Waldemar Cordeiro (1925-1973) dejó como legado un trabajo en el cual ética y estética van juntas. Es lo que se puede constatar recientemente en una de las exposiciones más completas realizadas sobre el artista, en el Instituto Itaú Cultural, en São Paulo. La retrospectiva Waldemar Cordeiro: fantasía exacta recorrió en detalle la trayectoria de este “artista-mentor”, uno de los más prolíferos entre las décadas de 1940 y 1970 en Brasil, quien dejó huella práctica y teórica en el concretismo paulista, en el paisajismo moderno y en los inicios del arte electrónico.
La exposición, curada por Fernando Cocchiarale y Arlindo Machado, incluye materiales inéditos, y, con un extenso panorama sobre la trayectoria del artista, muestra que Cordeiro siempre actuó como pionero, equilibrando creación y reflexión, mediante obras de arte, textos críticos y políticos, estudios y dibujos. La exposición define la ubicación peculiar de Cordeiro en la historia del arte brasilero del siglo XX: es decir, la de una figura central que transitaba continuamente del campo de la producción artística al de la reflexión teórica, como pocos artistas lo hicieron.

Cordeiro contribuyó doblemente en la construcción de la tradición estética brasilera. Como artista y teórico, procuró en todo momento de su carrera enfatizar el papel social del arte. Es fundamental observar su trayectoria para entender las transformaciones sociales y culturales brasileras en la segunda mitad del siglo XX, especialmente mediante las relaciones entre arte y sociedad industrial. Para él, vida y estética se integraban más allá del arte, y eso se puede ver en las relaciones entre el concretismo y lenguajes como el diseño, la arquitectura y el paisajismo.
Nacido en Roma, pero registrado en el Consulado brasilero, Cordeiro vino a São Paulo en 1946, para conocer a su padre, que era brasilero. Sus obras eran todavía claramente figurativas y de cuño expresionista. Viajó a Roma en 1948 y optó por la ciudadanía brasilera. Al volver a São Paulo, fundó el Art Club, promoviendo el intercambio cultural con el exterior.
El artista participó activamente en la vida cultural brasilera en áreas como el diseño, la ilustración, el paisajismo y la crítica de arte. El momento más importante en su trayectoria artística correspondió al abandonó del expresionismo para abrazar la causa del arte concreto. Para entonces, con la convicción del papel social transformador del arte por medio de lo “nuevo”, Cordeiro se convirtió, en 1950, en uno de los mentores del Grupo Ruptura, que se opuso al realismo social de artistas como Portinari y De Cavalcanti y a la abstracción lírica.
El 9 de diciembre de 1952, en el Museo de Arte Moderno de São Paulo, fue inaugurada la exposición Ruptura, organizada por un grupo de artistas, la mayoría de origen extranjero, residentes en la ciudad: los polacos Anatol Wladyslaw (1913-2004) y Leopoldo Haar (1910-1954), el austríaco Lothar Charoux (1912-1987), el húngaro Féjer (1923-1989), además de los brasileros Geraldo de Barros (1923-1998) y Luiz Sacilotto (1924-2003). Cordeiro era el portavoz oficial del grupo. A pesar de cierta reacción pública negativa hacia la muestra, hay que recordar que la consagración de las tendencias abstractas, sobre todo la vertiente geométrica, en la 1ª Bienal del Museo de Arte Moderno de São Paulo (posteriormente Bienal Internacional de São Paulo), en 1951, ya indicaba que la discusión “figuración versus abstracción” tendía a ser superada.
En el manifiesto Ruptura, escrito por el propio Cordeiro, queda claro que el debate debería darse dentro del propio concepto de abstracción. Basado en el pensamiento del artista suizo Max Bill (1908-1994) y en teorías como la de la visibilidad pura del filósofo alemán Konrad Fiedler (1841-1895), y los principios de la psicología de la Gestalt, el artista negaba “todas las variedades e hibridaciones del naturalismo”, además de la “no figuración hedonista, producto del gusto gratuito”. Es decir, el grupo combatía hasta la abstracción informal, algo inédito en el arte brasilero.
Rechazar el simbolismo estético sería la forma de enfatizar el carácter comunicativo y democrático del arte. Ese pensamiento se prolongó en la obra de Cordeiro hasta mediados de los años sesenta, cuando se posicionó críticamente en relación con el concretismo, proponiendo cuestionamientos venidos de las tendencias neofigurativas internacionales. Como él mismo afirmaba, la nueva figuración no representaba, sino que presentaba la realidad. Con este objetivo, el artista creó los “popcretos”, chatarras ordenadas que componían un “arte concreto semántico”. Esas nuevas estructuras significantes abordaban problemas sociales, como la alienación del individuo y el consumismo impuestos por los medios de comunicación masiva.
Cuando el artista realizó los primeros experimentos de arte electrónico en Brasil, en los años setenta, afirmó que este lenguaje, bautizado por él mismo como “arteónico”, tenía antecedentes metodológicos en el propio arte concreto. Para él, el impacto de las nuevas tecnologías en el campo del arte se reflejaría en la incorporación de nuevos circuitos de difusión. Los “arteónicos” expuestos en esta muestra comprueban, una vez más, que Cordeiro puso su arte al servicio de la crítica social, investigando no solamente su potencial visual, sino su papel político y transformador.
ALESSANDRA SIMÕES
