La obra de Pablo Rasgado (Zapopan, 1984) parte de investigaciones científicas, en las que propone reflexiones en torno a conceptos como el tiempo en relación con la erosión y durabilidad de los materiales. Su obra incluye escultura, video y fotografía. Se trata de un artista joven con una carrera ascendente y un considerable cuerpo de trabajo. Su obra plantea reflexiones en torno a la arquitectura, el espacio de exhibición y sus transformaciones. Este interés se hace presente en varias de sus series; en Arquitectura desdoblada, por ejemplo, utiliza fragmentos de muros de museos que reensambla construyendo nuevos planos pictóricos. En esas piezas Rasgado hace comentarios sobre la relación entre obra y espacio de exhibición. Asimismo, reflexiona sobre la permanencia, la reconstrucción arquitectónica de un espacio y la generación de basura de estas actividades. Sus procesos de trabajo plantean la construcción de una reliquia a partir del desecho. Si bien la exposición Ojo por diente no forma parte de esa serie, sí plantea coincidencias conceptuales e inquietudes que se mantienen en la investigación del artista, Rasgado reflexiona pues sobre la ruina y los procesos de erosión y deterioro de diversos materiales. La muestra se compone de tres salas en las que Rasgado moldea materiales presentes en el espacio de la galería que estaba en proceso de adecuación. Transformaciones que, lejos de haber sido provocadas por erosión del tiempo, maltrato o descuido, son resultado de la reconstrucción del espacio exhibitorio de una galería. Encontramos pues muros con boquetes, que a partir de gestos evidencian los cambios del lugar. Así como esculturas de arena sin aglutinante alguno, lo que las convierte en formas inestables que se van transformando por la erosión corrosiva que detonará el tiempo de la exposición. Estos materiales han sido extraídos de los muros; así, Rasgado los dota de una segunda vida; sin embargo, se volatilizan nuevamente hasta desaparecer en el aire. De manera que la muestra reflexiona sobre los ciclos de vida y muerte, la erosión y transformación a que estamos sujetos por el paso del tiempo. Nada ni nadie está exento de ese devenir en el que el deterioro todo lo transforma. Las figuras producidas por el artista son miembros humanos, pirámides, edificios, muros y montículos. Así, para Rasgado, incluso las antiguas civilizaciones y sus construcciones monumentales han sido transformadas, convertidas en ruinas cuya inmanencia ha quedado sólo como un lejano anhelo.

Al concebirse como una exposición en transformación, con objetos que varían por el transcurso del tiempo y el impacto de éste, la muestra plantea el reto de una observación cuidadosa, propone pues la necesidad de varias visitas al espacio para entender el objeto cambiante y poder tener una relación franca con la propia muestra. Así, se trata de una exposición que supone una interacción con el espectador, en la que le exige una lectura crítica, que la cuestione, entendiéndola como proceso y trascienda la perspectiva formalista que significa la exposición de cualquier objeto.
La noción de ruina no sólo es un marco conceptual, se trata también de un ejercicio vivo al que están expuestas las piezas. Así, es pues evidente que en esta muestra, la primera colaboración de Rasgado con la OMR, la noción de ruina es un eje conceptual que articula la exposición. El extenso texto curatorial de Willy Kautz reflexiona en torno a este tema como uno de los centrales; sin embargo refiere también a nociones filosóficas más complejas que se evidencian en la obra exhibida. La frase marxista “Todo lo sólido se desvanece en el aire” se utiliza como eje de reflexión que le permite al curador plantear una reinterpretación de este concepto al afirmar que “Aquí los sólidos provienen del aire y, por lo tanto, se desvanecen sin dejar huella en la naturaleza; mientras que la apariencia natural de las esculturas, se vuelve un archivo temporal de formas en continua resimbolización”.
JOSEFA ORTEGA
