Exposición Individualmar 2014 - may 2014· Por Sylvia Werneck

Gisela Eichbaum

Galeria Berenice Arvani

La artista brasileña de origen alemán Gisela Eichbaum tuvo, de noviembre a diciembre de 2013, la mayor retrospectiva de su prolífera obra de casi seis décadas, exhibida en la Galería Berenice Alvani, en São Paulo, con curaduría de Antonio Carlos Suster Abdalla. La muestra sirvió igualmente para el lanzamiento del libro bilingüe Canciones sin palabras / Songs without words, organizado por Abdalla, con texto inédito de Álvaro Machado y reproducciones de críticas de diversas figuras del mundo del arte, entre ellas Pietro Maria Bardi y Mario Schenberg. La edición reúne, fuera de las 55 obras presentes en la exposición, más de cien trabajos de diferentes fases. El título rinde homenaje a un pequeño libro publicado por la artista en 1986, inspirado por la obra para piano homónima compuesta por Felix Mendelssohn. La muestra cubre todas las fases de su producción, desde los primeros ensayos con fuerte influencia expresionista hasta la abstracción con la que se hizo conocida.

Exposición Individual: Gisela Eichbaum  — imagen 1
Gisela Eichbaum. Pequeña bahía con los barcos y la ciudad de fondo, 1959. Guache sobre papel. 65 x 48 cm. (25 ½ x 18 ¾ pulgadas).

El vínculo con la música acompañó a Eichbaum toda su vida. Nacida en Manheim en 1920, inmigró a Brasil en 1935, traída por sus padres, ambos músicos, quienes continuaron con la enseñanza de este arte. Ella misma se dedicó al piano y demostraba su talento en los saraos que organizaba en su casa, a los que asistían artistas de renombre internacional. Como carrera, sin embargo, optó por transformar en pinceladas y grafismos los ritmos y melodías de los temas de su interés. El desarrollo de su obra demuestra un empeño cuidadoso y un encaminamiento hacia la abstracción conseguida paso a paso, con disciplina y entrega, como si ella pasara a la etapa siguiente solamente cuando estaba satisfecha con los resultados anteriores y siguiese adelante movida por el ansia de nuevos desafíos. Nada es abrupto. Al contrario, sus transiciones son suaves y mantienen siempre un núcleo fundamental: en su caso, el dibujo. Sus primeros trabajos, de los años 1940, evidencian la influencia del Expresionismo, movimiento de gran fuerza en Europa en las primeras décadas del siglo XX. En Terra Brasilis, Gisela se aproximaría a artistas con un lenguaje poético similar, como Karl Plattner, Lasar Segall y Yolanda Mohalyi, de quien fue amiga cercana; juntas trabajaron diversos proyectos en estrecha colaboración.

Observando la trayectoria de la artista llaman la atención algunos elementos permanentes en medio de la variedad de técnicas y temas que componen su producción. Los principales son los trazados de líneas de dibujo, que están presentes a lo largo de toda su obra. Inicialmente para estructurar la composición, como en las acuarelas Desesperación o Niña con muñeca, ambas de 1944, o en el gouache La adoración de los reyes magos, de 1957. En posteriores pinturas abstractas el trazo gana autonomía y estatus de protagonista, en fuertes grafismos monocromáticos que ejercen ritmos e intensidades diferentes. De cualquier manera, su trazo es omnipresente de las acuarelas a los gouaches y también en los experimentos que mezclan colores, tintas chinas y esferográficas. El papel fue su soporte preferido, a pesar de haber hecho algunas telas al óleo. Las dimensiones de sus trabajos son discretas, en una escala acogedora para el espectador, que puede relacionarse con éstos de manera más próxima y más humana, quizá más empática.

Los colores de Gisela Eichbaum pasan por una intensificación gradual; al principio, su paleta es rebajada, predominan las combinaciones discretas de tonos pastel, algo terrosos, que remiten a los colores de su Alemania natal. A medida que el paisaje tropical va siendo asimilado, la artista incorpora colores más osados, saturados y contrastantes entre sí. Sin embargo, incluso cuando usa colores intensos emana de sus trabajos una cierta melancolía, una melancolía coloreada, presente en los retratos y pinturas figurativas, con personajes sin sonrisas o sin rostro, paisajes urbanos desabitados y títulos como Mantenga silencio o La mesa vacía. Ya en los trabajos abstractos hay siempre un algo que no se consigue aprehender, como si esos “paisajes fantásticos” pertenecieran al reino del sueño, y se muestran a los ojos medio diáfanos, medio etéreos y claramente utópicos.

Fruto del matrimonio de Hans Bruch y la judía alemana Lene, ambos eximios pianistas, la joven Gisela y su padre vinieron a São Paulo en 1935 para reunirse con la madre, que ya había llegado al país huyendo de un ambiente político que comenzaba a perseguir los “matrimonios mixtos” y acabaría por tornarse mortalmente peligroso. Frecuentó el taller de Yolanda Mohalyi, de quien se tornó amiga cercana, y el Atelier Abstracción de São Paulo, fundado por Samson Flexor. A los largo de casi sesenta años de carrera, la artista recibió diversos premios, participó en tres bienales de São Paulo, innumerables salones y exposiciones colectivas en Brasil y en el exterior, y tuvo más de veinticinco muestras individuales. Falleció en São Paulo en 1996. Su legado es el de un camino recorrido con obstinación, que se separa de la figuración, no por presión de las tendencias, sino por la madurez natural de su lenguaje expresivo. 

SYLVIA WERNECK

Gisela Eichbaum, por Sylvia Werneck | artnexus