Exposición Individualmar 2014 - may 2014· Por Manuel Álvarez Lezama

Cacheila Soto

Museo de las Américas

Cuando en Puerto Rico se piensa arte erótico-feminista dentro de un original discurso pop posmoderno, inmediatamente nos viene a la mente, como la mayor y mejor exponente, la joven pintora/fotógrafa Cacheila Soto.

Aunque en la menor de las Antillas ha habido importantes precursoras y precursores de un arte erótico con la mujer como sujeto (arte que puede invitar a lecturas feministas) –María Penne, Luisina Ordóñez, Domingo García, Rolando López Dirube, Myrna Báez, Marimater O’Neill, Zilia Sánchez, y, después, artistas más jóvenes como Toña Ordóñez, Sofía Maldonado, Cristina Córdova y Monica Félix, sólo para mencionar algunos –, es Cacheila Soto quien con sus fotografías y pinturas nos hizo (y ahora nos vuelve a hacer) revaluar nuestras provinciales miradas sobre el arte erótico, el feminismo y los innombrables secretos/placeres de las mujeres.

Exposición Individual: Cacheila Soto — imagen 1
Cacheila Soto. Converge, 2008-13. Acrylic, oil-based paint on linen. 66 x 80 in. (167,6 x 203,2 cm.).

Desde sus primeras exposiciones, tanto las fotografías como las pinturas dentro de un pop-posmo muy suyo –minimalista y enormemente provocador– Cacheila Soto se toma unas impresionantes libertades para expresar distintos sentimientos de las mujeres. La inmediata reacción del público y de algunos críticos y conocedores del arte fue de asombro y desconcierto. ¿Cómo una joven artista se atreve a presentar este controvertible discurso en un Puerto Rico que siempre ha sido muy conservador para la desnudez, el erotismo y el sexo? Y la respuesta está en su filosofía de vida: su honesta convicción de que la mujer tiene todos los derechos para ser igual a los hombres, para ser mujer, para ser feliz, para gozar de la sensualidad, el erotismo y las sexualidades de su cuerpo (algo así como lo que ya en la Grecia clásica nos lo planteara la poeta Safo y nos lo recordara, en el siglo XIX, Flaubert a través de Emma en Madame Bovary).

Y esto lo vemos con gran claridad entendiendo el desarrollo y evolución de su numerosa e importante producción artística. Cacheila Soto ha ido avanzando, metro a metro, en la construcción de un discurso difícil –miremos lo que ha ocurrido con los videos de Shakira y Beyoncé– desde los puntos de vista estético y ético.

Cacheila Soto nació en Mayagüez (Puerto Rico) en 1979; se graduó de la Escuela de Arte de Puerto Rico en 2003, con un bachillerato en pintura, y con una enorme aceptación y reconocimiento por parte de sus pares, de de la crítica de arte local, de los coleccionistas y amantes del arte en general; obtuvo una maestría en museología de Caribbean University en 2010, y en el presente hace sus estudios doctorales en el Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico.

La joven artista –que tiene a su haber nueve exposiciones individuales tanto en Puerto Rico como fuera de su isla, y ha participado en un sinnúmero de proyectos colectivos– comienza a utilizar a los 17 años la figura humana, específicamente la de la mujer, dentro de una estética realista, sensual y erótica.

Cacheila Soto fue mi estudiante en la Escuela de Artes Plásticas de Puerto Rico. La acompañé, junto con otros estudiantes, en un viaje-beca que visitó ARCO y el Guggenheim de Bilbao. En ese viaje, y después, compartimos mucho. La he visto crecer y he celebrado su éxito. He escrito numerosos artículos sobre su obra, donde aclamo su profesionalismo, originalidad y valentía al crear unas metáforas de la esencia de la vida; la supervivencia, la belleza, el sexo, la fertilidad y las felicidades. Entonces, ¿por qué escribir otra vez de ella y sus pinturas? Por la sencilla razón de que en su última exposición, Morfopsicoanalogía, Cacheila Soto decidió exponer lo privado, lo prohibido (como diría Michel Foucault), de lo que no se habla, del autoplacer, de la masturbación femenina.

Como lo hiciera Balthus y después Eric Fiscal, Cacheila Soto crea en sus mejores obras de esta exposición pura poesía del éxtasis, del placer, de ese dulce dolor que sabe a miel y espadas. Algunas composiciones me llevan a recordar los gestos faciales y corporales de los Esclavos de Miguel Ángel –donde el Maestro logra combinar, en unos orgasmos sublimados, la felicidad y el dolor, la mayor totalidad del ser humano y los más aterradores vacíos–, esas “pequeñas muertes” que nos aclaran la vida.

En Morfopsicoanalogía, que estuvo abierta al público desde finales de 2013 hasta el 21 de febrero de 2014, Cacheila Soto se desviste y nos abre sus puertas tanto a la cotidianidad –convertida en magia y misterio– como a la intimidad sexual más grande: los autoplaceres sexuales y la masturbación. Obras del calibre de Adoración, Fusión, Sublime, Converger, Manifestación, Paralelismo, Expansión, Reminiscencia, demuestran claramente que esta artista ha dado un gigantesco paso en su carrera artística y en su vida personal. Creo que ha ayudado enormemente a sus pares –mujeres y hombres– y al público a reconciliarse con sus cuerpos, sus necesidades/apetitos/gustos sexuales y espirituales. Porque, como saben Cacheila Soto y su compañero, el reconocido artista puertorriqueño Mero, todos somos ardientes habitantes de la piel y de los deseos. 

MANUEL ÁLVAREZ LEZAMA

Cacheila Soto, por Manuel Álvarez Lezama | artnexus