Transformar la realidad en
materia prima es una de las premisas del arte contemporáneo, como sostuvo la
crítica Catherine Millet, en el libro El
arte contemporáneo. Y fue exactamente este procedimiento el que Afonso
Tostes, artista mineiro radicado en Río de Janeiro, utilizó para realizar su
muestra reciente, titulada Tronco, en la Casa França-Brasil, en Río de
Janeiro.
A partir del descubrimiento de un granero centenario que iba a ser desmontado, en la región de la Mata, en Minas Gerais, construido en madera de ley por esclavos, Tostes decidió transportarlo con todos sus elementos a un espacio del Galpón Gamboa (instituto cultural en la zona portuaria de Río), a fin de reconstruirlo manteniendo su estética original; hasta el piso fue pulido para resaltar su belleza original.
Posteriormente, el granero –de nueve metros de largo, siete de ancho y tres de altura– fue transportado al espacio central de la Casa França-Brasil, integrándose a la reciente exposición de otras obras del artista, curada por Bernardo Mosquera. La estructura del granero se colocó sobre apoyos a un metro del suelo, para despejar la vista del piso de piedra del museo, construido por Grandjean de Montigny (1776-1850) e inaugurado el 13 de mayo de 1820 por Don Juan VI. Se lo considera como el primer registro neoclásico de la ciudad, que le dio al paisaje urbano, caracterizado por las casa coloniales, un tono más cosmopolita, a la manera europea.

Al lado del granero, Tostes instaló la escultura Árbol, tronco esculpido de cinco metros de altura. En el exterior, hizo una composición con ramas de árboles, desdoblamiento de la serie Reino, iniciada por el artista hace dos años. En otra área se dispusieron herramientas encontradas en el lugar en donde estaba el antiguo granero. En esas piezas, Tostes retoma su trabajo más conocido, esculpiendo los cabos de azadas, hachas, rastrillos y hoces, que adquieren variadas formas, entre ellas las de huesos humanos. También hay óleos que representan imágenes del fuego.
La relación con la estructura arquitectónica o con elementos naturales es una constante en la obra del artista, que acostumbra crear a partir de troncos y ramas de madera encontrados en la naturaleza o en canteros de obras urbanas. Ya utilizó ramas retorcidas cubiertas con hojas de oro para crear un gran bosque seco, e hizo esculturas menores, fijadas sobre el muro, como referencia a una posible bidimensionalidad, como objetos-relieve.
Reinventadas, sus estructuras, cuando están instaladas en los espacios expositivos, sugieren sorpresas en cuanto a ideas preconcebidas, como el apoyo y la interdependencia de las partes de la madera para componer la totalidad de una estructura. Hay cierta ironía en su trabajo, como en una serie de objetos que aluden a puntales; fueron creados a partir de la observación de soluciones rudimentarias para apuntalar, generalmente usadas en la construcción civil para sostener muros, paredes, etcétera. En este proceso de deslocamiento, los puntales que supuestamente apoyan las paredes del museo se vuelven obras de arte.
Tostes inició sus investigaciones a finales de la década de 1980, en la Escuela de Artes Visuales del Parque Lage, creando en este período formas orgánicas, primero pintadas y luego esculpidas. Vértebras, cráneos, huesos y rótulas fueron objetos de estudio y aparecen en las primeras telas de grandes dimensiones. En 2001, su investigación Pata de tres fue premiada con una beca de la Rio Arte; fue entonces cuando el artista comenzó a dedicarse a la escultura, iniciando una nueva fase en su investigación, todavía amarrada a la sintaxis de sus dibujos y pinturas.
Enseguida, sus esculturas se vuelven instalaciones de gran porte, y la madera se convirtió en su materia prima. También se amplió la relación de estas piezas con los espacios expositivos. En este sentido, fue destacada su participación en la Bienal del Mercosur de 2005, curada por Sergio Duarte: el artista apuntaló con dos esculturas enormes los galpones de pintura y escultura de la muestra.
Se puede situar la obra de Tostes en un lenguaje concretista brasilero, en el que se hacen evidentes estructuras, planos y conjuntos relacionados. Tanto que en esta exposición su principal interés fue mostrar cómo las piezas de madera del granero fueron fijadas solamente con encajes, sin ningún clavo. A esta vertiente concretista se suma la influencia de su origen mineiro, cuya subjetividad se revela en elementos como el color terroso, la textura de la madera y lo orgánico de las formas. Sus ambientes también se transforman en símbolos míticos, como los de algunos artistas de la vanguardia abstraccionista. En esta línea, Tostes creó en alguna oportunidad la instalación Ciudad pequeña, con recortes y pedazos de madera antigua con perfiles geométricos, para en conjunto formar una ciudad en microescala.
Traductor de los principios de la arquitectura a la madera, esta vez Tostes trajo directamente la arquitectura a su trabajo. Esta sería su escultura: el granero, originalmente creado para almacenar granos o como depósito de herramientas, que se vuelve metáfora de una memoria. Junto con los otros elementos de la exposición, la muestra parece configurarse como un gran site specific. Se parece a un templo, donde, pese a estar totalmente ausentes, los cuerpos espectrales de antiguos trabajadores brazales dejaron objetos impregnados de su presencia.
ALESSANDRA SIMÕES
