ZERO

Manifestación del grupo ZERO frente a la Galerie Schmela, Hunsrückenstraße, Düsseldorf, Alemania, 5 de julio de 1961. Foto: Peter E. Fischer. Cortesía: Archive of Artistic Photography of the Rhineland’s Art Scene (AFORK) en Stiftung Museum Kunstpalast, Düsseldorf.

Colectivamar 2014 - may 2014· Por Alessandra Simões

ZERO

Museu Oscar Niemeyer (MON)

En los variados juegos de signos visuales, la luz y el movimiento fueron algunos de los elementos más presentes en las corrientes artísticas de la segunda mitad del siglo XX, como mostró la exposición ZERO, en el Museo Oscar Niemeyer (MON), en Curitiba. La muestra, curada por Heike van den Valentyn, presenta los experimentos visuales del Grupo Zero, creado en Alemania en los años 1950, y que tuvo como principales exponentes a los artistas Otto Piene, Heinz Mack y Günther Uecker.

Además de las obras del grupo, la exposición muestra las relaciones entre artistas europeos, como Yves Klein y Hans Haacke, y suramericanos, como Lucio Fontana, Almir Mavignier y Jesús Rafael Soto. El diálogo artístico se amplía todavía más con la presencia de los artistas brasileros Hércules Barsotti, Lygia Clark y Abraham Palatnik. Así, fue posible contextualizar el surgimiento del grupo en un período en el que el Arte Cinético se difundía por el mundo, con América del Sur como semillero de artistas pioneros. Después del MON, la muestra siguió hacia la Fundación Iberê Camargo, en Porto Alegre (de diciembre del 2013 a marzo del 2014), y se dirigirá hacia la Pinacoteca del Estado de São Paulo (de abril a junio de 2014).

El Grupo Zero surgió en abril de 1957, cuando Otto Piene y Heinz Mack, dos artistas jóvenes de Düsseldorf, proclamaron la idea de un arte caracterizado, sobre todo, por experimentos luminosos. Posteriormente, Günther Uecker y otros artistas se unieron al grupo, que duró casi diez años. En este período hubo tres ediciones de la revista ZERO, publicación dedicada al grupo y a artistas europeos de pensamiento similar, entre ellos Yves Klein, representante del grupo Nuevo Realismo en París, y Lucio Fontana (Milán) y el grupo NUL, de Holanda.

Colectiva: ZERO — imagen 1
Otto Piene. Historia de un incendio, 1968-1971. Cuatro esculturas de luz: Titelsäule. 90 x Ø 70 cm. (35 2/5 x Ø 27 ½ pulgadas); Sleepwalker. 50 x Ø 50 cm. (19 3/5 x Ø 19 3/5 pulgadas); Osramsatellit. 176 x Ø 50 cm. (70 x Ø 19 3/5 pulgadas); Schwarzer Stern. 200 x Ø 80 cm. (78 ¾ x Ø 31 2/5 pulgadas). Vista de la instalación en Museum für Gegenwartskunst, Siegen, Alemania, 2003. Cortesia LWL–Museum für Kunst und Kulturgeschichte (Westfälisches Landesmuseum). Foto: Günther Thorn. © Otto Piene con la autorización de AUTVIS, Brasil, 2013.

Al principio, se realizaban exposiciones nocturnas, con instalaciones y obras bidimensionales en las que la luz y el movimiento proporcionaban la ruptura con la condición estática de la pintura y de la mirada del espectador. Con elementos como luz, vibración y monocromía, el grupo creó experimentos atrevidos y creativos, acompañados de performances y ambientes espectaculares. En esas obras se producían efectos cambiantes, principalmente en función de la luz, como el Lichtballett (Ballet de Luz), de Otto Piene, una de las obras principales del movimiento.

Uno de los eventos importantes para el movimiento fue su participación en la Documenta III, en Kassel, en 1964. En el ático del principal espacio de exposiciones, el Fredericianum, los artistas realizaron un homenaje a Fontana en un espacio compuesto con objetos que rotaban. Otro momento importante fue el evento de disolución del grupo, en 1966. Una fiesta para más de mil personas, en la que un carro en llamas fue dirigido al río Rin, donde se hundió en sus aguas.

Las ideas del grupo marcaron el mundo de las artes. Según datos del Instituto Goethe en Brasil, hasta su disolución, tuvieron lugar aproximadamente 55 exposiciones en Europa y los EUA. En diciembre del 2008, se creó en Düsseldorf la Fundación Zero, fruto de la colaboración de los artistas Heinz Mack, Otto Piene y Günther Uecker, del Museo Kunstpalast y del municipio. Los artistas donaron cuarenta obras, además de sus archivos, con registros importantes como fotografías, correspondencia e invitaciones de exposiciones y textos.

Colectiva: ZERO — imagen 2
Christian Megert. Pared espejada y móvil, 1963. Reconstrucción en 2006. Ambiente con espejos y madera. 600 x 600 x 400 cm. (236 2/5 x 236 2/5 157 2/5 pulgadas). Dimensiones variables. Museum für Konkrete Kunst, Ingolstadt, Alemania, 2009. Stiftung für Konkrete Kunst und Design, Ingolstadt. Foto: Franziska Megert. © Christian y Franziska Megert con autorización de AUTVIS, Brasil, 2013.

Es importante enfatizar que durante el largo período de actuación del grupo, artistas y grupos de diversas partes del mundo venían experimentando con el cinetismo; por ejemplo, en Italia (Grupo T, de Milán y Grupo N, de Padua) y en Estados Unidos, donde en 1965 se realizó la exposición The Responsive Eye (MoMA/NY), pauta del arte óptico y cinético. En Brasil, diversos artistas realizaron experimentos ópticos en sus trabajos, como Lothar Charoux, Almir Mavignier, Ivan Serpa, Abraham Palatnik. En los años 1950, incluso, las pinturas de Luiz Sacilotto anticipaban temas que serían desarrollados posteriormente por el Op Art (Optical Art) internacional.

Las obras presentadas en la exposición muestran que los artistas buscaban una concentración purista, por medio de la nitidez del color puro y de la vibración de la luz en el espacio. Para enfatizar estas características, se instalaron ambientes de luz y espejos que dividen espacios temáticos, aunados como capítulos individuales: el blanco como color de la luz; la idea de purificación de Yves Klein, que se manifiesta en objetos azules; los objetos en movimiento insertos en el concepto Dynamo; el fenómeno de la vibración y de la inserción de elementos naturales que funden el espacio del arte con el espacio de la naturaleza.

Etimológicamente, el término cinético está ligado a la idea del movimiento y se hace efectivo en el vocabulario artístico en 1955, con la exposición Le Mouvement, en la galería parisina Denise René, con obras de artistas de diferentes generaciones: Marcel Duchamp, Alexander Calder, Vasarely, Yaacov Agam, Jean Tinguely, Pol Bury, entre otros. La especialidad del arte cinético es que en él, el movimiento constituye el principio de estructuración. En el caso del Grupo Zero, se puede hablar de un “arte cinético luminoso”, materializado en forma de discos, esferas y espacios llenos de luz, como muestra la instalación Geschichte des Feuers (Historia del fuego), 1968-1971, de Otto Piene.

Colectiva: ZERO — imagen 3
Yves Klein. Monocromía azul perforada con fuego, 1957. Pigmento puro y resina sintética sobre papel quemado. 23,5 x 18 cm. (9 1/5 x 7 pulgadas). Colección privada. © Yves Klein con autorización de AUTVIS, Brasil, 2013.

Además del movimiento real, el cinetismo implica un movimiento óptico, y, en este sentido, encaja el Op Art del venezolano Jesús Rafael Soto, que está entre los nombres más representativos por su originalidad en el arte cinético. Su importancia en las experiencias visuales de este lenguaje es ejemplo de la posición pionera de los artistas suramericanos en el escenario internacional. Entre 1950 y 1953, el artista creó obras en las que elementos dispuestos en el espacio producían efectos de movimiento virtual y vibración óptica. En 1955, cuando tenía lugar la primera exposición en Europa, Soto se dedicaba más directamente a las investigaciones cinéticas, basadas en las transformaciones perceptivas resultantes de la posición del espectador delante de la obra y en el uso de elementos suspendidos que vibran delante de un fondo.

La calidad de pioneros en América del Sur también resulta reforzada por los experimentos de Abraham Palatnik, quien después de pintar algunas telas constructivas, comienza, en 1949, a proyectar máquinas en donde el color se mueve. Con base en esos experimentos, se crean cajas de lienzos con lámparas que se mueven mediante mecanismos accionados por motores. Su trabajo también es pionero en el uso de la luz eléctrica en arte. Mario Pedrosa llama esas invenciones “Aparatos cinecromáticos”; fueron mostrados por primera vez en 1951, en la 1ª Bienal Internacional de São Paulo.

Siendo parte del grupo carioca Frente, uno de los más importantes en el arte concreto, Palatnik adaptó los presupuestos concretistas a la tridimensionalidad, con trabajos en los que pequeños objetos colocados en cajas cerradas se movían mediante campos electromagnéticos. En la actual exposición Zero, la obra Secuencia vertical S-30, de 1965, muestra cómo Palatnik explora las posibilidades estéticas de la luz, estableciendo un juego de simetrías y asimetrías en movimientos prolongados y silenciosos.

Colectiva: ZERO — imagen 4
Vista general de izquierda a derecha: Piero Manzoni. Corpo d‘ Aria 44, 1959-60; Almir Mavignier. Forma, 1963-2010; Hans Haacke. Kleines Segel, 1964-65.

Otra obra importante es Spiegelwand und Mobile (Pared espejada y móvil, 1963), de Christian Megert, artista suizo integrante del Grupo Zero. Conocido por crear construcciones geométricas abstractas y ambientes que utilizan espejos como material principal, Megert incorpora madera, luces y motores en sus proyectos para crear una sensación de desorientación en el espectador mientras éste camina a través de sus ambientes construidos. En la obra Pared espejada y móvil se ve la tentativa de crear un espacio infinito, “sin principio ni fin”, al mismo tiempo estático y fluyente.

En la muestra también hay instalaciones y relieves del francés Yves Klein, todas ellas con el pigmento azul vivo creado por él. Klein fue uno de los nombres principales en el trabajo de networking del grupo, ya que sus investigaciones estéticas coincidían con las aspiraciones de varios integrantes de Zero, especialmente en lo referente a los estudios de la monocromía. En este caso, la posibilidad de utilizar solamente un color no estaba ligada a la exploración de un espacio vacío, neutro o pasivo, sino a la búsqueda de un espacio-temporal continuo, recorrido por campos de fuerzas que se expanden y se comunican entre sí, a través de la máxima saturación del color. Estas características se refuerzan en la exposición con la continuidad del azul en varias obras de un mismo ambiente, como el mismo Klein propuso en otras exposiciones.

Fontana es otro artista para el cual resultan pertinentes estas ideas. Contrario a la concepción del arte como representación del espacio, pone la luz de neón como manifiesto técnico de sus ideales. El concepto de espacialismo de Fontana se basa en el principio de que la materia puede ser transformada en energía, invadiendo el espacio en forma dinámica, lo que además puede lograrse con tecnología. Como contrapunto, en la materialidad de sus obras busca evidenciar mediante gestos severos las posibilidades de ruptura de la materia, como en sus perforaciones y tajos en la superficie pictórica.

Colectiva: ZERO — imagen 5
Abraham Palatnik. Secuencia vertical S-30, 1965. Madera, nylon, metal, lámparas y circuito eléctrico. 113 x 71 x 22 cm. (44 2/5 x 28 x 8 3/5 pulgadas). Colección del artista. © Abraham Palatnik.

Color puro, luz, movimiento, se convirtieron en síntesis para el Grupo Zero, cuyos deseos artísticos buscaban la propia liberación del individuo. En la visión del grupo las nuevas conquistas tecnológicas también contribuirían a sus objetivos de abrir nuevos horizontes y requerir investigaciones con materiales diferenciados. Más allá del carácter intelectual y reflexivo, el movimiento creía en la acción. Y, así, transformó teoría en realidad. Establecía una especie de simbiosis arte/ciencia como tentativa para desmontar la antigua concepción de representación de las formas artísticas como mimesis, es decir, como imitación del mundo objetivo. Para valorizar la experiencia creativa y la fuerza del pensamiento, sus artistas crearon un “lenguaje del movimiento”. Le incorporaron con ello trabajos que evidencian posibilidades de transformación, ya sea por la posición del observador, o por la manipulación de la obra. La obra nunca queda terminada, sino que se gesta en cada momento.

ALESSANDRA SIMÕES

ZERO, por Alessandra Simões | artnexus