La diversidad es la seña principal de la trayectoria de John Graz (1891-1980), artista suizo que tuvo una presencia significativa en el modernismo brasilero. La exposición John Graz, viajero, recientemente exhibida en el Centro Cultural Correios de Río de Janeiro, presentó 150 obras inéditas que dan testimonio de esta pluralidad de su trabajo.
Provenientes de la colección del Instituto John Graz, las obras fueron seleccionadas para ilustrar el paso del artista por diversos países, donde vivió o pasó largas temporadas, como Brasil, Grecia, España, Italia y Marruecos. Dibujos en gouache, pinturas y otras piezas del artista, radicado en Brasil a los 28 años de edad, revelan su papel decisivo en la renovación del arte brasilero, debido principalmente a las influencias de los movimientos vanguardistas que recibió en Europa.
Si la pintura de Graz no alcanzó el mismo reconocimiento de grandes nombres del modernismo nacional, como Tarsila do Amaral (1886-1973) o Cândido Portinari (1903-1962), su actuación en diversos frentes, especialmente en las áreas del diseño gráfico y de muebles, y decoración de interiores, marca su importancia en las transformaciones del sistema de las artes de aquel período
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Sin duda, Graz fue personaje emblemático para el país que, en pleno desarrollo industrial y urbano, a partir de la segunda mitad del siglo XIX, proporcionó la profesionalización de una nueva generación de artistas que pudo contar con un creciente sistema académico. No se puede olvidar que el escenario de la modernidad latinoamericana era paradójico: la mitad de la población era todavía analfabeta, y en el centro de São Paulo aún se hablaba la lengua indígena tupí.
Graz contribuyó al desarrollo no sólo de nuevos lenguajes pictóricos, sino especialmente al diseño, como también lo hizo su esposa, Regina Gomide (1895-1973). A propósito, junto con el cuñado, Antonio Gomide (1895-1967), el trío es considerado como el introductor del estilo art déco en São Paulo. Graz mantuvo una colaboración definitiva con el arquitecto de origen ruso Gregori Warchavchik (1896-1972). Creó y ejecutó la decoración de residencias paulistanas proyectadas por Warchavchik, diseñando muebles, lámparas, frescos, vitrales, y hasta manijas.
También creó proyectos paisajísticos y fue innovador en la decoración de ambientes, pues al diseñar los muebles preveía su disposición en el espacio y su relación con paneles, vitrales y frescos. La integración entre estos elementos se volvió marca característica de su trabajo. En 1925, Graz presentó en São Paulo muebles tubulares, hechos de tubos metálicos y laminados de madera, con formas geométricas. Poseedor de gran conocimiento técnico y fabril, vigiló personalmente la producción de las piezas en el Liceo de Artes y Oficios, donde contó con la colaboración de Federico Oppido (1877-1950). Además, en la década de los treinta Graz produjo innumerables portadas de revistas.

El término “viajero”, escogido para el título de la exposición, se adecua perfectamente a Graz, quien, después de escudriñar diversos países en busca de la formación artística, decidió instalarse en Brasil. El artista estudió arquitectura, decoración, publicidad y diseño en la Escuela de Bellas Artes de Ginebra y en la Escuela de Bellas Artes de Múnich. Pasó temporadas en París, donde entró en contacto con el cubismo, el fauvismo y el futurismo. Recibió, en dos oportunidades, becas de estudios en España. Dos años después de trasladarse a Brasil, participó en la Semana de Arte Moderno de 1922, exponiendo siete obras.
La propuesta curatorial, a cargo de Sérgio Pizoli, fue remontarse a las mismas curiosidades y expectativas que guiaron a los artistas viajeros que llegaron a Brasil en el siglo XIX. “Ellos trabajaban entre la fascinación por lo exótico y la neutralidad científica, frente a un mundo natural”, explica él. Tal como estos artistas, Graz partía de un paisaje ideal para moldear su creación estética. Anotaba en cuadernillos de viaje estudios y esbozos, que después, en el taller, servían de base para dibujos y pinturas.
En sus telas, es posible ver que frente a un nuevo país, de belleza y grandeza desconocidas, el artista trabajaba con una visión modernista. Por ejemplo, para presentar la inmensidad de la selva, dibujaba un único tronco de árbol con hojas gigantes. Escapaba así de lo pintoresco buscando una recreación original del paisaje y los temas que lo circunscriben. Con el dominio del trazo y el dibujo, produjo abstracciones, con algunas construcciones geométricas o puramente informales; sin embargo, gran parte de sus telas acabaron resultando narrativas y figurativas, trabajadas en tonos rebajados.
Como explicó el curador Pizoli, John Graz trajo en su bagaje artístico la concepción modernista del paisaje, que admiraba en la producción de Ferdinand Hodler (1853-1918), maestro del modernismo suizo, que redujo sus paisajes a una línea de horizonte. Si los artistas brasileros buscaban ir a Europa entusiasmados por los diversos -ismos de la vanguardia europea, John Graz recorrió el camino inverso: viajero, trajo a Brasil la visión modernista. Uno de los mayores representantes del modernismo nacional, el escritor Oswald de Andrade (1890-1954) lo reverenció como “mi artista futurista”.
ALESSANDRA SIMÕES
