Exposición Individualmar 2014 - may 2014· Por Ayelén Vázquez

Andrés Sobrino

Galería Del Infinito Arte

Continuando sus exploraciones artísticas dentro de la abstracción geométrica, el artista tucumano Andrés Sobrino (1967) presentó su última producción en las salas de la Galería Del Infinito Arte. Exhibió un conjunto de pinturas realizadas con esmalte sintético sobre madera multilamidada, donde desarrolló un estudio, más intuitivo que matemático, de las propiedades de las figuras geométricas en la superficie plana. Utilizó diagonales, horizontales, verticales y, principalmente, triángulos para indagar su valor formal, tanto como figura dentro las composiciones o como estructura del marco recortado. Trabajo que se vio enriquecido por la perspicaz selección del esmalte para realizar las pinturas, lo cual proporcionó una superficie plana, brillante y de apariencia industrial. A diferencia de obras anteriores –como las realizadas con cintas, donde la construcción y el resultado se relacionan e interponen como estrategia deconstructiva–, en esta serie la instancia de construcción no se hace evidente, pero sí debemos destacar la importancia material del acabado del esmalte sintético.

El trabajo a partir de la combinación de formas geométricas elementales, basado en el orden, la simplicidad y apariencia industrial, reactualiza las investigaciones llevadas a cabo por el minimalismo. Pero ésta no es la única analogía con el arte moderno: es prácticamente imposible observar su obra –compuesta por una cuadrícula de rectas negras sobre fondo blanco– sin pensar en Piet Mondrian (1872-1944), artista al que se alude reiteradamente en su producción. Del mismo modo que se hace evidente la cita de la tradición de arte abstracto argentino en sus búsquedas en torno al marco recortado.

Exposición Individual: Andrés Sobrino  — imagen 1
Andrés Sobrino. Sin título, 2013.Esmalte sintético sobre multilaminado.

La producción de Sobrino se encuentra en continuo diálogo, y se construye a partir del intercambio, de las referencias. No sólo por su relectura de las principales corrientes del arte abstracto del siglo XX sino por la relación que establece entre sus propias obras en el espacio de exposición. Es admirable la inteligencia manifiesta a la hora de disponer los trabajos en la sala. Esta capacidad le permite potenciar la fuerza de cada una de las obras a partir del diálogo. Una pieza interfiere en la lectura de la otra; incluso, la pared de la galería funciona como soporte de las figuras geométricas desplegadas. La transformación del espacio expositivo permite pensar el conjunto de la muestra como una gran instalación pictórica, donde los planos de color se liberan y funcionan como objetos escultóricos. Implica una inscripción topológica de la obra y manifiesta una sensibilidad por el espacio circundante y un trabajo al nivel del contexto, dado que el montaje involucra una selección, un orden y la continuidad de los trabajos en el espacio. En relación con esto, es interesante recordar lo propuesto por David Hume en “Sobre la norma del gusto” (1757), donde destaca que un espectador crítico debe ser capaz de aprehender cada una de las partes de una obra y compararlas entre sí con el fin de percibir el conjunto. Si bien el filosofo del siglo XVIII da central importancia a la capacidad de captar los mínimos detalles, también observa la necesidad de aprehender la totalidad de la obra. En el caso de la exposición de Sobrino, podríamos destacar la importancia de observarla en su conjunto.

Además del arte moderno existen otras relaciones que enriquecen su relectura del lenguaje abstracto, como la cercanía con el diseño gráfico o la referencia a algunas formas y colores y a las señales de tránsito urbanas. No es una proximidad desde el contenido sino a partir del código visual que ellas utilizan. Las “señales” de Sobrino organizan el espacio de la sala sin una decodificación racional posible, a partir de una comunicación más intuitiva con el espectador.

Reducidas a lo esencial y despojadas de ornamento, podemos concluir que son pocos los elementos elegidos por Sobrino para la construcción de sus obras, que, más que por el rigor matemático, parecieran ser el resultado de una intensa reflexión y observación detenida. Elige estrategias de producción basada en la investigación de lo mínimo destacándose así sus trabajos por la resolución de la forma y del color. La economía de recursos es la estrategia productiva que le permite potenciarlos y que cada uno de ellos tenga un rol fundamental. 

AYELÉN VÁZQUEZ

Andrés Sobrino, por Ayelén Vázquez | artnexus