Durante su trayectoria artística Julio Larraz ha logrado situarse entre los artistas latinoamericanos más importantes de su generación. Sin embargo, sus influencias más reconocidas vienen de los artistas más significativos de la Escuela del Realismo Americano, Edward Hopper (1882-1967) y Andrew Wyeth (1917-2009). Esto no es una sorpresa, ya que Larraz se formó como pintor en Nueva York, en un período en el que coexistió con varios de ellos. Al igual que estos pintores, sus pinceladas son contenidas, creando indudablemente una ilusión de realismo absoluto, espejismo que se desvanece cuando nos adentramos en las obras y descubrimos una complejidad que va mucho más allá de la representación fidedigna de su entorno.
Entre los elementos formales más visibles que influenciaron a Larraz de la obra de Hopper está la forma en la que el pintor solucionaba sus composiciones. En la obra de ambos artistas hay una aparente serenidad que resulta inquietante, quizás es la certeza de que en la imagen hay más contenido de lo que el ojo alcanza a ver. Supuestamente la narrativa de sus pinturas es presentada claramente; sin embargo, nos encontramos una y otra vez tratando de descifrar hasta el último detalle.

Las obras de Larraz están cargadas de un simbolismo muy personal. Devienen en una especie de catarsis, como la que puede encontrarse en las páginas de un diario. Pinta como si estuviese contando una historia, en la que hay parte biográfica y parte fruto de su imaginación. En muchas de ellas hay un componente onírico que puede poner en duda si la imagen pertenece a algún lugar específico del mundo o si ha sido creada totalmente por el artista.
Larraz incorpora elementos claves en sus composiciones de una forma muy sutil, dejando pistas a través de los títulos. Un buen ejemplo es One Day in October (Un día en octubre), su representación de la llegada de Cristóbal Colón a las Américas. Si no conocemos el título podemos pensar que estamos frente a un paisaje marino, ya que el protagonista indiscutible es el mar, que bate incesantemente en olas cortas en un primer plano. Después comenzamos a ver las carabelas, una escondida detrás de un arbusto, las otras dos insinuadas como pequeñas manchas en el horizonte.
Otros aspectos interesantes de esta pieza son el tema, que puede resultar controversial, y la manera en que Larraz lo representa. Mientras que otros artistas se enfocan en aspectos más dramáticos, como pueden ser pasajes de la Conquista y todo lo que ello conlleva; él ha seleccionado el momento de la llegada. Una vez más, la sugerencia a través de elementos estratégicos abre toda una serie de lecturas e interrogantes, dejando la última palabra al espectador.
Una parte importante de las obras en esta exposición son perspectivas aéreas que el artista ha creado de su imaginación, sin otro apoyo visual, como pueden ser fotografías. Estas vistas a vuelo de pájaro muestran su dominio total de la perspectiva.
A través de sus obras, Larraz crea un mundo muy peculiar en el que cualquier cosa puede pasar, como en The Dearing Rescue of General Acapulco (El audaz rescate del general Acapulco). La pieza consiste en la sugerente imagen de una casa solitaria en una costa bordeada por un bosque, que ocupa la mayor parte de la composición. A la derecha, las luces de unas antorchas insinúan la marcha del grupo que va al rescate del nombrado general. Las interrogantes pueden ser infinitas, como las respuestas y las historias incitadas por la imaginación.
Otra pieza que puede resultar enigmática es Above the Sea of Rains (Sobre el mar de lluvias). Esta vez incluye una vez más una casa solitaria en una escena nocturna de un impresionante cielo estrellado. Hay una quietud en la escena y una economía de recursos que implican un silencio total.
Cada una de estas piezas logra inspirar una historia en la que la narrativa puede derivarse de la fantasía individual. Y es esto precisamente lo que Larraz busca: dejar que cada uno se ensimisme en sus pensamientos y que cada imagen provoque lecturas o recuerdos conforme a las experiencias propias.
Coming Home marca un punto importante en la carrera de Larraz. Es su primera exposición personal después de 25 años en Miami, la ciudad donde actualmente reside. Demuestra su versatilidad como pintor, palpable en los temas representados, que van desde las clásicas naturalezas muertas hasta escenas inspiradas por hechos históricos.
Esta exposición, a la vez, constituye un compendio de las temáticas que lo han preocupado en los últimos años. Sus paisajes y naturalezas muertas coexisten en el mismo espacio, unidos por su distintivo estilo y por su lenguaje pictórico único. En ellos podemos ver su experiencia vital, al descubrir fragmentos de los diversos lugares que el artista ha visitado y en los que ha vivido.
IRINA LEYVA
