Recientemente se clausuró en los espacios del Centro Cultural BOD la exposición Pop Art. Figuración Estados Unidos-Venezuela, realizada bajo la curaduría de María Luz Cárdenas. Esta muestra, una de las más importantes del año 2013, tuvo dos virtudes –de las que derivan otras muy importantes–: la investigación que sustentó la curaduría y la selección de obras, todas provenientes de colecciones venezolanas, muchas inéditas para el público local.
La exposición tuvo como objetivo central apreciar uno de los movimientos artísticos más fecundos del arte moderno del siglo XX producido en los años sesenta y setenta como es el Pop Art. En tal sentido, se mostraron sus múltiples aristas en dos contextos distintos como el estadounidense y el venezolano. Se exhibieron piezas de artistas que antecedieron el advenimiento del Pop en ambos países, y también se mostró su impacto posterior. Las obras exhibidas ilustraron las variantes conceptuales y estilísticas que tenía este movimiento, y se llega a la conclusión de que esto era precisamente una cualidad inherente al Pop Art, pues fue un movimiento que trascendió geográficamente y tuvo variaciones acordes a las realidades de cada país.

Puede decirse que esta exposición fue más que el análisis de un período artístico determinado. La presencia de individualidades y manifestaciones preexistentes como, en el caso norteamericano, Marcel Duchamp adquiere gran significación. Él fue uno de los primeros en llegar a Estados Unidos y, con otros artistas europeos que huyeron de la Segunda Guerra Mundial y artistas norteamericanos ávidos de novedad y experimentación, conformó una nueva vanguardia neoyorquina. Es palpable cómo el concepto de los ready-made trasciende la esfera inicial de Duchamp, y lo vemos, bajo otra perspectiva, en el primer barril que Rolando Peña utilizó para iniciar sus famosas series en torno al tema del petróleo. Otros antecedentes los encarnan piezas sobre papel de Robert Rauschenberg y de Jasper Johns, artistas del llamado neodadaísmo. La inclusión de estas obras suscita una reflexión acerca de la importancia que los medios gráficos tuvieron en los artistas del Pop Art, pues se experimentó en este medio al utilizarse nuevos materiales y procedimientos. Por otra parte, ambos artistas redimensionaron el valor de la imagen, siendo distintivo de Johns, en particular, el trabajar imágenes icónicas –como la bandera norteamericana–, que se volvieron un sello propio de su estilo artístico. Otro precursor considerado en esta muestra fue Larry Rivers, quien provenía de la tendencia gestualista norteamericana, por lo que trabajó esta espontaneidad expresiva en función de una figuración que toma elementos de la vida cotidiana, referencias históricas y artísticas.

Hecho importante por destacar es que el Pop Art surgió en ambos países como una reacción frente a dos tipos de abstraccionismo que son completamente opuestos: contra el Expresionismo Abstracto en Estados Unidos y la Abstracción Geométrica en Venezuela. No obstante, conceptual y estilísticamente puede decirse que existieron algunos elementos comunes. El más importante de todos: renovar el arte figurativo y convertirlo en una expresión estrechamente enlazada con la realidad circundante. Para ello hubo que renovar asimismo los recursos expresivos utilizados: primeramente, recuperar la supremacía del tema vinculándolo a los elementos más cotidianos: el paisaje urbano, la televisión, la publicidad, las costumbres y las imágenes populares. En Estados Unidos fue Andy Warhol quien logró, mediante imágenes icónicas propias de la cultura popular de su país (tales como la lata de sopas Campbell, la botella de Coca-Cola, los rostros de artistas de Hollywood, entre otros), que el arte fuese imagen de la cultura estadounidense. La identificación arte y vida fue tan profunda que no sólo se trató de un arte producido en América sino, como señala la curadora, de un arte de América. Por primera vez se produce una identificación entre un estilo artístico que expresa un modo de vida convirtiéndose por ende en imágenes emblemáticas de la cultura estadounidense. Fue tal el impacto del Pop Art norteamericano que fue asimilado en otros medios como la literatura, el cine, la música, la prensa, el teatro e incluso la moda. En el caso de la pintura, las imágenes se caracterizan por su nitidez, capacidad comunicativa, trabajadas con “colores puros, brillantes y fosforescentes, de asociación industrial”, generalmente sin efecto de volumetría, debido a la supresión del claroscuro. Por otra parte, hubo una interesante experimentación en las técnicas gráficas generalmente aplicadas a la serigrafía, el collage y la fotografía. A esto se sumaron las técnicas provenientes de la publicidad, el cómic y otros medios masivos. Además de los artistas mencionados, se exhibieron en esta exposición obras claves de Robert Indiana, así como de Tom Wesselmann, Jim Dine, Red Grooms, George Segal y John Clem Clarke. Éstos fueron considerados representativos del Pop Art en ese país.

En Venezuela, este movimiento se produjo de manera muy diversificada. Como antecedente, un dibujo de José María Lares, ilustrador y diseñador gráfico venezolano de las primeras décadas del siglo, fue considerado por la curaduría como precursor por su experiencia en publicidad, que lo llevó a realizar portadas de importantes revistas que pueden asociarse a la estética del Pop. Lugar especial tienen en la exposición Marisol Escobar y Rolando Peña como artistas representativos del Pop Art venezolano. En el caso de la primera, su obra trasciende la esfera venezolana no sólo por estar residenciada en Estados Unidos sino por su estilo escultórico inconfundible. Al igual que Peña, Marisol conoció a Warhol y trabajó en una de sus películas. Su obra, generalmente en madera, presenta un estilo muy personal, recreando personajes, todos muy peculiares de la época y cargados de humor. Peña, por otro lado, vivió en Manhattan, trabajó cine con Warhol y su obra fue pionera no sólo en el Pop Art y el arte conceptual, sino que realizó en el contexto venezolano los primeros happenings y experiencias performáticas de los años sesenta. La serie Santería, expuesta aquí por primera vez, son collages que integran imágenes tanto de figuras provenientes de las creencias religiosas populares como de la historia del arte universal. Completa su participación una serie de fotografías de las filmaciones que realizó con Warhol.

La selección de las obras en esta exposición destaca no sólo por su calidad y condición inédita de algunas de ellas, sino también por rescatar del olvido a algunos artistas relevantes en la década de los setenta en el país. Son los casos de Nelson Moctezuma y Luis Domínguez Salazar. El primero fue uno de los exponentes más destacados del movimiento del dibujo a finales de esa década. Trabajando con el lenguaje de la historieta, la ilustración y el cómic realizó una obra muy crítica del entorno norteamericano (la figura del Tío Sam), y a la vez, de fuerte raigambre venezolana (el dictador Juan Vicente Gómez, a modo de ilustración). La obra de Luis Domínguez Salazar, por otra parte, no ha sido muy difundida, y en particular las de esta serie Pop, muy poco conocida. Está representado con obras que lo acercan notablemente a las preferencias del Pop Art que aluden tanto a las imágenes de las comiquitas como a la bandera norteamericana.

La selección se completa con la exhibición de obras memorables como las de José Antonio Dávila, quien previamente había trabajado en una pintura de temática social, y en los setenta se destacó con su serie Cabinas. Estas son pinturas muy ligadas al procedimiento del Pop Art por el silueteo de las figuras –que representan al hombre trabajador, inmerso en su faena– y, por supuesto, el uso de colores planos y estridentes. Por otra parte, Pedro León Zapata, caricaturista y pintor, ha sabido acercar al público a su realidad inmediata. Su escultura ensamblada y pintada, humorísticamente llamada Monóxida Lisa, representa la parte delantera de un taxi con sus dos ocupantes, una de ellas haciendo referencia a la Mona Lisa.

La figuración de José Campos Biscardi tiene especial mención porque presenta elementos tanto del Pop Art como también del surrealismo y de la llamada Nueva Figuración. Asimismo, su obra se enmarca en el género de lo fantástico al unir realidades disímiles (nubes, fragmentos de cuerpos, trozos de paisajes) tratadas con colores fuertes, planos y mucho humor. Emblemáticas son, igualmente, las obras de Margot Römer, quien venía trabajando la bandera nacional desde 1978, con colores estridentes y formas inusitadas. Tanto en su pintura como en la gráfica, ha trabajado incansablemente en la metamorfosis de la bandera y en uno de sus elementos constituyentes: la estrella. Los ensamblajes y pinturas de Carlos Zerpa tuvieron un lugar destacado en la exposición. Su trayectoria se inicia en los años setenta como artista conceptual y del performance en Valencia (estado Carabobo). El tema de lo religioso convertido en fetiche es una constante en sus ensamblajes y acciones corporales siendo obras de fuerte sincretismo cultural (historia del arte, religión, rock, etcétera). Son piezas que de alguna forma identifican la idiosincrasia del venezolano.

Por último, fueron consideradas en esta exposición las repercusiones que tuvo el Pop Art en décadas posteriores. De los venezolanos, Jacobo Borges, representado asimismo con una obra de los setenta, tuvo lugar prominente con dos obras realizadas en 2011, de carácter experimental, pues en ellas su vitalidad pictórica, su torbellino de color, son llevados a los medios digitales. Meyer Vaisman, por otra parte, se ha caracterizado por parodiar, descontextualizar y reconstruir imágenes culturales poniendo en entredicho el “consumo” del arte contemporáneo. Completan la selección de obras recientes y memorables las de artistas notables en el panorama artístico actual, como son las de los norteamericanos Jeff Koons, Kenny Scharf y Donald Sultan.
*Todas las fotos de este texto son de Reinaldo Armas.
SUSANA BENKO

