontento de muchos.
La argentina Graciela Sacco expone la serie de fotografías Bocanada, un juego de palabras, “bocas con nada” (1993), registro de su intervención sobre propaganda política en las calles, en la que sustituye la cara de Menem con bocas abiertas, dejando ver un nuevo mensaje: “no vote promesas”; así mismo, estas bocas son colocadas en diferentes comedores populares en huelga. A Sacco se le ha comisionado una intervención urbana, fuera de los muros de la Fondation Cartier, como actividad paralela a la muestra.

El cubano Carlos Garaicoa interviene con sutileza fotos de letreros, grabando palabras “invisibles” en bajorrelieve, que esconden un irónico sentido: RCA victoria pasa a ser “puerca victoria”.
En la segunda planta, el tercer ámbito, Informar-denunciar lo abre el artista argentino Juan Carlos Romero con un dramático pasillo tapizado con la palabra “Violencia”, junto a diferentes diarios alusivos a ella.
La colombiana Johanna Calle, en Pie de fotos (2012), narra un crimen (sin ilustraciones) dejando espacios en blanco al espectador, que debe imaginar la escena original.
Destaca la serie fotográfica de la mexicana Teresa Margolles, quien interviene marquesinas de salas de cine abandonadas, y sustituye títulos de películas por frases extraídas de cartas de suicidas de la zona. Así como el brasileño Antonio Manuel, en (1968), quien modifica los flans o matrices de un periódico para introducir frases que completan el sentido de su denuncia.
León Ferrari presenta Nunca más (1995), serie fotográfica sobre la que borda con caligrafía fuertes denuncias contra las atrocidades políticas y religiosas, aquello que no debe ser olvidado en Argentina.
El ultimo ámbito, Memoria, alude a la debilidad que tenemos los países latinoamericanos al olvidar fácilmente nuestra propia historia.

Marcelo Brodsky presenta Buena memoria, graficando, sobre una fotografía escolar, cuáles de sus amigos de infancia habían desaparecido tras los años de la Dictadura en Argentina (1976-1983).
El artista colombiano Juan Manuel Echavarría hace referencia a los muertos y desaparecidos por la guerrilla. La serie Silencio habitado explora escuelas de zonas rurales desalojadas e informalmente habitadas hoy día. También presenta Boca de Ceniza (2003-2004), audiovisual en el que campesinos víctimas de la guerrilla entonan cantos para drenar el dolor de sus historias.
Palabras garabateadas, cosidas, recitadas, desprendidas, impostadas, tatuadas, grabadas, desaparecidas y encontradas, recitadas, palabras como cicatrices, la palabra como elemento visual.
América Latina 1960-2013 arroja un nuevo enfoque sobre la práctica crítica y fotográfica en el contexto artístico del continente, más allá de etiquetas o descripciones superficiales a las cuales se ha asociado la cultura latinoamericana, que, dicho sea de paso, no tiene que ser colorida, ni alegre per se, pero tampoco trágica o lastimosa.
La palabra en el arte latinoamericano describe la valentía, el coraje y la inteligencia de nuestros artistas, quienes empleando muy distintas técnicas han conseguido –intuitiva o premeditadamente– decir con unas cuantas palabras, acompañadas de una imagen, mucho más que mil imágenes, muchísimo más.
Un increíble esfuerzo documental ha dado a luz al film Revuelta(s), con el que cierra la muestra. Dirigido por Fredi Casco y Renate Costa, retrata veintinueve fotógrafos presentes en la exposición, quienes ofrecen íntimos testimonios respecto su profesión en América Latina.
* Las imágenes que ilustran el texto son cortesía de Fondation Cartier pour l’art contemporain.
La muestra será presentada del 15 de mayo al 17 de septiembre de 2014. Museo Amparo de Puebla (México).
ELISA RODRÍGUEZ CAMPO
Corresponsal editorial, Licenciada en Artes Plásticas UCV, Venezuela. Vive en París, Francia.

