Hace 100 años,
el panorama del sistema ferroviario en México era muy distinto al actual. La
red de comunicación iba en aumento y contaba, como parte de su entramado, con
destacados ejemplos de ingeniería en el ámbito mundial. El tren era símbolo de
progreso; un progreso que parecía conquistar, a través de rieles y durmientes,
el país entero. Prueba de esto es la pintura realizada en 1881 por José María
Velasco, donde se aprecia un tren, encabezado por una locomotora de carbón, que
atraviesa un terreno aún salvaje mientras se desplaza sobre el Puente de
Metlac, estructura que da título
a esta pintura. Hacia 1910 el tren adquirió
una nueva significación a partir del papel crucial que tuvo durante la lucha
armada de la Revolución. El Estado posrevolucionario creó, así, un mito de esta
máquina, relacionándola con el cambio social. Esta percepción del tren fue
difundida tanto en el terreno del arte como en la literatura y el cine. Dicha
construcción mítica perdura hasta nuestros días, tal y como quedó comprobado
con un billete conmemorativo emitido por el Banco de México en 2010, donde
aparece una imagen de carácter heroico de una locomotora. En ese mismo año,
cuando se celebraba el bicentenario de la Independencia y centenario de la
Revolución, Iván Puig y Andrés Padilla comenzaron las primeras exploraciones de
su proyecto SEFT-11, con el fin de evaluar, a través de distintos
viajes de estudio por las ruinas de lo que fue ese grandioso sistema
ferroviario, el devenir de las ideas sobre progreso y cambio revolucionario
contenidas en la figura del tren a, por lo menos, un siglo de distancia. Contra
los ideales inicialmente formulados, el contraste entre estas dos
temporalidades no equivale –tal y como se puede apreciar con los resultados
finales del proyecto en su conjunto– a una continuidad en el desarrollo ni en
el “progreso”, sino más bien a un proceso de empobrecimiento y creciente
marginación.

La SEFT-1 (Sonda de Exploración Ferroviaria Tripulada) es un vehículo diseñado por Puig y Padilla capaz de desplazarse tanto en la autopista como sobre las vías férreas. La apariencia de este transporte, tanto interior como exterior, remite a una estética propia de la ciencia ficción; principalmente, a los vehículos habilitados para desplazarse sobre la superficie de satélites y otros planetas. Como científicos que exploran terrenos nunca antes vistos, Puig y Padilla levantaron bitácoras y registros (a través de la fotografía y el video) de las distintas exploraciones que realizaron en las diferentes líneas que atraviesan el país, así como hicieron un levantamiento y recolección de objetos y otros materiales encontrados a lo largo de sus rutas. Todo este material de documentación podía ser consultado por cualquier persona, casi de manera inmediata a su registro y hallazgo por parte de los autores, a través de la página de internet del proyecto. Esta estrategia puede ser vista como una actualización, asistida de la tecnología de telecomunicación contemporánea, de las actividades de los artistas viajeros que existieron hasta el siglo XIX, donde se conjugaban investigación científica y solución plástica.

Los resultados de varios meses de viaje a través de los restos del sistema ferroviario mexicano pueden ser vistos, en gran medida, como de carácter documental. Los artistas realizaron innumerables entrevistas a personas que explicaban cómo era la vida en sus comunidades antes de los años noventa, década en la que se privatizó por completo la red y concluyeron los viajes de pasajeros a gran escala. Poblaciones poco accesibles a través del sistema carretero, que antes se encontraban comunicadas gracias al tren, quedaron repentinamente marginadas. Una red que en una época significó progreso, cambio y abundancia material, de pronto empezó a experimentar, a lo largo de su trazo, un proceso de pauperización, aislamiento y desintegración; justamente lo opuesto a las promesas e ideales contenidos en la imagen del tren. Puig y Padilla recurren a múltiples soluciones, más allá del registro documental, para enfatizar este contraste; realizando así un comentario crítico al estado actual de las cosas. Un ejemplo de estas estrategias es la cita que elaboraron, a través de la fotografía, de la pintura El puente de Metlac de Velasco. Los artistas posicionaron la SEFT-1 en el mismo ángulo en el que el artista del siglo XIX ubicó la locomotora de carbón en su composición. La imagen final produce un extrañamiento al descubrir la particular máquina de aspecto futurista dentro del paisaje tropical. Sobre todo, la pieza expone el mal estado actual de la estructura, presa de su desuso y abandono, y la contrasta con la estructura original –prácticamente nueva– que aparece en la pintura de 1881.

Desde la primera vez que se expusieron los resultados del proyecto de la SEFT-1, en el Museo Nacional de Arte, en 2011, los artistas han recurrido a una instalación que presenta algunas de las fotografías y varios de los videos realizados durante las exploraciones, computadoras con acceso a su página de internet, intervenciones gráficas en los muros, así como el arreglo de las muestras materiales recolectadas en los trayectos. Con esto crean un espacio cargado de información que, entre otras cosas, expone una visión panorámica de la situación actual del país a través de las ruinas del sistema ferroviario nacional, que lo atraviesa de norte a sur y de costa a costa. De esta forma, el proyecto muestra desde la geografía convulsa del norte del país, a partir de los conflictos con el crimen organizado, hasta una arquitectura espectacular y maniaca construida en el centro del territorio nacional para celebrar el Bicentenario y el Centenario. Del mismo modo, en las instalaciones de su proyecto se puede detectar de manera más clara la conexión que los artistas buscan entablar con una narrativa asociada a la esfera de la ciencia ficción. Como exploradores, después de una expedición a un lugar remoto y desconocido, los artistas presentan sus hallazgos: objetos que someten a una nomenclatura y clasificación de su propia autoría y que son puestos en exhibición a la manera de antiguos gabinetes. Los objetos se prestan a un juego de asociaciones libres por parte del espectador, aunque en su mayoría coinciden con representaciones de ruinas, desperdicios, detritos, obsolescencia y muerte. Los objetos –tecnologías en desuso, mercancías vueltas desperdicio por los efectos del clima, huesos de animales– refuerzan la intención de señalar cómo la idea del progreso, en los últimos cien años, no ha traído consigo ni avance, ni bienestar, ni desarrollo. Esta reflexión también es abordada a través del humor; algo que es apreciable, por ejemplo, en la fotografía donde el letrero que anuncia el nombre de una población, “Marte”, es utilizado para mantener amarrado a un burro.

El proyecto de la SEFT-1 también ha operado en el sistema ferroviario de Ecuador, donde los artistas realizaron exploraciones en tres de sus redes, en 2012. Aunque provocado por circunstancias particulares y específicas, el panorama actual de la red ferroviaria ecuatoriana no dista mucho del caso mexicano. Esto es apreciable en la documentación y el registro de estas rutas, que pueden ser consultados en la página de la SEFT-1. Desde inicios de su carrera, Iván Puig ha realizado una serie de trabajos, conocida como Historias de América Latina, que revisa experiencias históricas compartidas entre distintos países de la región, como Parallantos, una pieza que puede funcionar tanto en el contexto mexicano como en el de Colombia, donde se presentó por vez primera en 2009, al centrarse en el análisis de la violencia compartida entre ambos países a partir del enfrentamiento entre el crimen organizado y el Estado. A través de las exploraciones en Ecuador, la SEFT-1 se inscribe dentro de esta línea de su producción. En caso de que este proyecto sucediera en otros países latinoamericanos, es probable que los resultados fueran similares. Además de contemplar historias locales, el proyecto de la SEFT-1 subraya procesos históricos comunes en la región; en este caso, haciendo evidente el privilegio del desarrollo carretero, por lo menos desde la posguerra, así como el deterioro de la infraestructura pública a partir de las medidas neoliberales implementadas regionalmente como política económica desde los años ochenta.

Recientemente, Puig y Padilla presentaron el proyecto de la SEFT-1 en la ciudad de Cuernavaca, en el estado mexicano de Morelos. Para este proyecto, por primera vez, los artistas no recurrieron a la instalación que comúnmente utilizan para exhibir los resultados de su investigación. Al presentarse en una estación abandonada, los artistas recurrieron a una solución que contempló la intervención del espacio de exhibición. La estación de trenes de Cuernavaca, abandonada hace más de una década, sufrió un incendio hace un par de años que la dejó en estado de total ruina. Después de años de estar inactivo, los artistas habilitaron la electricidad del edificio, iluminando y dando un protagonismo nunca antes visto a la arquitectura; hoy transformada en una ruina. También intervinieron el plano arquitectónico original del edificio, de principios del siglo XX, de tal forma que la imagen diera testimonio de su destrucción y deterioro actual. Con el fin de subrayar el contraste temporal que permea su propuesta, los artistas colocaron una imagen de la estación de trenes en su época de bonanza en uno de los cuartos más dañados del inmueble. Paralelamente, realizaron una pieza sonora que contiene la descripción hecha por uno de los antiguos trabajadores de la estación, en la que narra las características originales del espacio, su mobiliario y operación cuando se encontraba activa. Los artistas, además, imprimieron un póster que fue presentado en una marquesina de cine, como si anunciara un próximo estreno, donde se leía la advertencia: “Hoy se construyen las ruinas del futuro”. Esta frase anticipa la actividad de otros individuos que, como Puig y Padilla, se aventuren a investigar y ponderar el devenir de nuestras ideas de progreso en el futuro.
NOTA
1. SEFT -1 se desarrolla desde 2010-2013.
* Todas las imágenes que ilustran este texto son cortesía de los artistas y Arróniz Arte Contemporáneo, México.
DANIEL GARZA USABIAGA
Doctor en Historia y Teoría del Arte. Coordinador de Artes Visuales del Museo Universitario del Chopo en el DF.

