Catorce esculturas de alabastro, mármol y resina, más once dibujos de la artista peruana Alicia Ehni, se exhibieron en la galería Frederico Sève, siendo esta la primera muestra individual de la artista en Nueva York. Mediante la yuxtaposición de formas geométricas derivadas de cubos, cilindros, pirámides y esferas, Alicia Ehni –graduada de Pratt Institute en 1999, luego de haber estudiado seis años en la Pontificia Universidad Católica del Perú– genera objetos abstractos que varían desde 20,3 x 20,3 x 5 centímetros, los más pequeños, hasta 28 x 28 x 82, 5 centímetros, los más grandes. El resultado son esculturas que, al representar abstracciones geométricas, recuerdan tanto la cerámica como el textil del Perú prehispánico. Así, al operar desde el componente “abstracto” como punto de partida por su analogía con la historia cultural y visual local, Ehni desarrolla un lenguaje binario que, por un lado, se refiere al legado visual de la región y, por el otro, a su memoria respecto al paisaje peruano.
Curada por Petterson Smith y titulada Mapping Stone, la exposición se compone de tres series, constituida cada una por un material diferente: alabastro, mármol o resina. Si bien las tres series coinciden formalmente en su abstracción geométrica y en el blanco de sus superficies, cada una tiene como referente un objeto diferente; un aspecto singular del paisaje peruano. Así, la luna, las piedras y las montañas componen el imaginario escultórico que Alicia Ehni exhibe a modo de inventario.

Panamerican Highway es el nombre de la serie creada con alabastro. Constituida por cinco esculturas pequeñas, estos objetos representan piedras que podrían encontrarse, eventual y/o simbólicamente, en la ruta Panamericana. Siendo una carretera de 25.800 kilómetros de largo que vincula diez países del continente americano, en cada país la distancia entre un punto y otro se mide de manera diferente. Ehni, quien desde 1998 reside en Nueva York, recuerda que durante su infancia, el tramo peruano estaba lleno de rocas, y en aquellas piedras se inscribía con marcas blancas el kilómetro específico de la carretera respecto a Lima. En la memoria de Ehni, las distancias entre un punto y otro indicaban, no una referencia espacial de carácter informativo respecto a Lima –cuestión que reafirmaría la centralización del poder–, sino los diferentes paisajes que recorre la carretera, señalando con ello el valor y la riqueza de la gran variedad geográfica del Perú. Desde el desierto hasta la sierra, y desde la selva hasta el mar, Alicia Ehni toma como referente el paisaje que circunda un kilómetro específico de la Panamericana para crear formas híbridas entre piedras y paisajes. A su vez, la combinación entre información específica (kilómetros) y la variedad de rocas en el camino (lo orgánico) lleva a la artista a analizar la relación entre paisaje y geopolítica, reflexionando sobre las relaciones entre distancia, paisaje y cartografía.
En la serie de esculturas de mármol llamada Turning Stones, siete esculturas de formato variable representan un ciclo y sus diferentes fases de formación. Para Ehni, estas obras “parten de la idea de que cuando ves la luna, aunque no la veas toda, no significa que el resto no exista; algo puede estar completo a pesar de no tener todas las partes”. Así, Ehni genera espacios negativos que se vuelven visibles, debido a la continuidad de las líneas escultóricas, incitando en la mirada del espectador el deseo de continuar el ciclo. Para Ehni, esta serie se relaciona con el desierto de Paracas, cuya superficie se asemeja a la superficie lunar. Finalmente, dos esculturas verticales –las más grandes de la exposición– están hechas de resina. A diferencia de Panamerican Highway y Turning Stones, estas esculturas no son rocas ni objetos que se asemejan al suelo del desierto sino montañas, pequeños fragmentos verticales que parecen arquitecturas modernas de filudos cortes blancos. Junto a las esculturas, once dibujos montados diagonalmente sobre delgadas repisas blancas acompañan las tres series, señalando el proceso de creación de algunas de las esculturas.
A pesar de las diferencias materiales y referenciales de las tres series, tanto el juego de luces y sombras como la abstracción geométrica de cada una de las esculturas hacen que las unidades se unifiquen en un todo, en un relato que explora la memoria de la artista respecto al paisaje físico y mental de Perú. Ehni, mediante sus blancas composiciones geométricas, invita al visitante a recorrer montañas, piedras y fases lunares en la superficie del desierto, abriendo su memoria hacia a un diálogo directo y sensible con el espectador.
FLORENCIA SAN MARTÍN
