Una arquitectura misteriosa,
con aires de templo sagrado, se asoma desde del interior de un espacio infinito
y un tiempo marcado por Áreas desplazadas y otros detonantes, título de la
exposición de María Elena Álvarez (Venezuela, 1964), en la Galería 39. Sobre la
tela, superficies en fragmentos yuxtapuestos, a veces transparentes en sus
blancos, otras, oscurecidos por azules de Prusia o negros sin límites, habitan
seres, amores, lugares sagrados, pasados y presentes, y también una
preocupación permanente por el acto de la creación vertido en el trabajo
constante de horas del día y la noche. Invitada por la tranquilidad de
silencios interiores, la artista se adentra en los complejos meandros del arte,
de su propio arte, siempre sostenida por rigurosos estudios y dedicación a la
investigación visual en todos los medios que ha practicado: pintura, dibujo,
fotografía, collage, grabado.
La búsqueda plástica de María Elena Álvarez existe para concretarse en un “yo no pinto imágenes, pinto palabras”. Declaración de principios temáticos y actitud estética frente a una realidad visible de irreductible soledad. Desde su formación en artes visuales, principalmente en los medios fotográficos (Universidad de Hartford, Connecticut y Maestría en la Universidad de Nueva York, N.Y.), la pintura fue un objetivo fijo, y confiesa que su relación con este medio siempre ha sido muy complejo: “Cuando hacía fotografía, estudiaba una idea, mientras el medio pictórico volteaba hacia mí”. Esta experiencia investigativa pictórica –en esa etapa intuitiva y energética–, al llegar a Venezuela la dirige a una relación diferente entre los dos medios. Fotografía y pintura se amalgaman en “estructuras libres” (que podría considerarse como título genérico de las obras expuestas, siempre en acrílico sobre tela). Así, pasa la fotografía a ser sólo referencia visual en la pintura, para “dejar pistas en la búsqueda de lo invisible”.

Un acercamiento al desarrollo de la obra de esta artista desde su primera exposición, en 1997, muestra su rechazo a la tradición de la representación pictórica: “Nunca he sido figurativa”. Sin embargo, en la producción de los primeros años de la primera década del siglo XXI, cierto barroquismo está presente en la estructura compositiva, dejando ver en las pequeñas “ventanas” formadas por las intersecciones de las grillas elementos figurativos en miniatura: retratos de personajes, árboles, casas, mesas.
Una suerte de ascetismo estético la ha conducido a utilizar la austera lógica cromática del negro, blanco, grises, azules, reminiscencia de su primer y acariciado interés por la fotografía. Su nueva experiencia formal está enclavada en códigos minimalistas, especie de geometría espiritual, que si bien podría aparentar una no-significación, el descubrir paisajes dentro de otros paisajes, abre una red comunicativa, condición para convertir la “palabra” en signo, en mancha, en cuadrados vacíos o llenos. Se trata de la “representación” de una idea, no como abstracción, sino como las pistas de las que nos habla para llegar a concatenar lo no-visible con lo visible. Y lo logra.
La serie de obras de “Áreas desplazadas y otros detonantes” trata de lo pictórico en sí. Dominan grandes espacios blancos que, parafraseando el título de su exposición de 2010, “reinventan otras realidades”, como incitación interior. Aquí, la artista manifiesta interés por la investigación privada sobre el comportamiento de la estructura compositiva. Más espacios abiertos pero contenidos. Es decir, más “ventanas” por donde acercarse al significado subyacente de un tema que puede ser confesión, canto o llanto. O desnudez expresiva de poéticos blancos acompañados de zonas demarcadas por exaltados azules o negros. O también ocultándose detrás de brillantes transparencias. María Elena Álvarez rechaza cualquier estructura artificiosa de su obra, tanto en concepto como tema y utilización de los elementos formales. La cuadrícula, las franjas verticales y horizontales, los cuadrados de color, conforman la compleja sintaxis compositiva de una obra de plenitud expresiva.
Visión pictórica lúcida la suya. Visión que, caracterizada por su “obsesión por los cuentos secretos”, ofrece la posibilidad de múltiples lecturas. En esta obra la realidad no es inmutable. Sin puntuaciones estancas, la artista ofrece su universo. Un universo personal y artístico contenido, representado en pausas, en inquietudes expresivas y misteriosos silencios. La expresión plástica de María Elena Álvarez se acerca a la espiritualidad de la abstracción de los grandes artistas minimalistas de la historia universal del arte. Podría allí considerarse la exaltación de una religión secreta. ¿Metafísica, tal vez?
BÉLGICA RODRÍGUEZ
