Exposición Individualmar 2014 - may 2014· Por Elvis Fuentes

Jarbas Lopes

Jack Tilton Gallery

Con el título Jarbas Lopes: una línea, la galería Jack Tilton presentó la segunda exposición personal de este artista de Río de Janeiro. Ecléctica sin ser abundante, la selección de obras mostraba la diversidad de medios que Lopes emplea, a menudo en deuda con la estética de la tradición del arte concreto y de ciertas expresiones del arte popular brasileño. Ubicada en el espacio adaptado de una antigua casa del opulento barrio Upper East Side, la galería se asemeja demasiado al espacio privado de un coleccionista. Y, en efecto, de este encuentro entre visualidades contrapuestas nacía lo peculiar de esta exposición: la tensión entre la pulsión apolínea de la galería comercial y el derroche dionisíaco de los materiales utilizados por el artista.

Esta tensión se manifestaba desde la entrada misma de la muestra, cuando el espectador se encontraba con la discordancia del título Una línea y las muchas franjas en la obra Si Dionisios bebe vino, Apolo toma café, un díptico de gran formato que utiliza café y vino como pigmentos sobre un soporte de elástico trenzado. La sección izquierda es de líneas horizontales de café, mientras que la derecha es vertical y de coloración rosa. Los materiales usados y sus olores hacían patente la complejidad simbólica de estas formas de apariencia simple, aunque el título advertía no tomárnoslo demasiado en serio. Lopes había utilizado el vino para crear una especie de mural en la 11ª Bienal de Lyon, en 2011. En aquella ocasión, el acto de chorrear el vino directamente de la botella sobre el soporte implicaba un ejercicio de control del fluido y del movimiento. Ahora presentaba sólo la huella dejada por un acto probablemente similar.

Exposición Individual: Jarbas Lopes — imagen 1
Jarbas Lopes. Modelo de ciclovía aérea, 2001-2013. Técnica mixta. Dimensiones variables.

Sin dudas, el principal foco de atención era la Maqueta de Cicloviaérea, que consiste en la instalación de una finísima estructura (una ciclovía elevada) en madera cortada con láser, que se extiende diagonalmente a lo largo de dos mesas. Éstas representan dos áreas urbanas separadas físicamente entre sí, pero que son conectadas por la ciclovía. Alrededor de las mesas, recostadas a sus patas, el artista colocó seis bicicletas minúsculas, también pulcramente realizadas en madera.

Lopes ha explotado la ciclovía aérea como alternativa sostenible frente a la tendencia de los gobiernos en todo el mundo de crear estructuras masivas como autopistas y metros subterráneos para responder a las expansiones y densificaciones urbanas. Este proceso lo ha llevado a producir innumerables objetos, como bicicletas forradas con fibras naturales, dibujos y monotipias, veinticinco de las cuales acompañaban el Modelo de Cicloviaérea en esta muestra. Colocados en una línea recta a lo largo de dos paredes, estos dibujos caprichosos oscilaban entre abstracciones expresivas severas y narraciones figurativas de tono jocoso.

Pero volviendo a la instalación de la maqueta, aunque el comunicado de prensa explicaba la presencia de los ciclos pequeños en función de una supuesta “importancia de lo participativo”, tal lectura solamente reflejaba la manía de los promotores de recurrir a rótulos de moda para añadir valor a las propuestas artísticas. Esto, más que explicar, tiene el efecto de encapsular y limitar las posibilidades interpretativas. Lo “participativo” es uno de los rótulos más abusados en la actualidad, por cuanto supone atribuir al objeto artístico un valor de uso por la comunidad. Aunque en numerosos proyectos de Lopes dicho calificativo aplica, no es el caso de la maqueta. Más que referir a lo participativo, las bicicletas infantiles recostadas a las patas de las mesas servían como signos de la inestabilidad y fragilidad del modelo, en todo caso utópico, de la ciclovía. Asimismo, creaban una sensación de liviandad y juego, muy a tono con el resto de las obras. Es decir que, de presentar solamente la maqueta, nítidamente cortada en láser, Lopes hubiera introducido un elemento extraño, discordante: la producción de un objeto donde no están presente ni la materialidad tratada a mano ni la capacidad desinhibidora del juego, que en buena medida caracterizan su trabajo.

En el segundo piso de la galería, Lopes presentó una serie de pinturas de apariencia minimalista de mediano y gran formato. Tres de ellas, las más grandes, estaban apoyadas en el piso y recostadas a la pared, mientras que las demás colgaban de forma convencional. Como con las bicicletas, Lopes buscaba crear una sensación de ligereza. Esto tenía su correlato en las obras mismas. Al igual que en el díptico de la entrada, Lopes utilizaba como soporte bastidores cubiertos por cintas plásticas y elásticas, las cuales, al ser entretejidas, producían el efecto de cuadrícula típico del arte abstracto modernista. Lo interesante es que, contrario a lo esperado, el uso de estos materiales industriales (plásticos) no producía una sensación de rigor frío, propio del Minimalismo. La manualidad imprecisa del entramado aseguraba que la nota artesanal determinara el carácter de las obras.

En estas obras, Lopes evita la rigidez geometrizante de la cuadrícula por medio de varios recursos efectivos. En unos casos, coloca objetos debajo del soporte, tensándolo aún más y creando abultamientos sugerentes. Por ejemplo, en Sin título, una de las obras de gran formato, los objetos en cuestión son dos pelotas de ejercicios situadas en las esquinas inferiores del cuadro, de manera que al espectador puede parecerles una referencia al pecho de una mujer. En otros, aplica color a ciertas áreas de la superficie pictórica, sobre todo el negro en los cuadrados formados por el trenzado de las cintas, para romper la monotonía de la cuadrícula. Lopes no parece interesado en ocultar la procedencia industrial de estos objetos, sino que por el contrario la realza al contrastarla con la textura de materiales artísticos familiares como la tinta y el grafito.

En la última sala de la galería, Lopes presentaba tres tipos de obras relacionadas con materiales impresos y dibujos en línea, con la práctica neoconcreta de su país. Se trataba de una nube de hojas de un cuaderno de bocetos sobre la pared, cuatro cajas dentro de las cuales había revistas enrolladas (sin dudas, una de las formas mejor logradas del grupo) y una serie de libros de artista sobre una mesa baja de color verde sin asientos, para detenerse a ver los objetos cuidadosamente elaborados (libros de artista hechos a mano), que registraban acciones disímiles (mordidas, exposición a los elementos, amarres). Con este guiño a la nostalgia del archivo, la sala dejaba un cierto sabor a callejón sin salida. 

ELVIS FUENTES

Jarbas Lopes, por Elvis Fuentes | artnexus