Me está costando decidir si soy
lo suficientemente paranoico o lo suficientemente realista para percibir las
hipótesis de la obra de Alessandro Balteo Yazbeck. Probablemente sea mejor
aceptar las dos posibilidades, sin importar las contradicciones. Pero la
exploración es esencial para el aprendizaje, sobre todo, cuando puede haber
contradicción.
Primero, el contexto invisible, aunque integral. (La paranoia siempre presupone algo así). Por estos días, la atmósfera en los Estados Unidos es de sentimientos encontrados con relación a la recesión de 2008, cuando las fuerzas del capital y la codicia de los inversionistas crearon (de nuevo) una tormenta perfecta y la gente perdió gran cantidad de su riqueza personal. Parte de la recuperación consistió en elegir a un presidente liberal para ayudar a defender a “los de abajo”. Sin embargo, el guion no ha sido tradicional, y muchos piensan que no se ha hecho lo suficiente; algunos sostienen que ocurrirá lo mismo otra vez, debido a la falta de reformas más contundentes.

Las condiciones están dadas entonces para gran parte del significado de la obra de Balteo Yazbeck, y, argumento yo, también crean un exceso de autoconfianza en él para cargar con el peso de sus intenciones, que, aunque oportunas y relevantes, siguen siendo demasiado generalizadas. Por ejemplo, en la sala del fondo de la galería estaban colgadas hamacas venezolanas hechas a mano (serie Chinchorro/Hammock, 2004-2013), en cada una de las cuales se había colocado una gran impresión enmarcada de torres de perforación de petróleo en Venezuela (serigrafías Oil Project, 1989-90, de Rolando Peña). Esa es una crítica famosa y fácil de hacer: somos nosotros, la gente común de las hamacas, Estados Unidos o Venezuela, frente a ellos –grandes compañías, burocracias políticas centralizadas, capitalismo– o ¿es el socialismo de Chávez? ¿O es…? ¡Quiten esa torre. Quiero acostarme!
Pero en otras partes de la exposición, Balteo Yazbeck argumentó en forma visual (y con algo de texto) que los culpables no son tanto ellos como nosotros, o nosotros junto con ellos. Él amplió la categoría de “ellos” para incluir el mundo del arte, lo que significa que “nosotros” está enredado con “ellos”, o para utilizar el título genérico que Balteo Yazbeck le ha dado a su proyecto de varias décadas, es cuestión de Modern Entanglements. Ahora, ese es el tipo de complejidad que no sólo es realista sino también admirable por su reconocimiento. Sin embargo, le abre la puerta a la exigencia de detalles.
El título es también su forma de trabajar, lo que significa que los enredos se representan al reunir en forma estratégica diversos contextos para hacer, o al menos insinuar, las conexiones sobre las cuales quiere que pensemos. Algunas de éstas eran obvias y estaban bien establecidas; otras no eran tan claras. Se basaban más en sus suposiciones preconcebidas, y también las nuestras, sobre quién está haciendo qué a quién y con quién, que en abordar la complejidad de las conexiones del mundo real. En una obra se podían ubicar los dos impulsos.
En una pared estaba colgada una enorme réplica a tinta (252 x 357,5 cm) de una pintura color field (Waldorf Astoria, 1961) perteneciente a su serie titulada Israeli Nuclear Arsenal (iniciada en 2004 y en proceso permanente), con frases bastante extrañas, descontextualizadas, grabadas durante una reunión llevada a cabo en 1961 entre el presidente de Estados Unidos, John F. Kennedy, y el primer ministro israelí, David Ben-Gurión. A primera vista, las citas insinuaban una maniobra encubierta coordinada entre los dos países con el fin de ocultar el programa nuclear de Israel. Y cualquiera que conozca la historia moderna del arte de estos dos países sabe que la primera gira internacional de la pintura expresionista abstracta de Estados Unidos (Ab Ex), en la década de 1950, fue apoyada financieramente por la CIA como argumento en nombre de la libertad de Occidente contra las represiones del bloque oriental. ¿Entonces, la conexión implícita era entre los usos de la cultura como propaganda ideológica y una maniobra encubierta en nombre de un país al que Estados Unidos apoya?
No sólo no veo el sentido más allá de las colaboraciones en dos dimensiones diferentes; desde el punto de vista histórico, la insinuación era errada por diferentes razones. Como lo han demostrado los expertos (David Craven), el impacto del expresionismo abstracto en otros países fue mucho más débil de lo que suponemos, y, en otra dirección opuesta, la CIA no logró darse cuenta de que, en 1956, Israel había iniciado en secreto un programa nuclear oculto en el desierto del Néguev. Para la época de su descubrimiento accidental en 1960, ya era muy tarde para detenerlo, y Kennedy, en esa misma transcripción de 1961, estaba recuperando terreno, pidiendo que Israel no desestabilizara el Medio Oriente. Irónicamente, si se hubiera analizado con más atención la situación histórica, se habría demostrado que es más relevante en este momento, cuando Israel intenta renegar de su propia historia de ocultar, frente a los planes nucleares secretos de Irán.
Algo similar ocurrió cuando vimos los muchos avisos enmarcados, tomados de revistas de la década de 1950, en los que se publicitaba la venta de las nuevas computadoras IBM (máquinas de “contabilidad” o “de cálculo” o “de información”), desarrolladas por el reputado equipo estadounidense de diseño conformado por Charles y Ray Eames. El proyecto general era toda una serie titulada Cultural Diplomacy: An Art We Neglect, presentada allí por medio de varias partes: los anuncios, rótulos y letreros sobre las paredes, en diferentes lugares, y una reproducción de The Computer House of Cards, diseñada por los Eames para el pabellón de IBM en la Feria Mundial de Osaka, en la década de 1970 (Eames-Derivative, 2006-2013). Sin embargo, allí, las 1206 tarjetas de papel, impresas con coloridas imágenes de computadoras y componentes electrónicos de los años sesenta, y con ranuras que permitían entrelazarlas, fueron utilizadas para deletrear a gran escala (unos 6 m x 1,52 m) una palabra más contemporánea: Derivatives.
La hipótesis era clara: la tecnología y la ciencia y el diseño están relacionados y equivalen a las riesgosas transacciones de la banca aprobadas por el Gobierno estadounidense con el fin de aumentar los beneficios, lo que ocasionó la recesión mundial. Pero para aceptar esas generalizaciones imprecisas se nos pedía que ignoráramos otros hechos y aspectos de la historia que ofrecen poderosos argumentos en contra. Por ejemplo, no todos los derivados son malos ni pueden asumir la responsabilidad por sí solos. Además, los Eames comenzaron no sólo a “vender” IBM a finales de la década de 1950 sino a popularizar la ciencia y la tecnología entre un público con un bajo nivel educativo, una orientación a la que le debemos una mejoría significativa y a la que estamos tratando de retornar en la actualidad.
Cualquier valor o descrédito que uno encuentre en esos enredos, en ese entonces y ahora, se basa en las propias conjeturas. Y es importante considerar esas actitudes personales en una época en que no sólo el arte (el diseño u otros) se está fusionando con la tecnología y la ciencia a un ritmo increíble. Sí, la era de la información estimulará el tipo de burocratización multiplicada sobre el que nos han venido advirtiendo por mucho tiempo. Y el arte (o comoquiera que lo llamemos) estará involucrado. En ese sentido, la obra de Balteo Yazbeck es un saludable e importante campanazo de alerta al crear marcos para nuestra reconsideración. Pero dentro de la complejidad, el arte comprometido de hoy tiene un camino más difícil de recorrer.
RICHARD LESLIE
