Exposición Individualmar 2014 - may 2014· Por Alessandra Simões

Amilcar de Castro

Silvia Cintra + Box 4

“Los pintores ven el mundo a través de los colores. Soy escultor. Veo el mundo a través de las líneas”. Fue con base en esta afirmación, hecha por Amilcar de Castro (1920-2002), que la galerista Silvia Cintra organizó la exposición Amilcar de Castro en la galería Silvia Cintra + Box 4, Río de Janeiro. Marchante del artista hace más de treinta años y custodia de su expolio, Silva le oyó esta frase en cierta ocasión al mismo Amilcar. Y a partir de esta idea entretejió la interrelación entre los diversos soportes utilizados por el artista en más de cinco décadas de trabajo.

La muestra, que reúne trece obras (ocho esculturas en madera y dos en acero Corten, y tres dibujos), busca enfatizar el pensamiento escultórico de Amilcar, incluso en las piezas bidimensionales. Es esto lo que expresan los dibujos de las series Líneas y Sobre, creadas en la década de 1990, como una propuesta de revisión del período neoconcreto de los años 1950. Si los dibujos revelan su carácter escultórico, por medio de líneas que dialogan con el espacio, las esculturas tienen su origen en el dibujo. Revelan, así, las infinitas posibilidades del plano, preocupación primordial en toda la carrera del artista.

Exposición Individual: Amilcar de Castro — imagen 1
Amilcar de Castro. Sin título, 1990. Corte de bloques en madera – Macaranduba. 29,5 x 37,8 x 7cm. (11 ½ x 14 ¾ x 2 ¾ pulgadas).

Amilcar nunca realizaba una escultura sin el proyecto sobre papel, que también era utilizado para hacer los dobleces previos, simulando la escultura futura. Como otros nombres de la tradición constructiva, fue artista gráfico y diagramador, con proyectos que se insertan en la tradición del diseño gráfico del modernismo histórico, como la Bauhaus y la Escuela de Ulm, en Alemania.

Tanto en las esculturas como en las pinturas y los dibujos, Amilcar se destacó por crear una obra peculiar, que tiene como principio determinados presupuestos concretos: la opción por formas geométricas, la expresión directa, las líneas estructuradas. Sin embargo, el artista abandonó manifiestamente la ortodoxia racionalista para dar campo a la pulsión en la obra. Como otros artistas, firmó en 1959 el Manifiesto Neo-Concreto, imprimiendo elementos libres a su trabajo, de manera cada vez más enfática. Amilcar creaba geometrías sensibles que generaban expresiones del espacio.

En sus esculturas, en lugar de adicionar o sustraer materia, Amilcar partía de un plano (circular, rectangular, cuadrado, etcétera) que era cortado y/o doblado, formando el objeto tridimensional. En este movimiento, el artista articulaba cortes y dobleces del material con los vacíos del espacio, confiriendo intensa unidad interna a la escultura. El uso de láminas únicas, la ausencia de soldadura y la superficie oxidada provocada por la acción del tiempo enfatizaban el carácter peculiar de su trabajo. Es decir, en lugar de partir de la idea consagrada por el concretismo del énfasis en la materia, Amilcar creaba su obra a partir de su relación con el mundo natural.

En los dibujos, el artista también experimentó diversas posiciones y configuraciones, incluso firmando las obras en varios lados. La posibilidad de colocar el dibujo libremente era otro indicio de la relación del plano bidimensional con la propuesta escultórica. Los dibujos se constituían a partir de trazos gestuales, y elementos simples evocaban dramatismo. Los estudios con Alberto da Veiga Guignard (1896-1962) en los años cuarenta, en la “Escuela del Parque” en Belo Horizonte, fueron fundamentales para darle esta dirección. El maestro mineiro le enseñó a dibujar con lápiz duro, sin borrador y con trazo firme. No pudiendo corregir la línea, la mano adquiría precisión. Y Amilcar consiguió tener una línea tallada, tridimensional.

Un dato interesante en esta exposición es la presencia de esculturas en acero Corten (aleación de hierro con carbono). El material fue utilizado por el artista, principalmente, a partir de los años setenta, debido a su preocupación con la durabilidad de las obras. Consiguió efectos semejantes, incluso sin la oxidación típica del hierro, material que utilizó previamente por su carácter ancestral, típico del estado de Minas Gerais. El artista acostumbraba decir que en Minas todos sabían forjar el hierro. Incluso, con el nuevo material, más maleable, Amilcar mantuvo la idea de energía viva conferida a las piezas mediante el conflicto entre espacios llenos y vacíos. Al final de su carrera, creó incluso obras de tamaño monumental, extendidas horizontalmente sobre el suelo, en diálogo con el paisaje. Como afirmó el poeta y colega Ferreira Gullar, en la revista Módulo, en 1961: “Sus formas son monumentales sin ser retóricas, son pesadas sin tener masa, son dramáticas sin valerse de ninguna figuración convencional del drama”.

Esta exposición, sucinta y coherente, prueba que todas las esculturas de Amilcar se originaban en dibujos. Se puede decir que la muestra es una pequeña oda íntima al artista, como afirmó la misma galerista, una de las mayores conocedoras de su obra: “Decidí reunir grandes pasiones de Amilcar. Trabajos que terminaba de hacer y me llamaba para celebrar”, cuenta ella, quien, junto con el Museo de Arte Moderno de Río, está organizando una gran retrospectiva del artista para el segundo semestre de 2014. 

ALESSANDRA SIMÕES

Amilcar de Castro, por Alessandra Simões | artnexus