Otra vez nos encontramos ante uno de los artistas jóvenes más importantes de Puerto Rico: Omar Velázquez (Isabela, 1984, y ahora residente de San Juan), artista que, efectivamente usando múltiples medios y medios mixtos, logra presentar mensajes contundentes de corte social, político, económico, ecológico y existencial para que veamos el abandono/deterioro urbano en que vivimos. Por casi una década ya, su provocadora obra se ha expuesto en importantes bienales, trienales, ferias y exposiciones tanto en su isla natal como en Japón, España, Macedonia, Argentina, México y Estados Unidos (Miami, Nueva York, Boston), demostrando que éste es un mal común en casi todas las sociedades.
Conocemos a Omar Velázquez desde sus tiempos de estudiante de Bellas Artes en la Universidad de Puerto Rico-Recinto de Río Piedras (donde enseño desde 1988). Se concentró en artes gráficas, específicamente, en el grabado. Omar Velázquez inmediatamente se destacó por la calidad y los temas de sus grabados y por llevar el grabado a una tridimensionalidad muy acertada.

Sus temas eran los problemas sociales, políticos y económicos en las áreas urbanas en total abandono, que destruían la fibra moral de gran parte de la sociedad puertorriqueña.
Aquí teníamos grabados de gran formato que nos retrataban parte de la realidad de un Puerto Rico venido a menos, en parte por la rampante corrupción política, las brutales injusticias sociales y las drogas. También recuerdan sus bancos con mendigos/ambulantes/ vagabundos/habitantes de la calle durmiendo: esculturas de gran formato hechas con papel y madera y cubiertas con sus impresionantes grabados.
Omar Velázquez es un artista polifacético que no se cansa de hacer arte y de experimentar con todo. En su estudio vemos una serie de proyectos que corren a la vez, proyectos que lo llevaron a exponer en 2011 Al borde, en el Museo de Arte Contemporáneo de Puerto Rico, y Trash, en Recinto Cerra, espacio alternativo de gran popularidad, en Santurce (San Juan). Este año obtiene, con su proyecto Pariah, la beca Lexus, que, aunque muy limitada en fondos (US$9.000), es muy cotizada por los artistas emergentes porque les da la libertad de trabajar en su proyecto y luego exponerlo en uno de los museos importantes de Puerto Rico.
También presenta su obra en dos exposiciones de importancia: Undo, en la Galería de Arte de la Universidad del Sagrado Corazón, y Solista…pero no solo, con Bobby Cruz, en la Galería Espacio 304. Hoy reseñamos Undo, que ha tenido una excelente acogida, aunque su propuesta en esta exposición, por ser tan realista en cuanto a lo negativo de la realidad puertorriqueña, es un poco difícil y penosa.
Undo, lo que hacemos en las computadoras para “borrar” lo que hemos hecho, es el título de esta exposición. ¡Qué bueno si pudiéramos undo (deshacer) lo que hemos hecho con nuestras comunidades, cascos urbanos, ciudades, sociedades, naturaleza! Pero ya es casi imposible. Lo que quiere Omar Velázquez es mostrárnoslo, criticarlo y convencernos de que hay tiempo de hacer algo o parar en seco.
Para lograr las más de una docena de obras expuestas en esta exposición –gráfica en papel (xilografía, serigrafía) pegada al lienzo, medios mixtos, instalaciones, construcciones, objetos encontrados y trabajados–, el artista tuvo que llevar sus metáforas de la estética callejera a un máximo total, convirtiéndolas en controvertibles pero efectivas obras que se vuelven radiografías de nuestra sociedad.
En su ensayo para el catálogo de Undo, el artista Abdiel Segarra señala: “[Omar Velázquez hace consciente] al público, a través de su obra del ‘adentro’ y el ‘afuera’, de lo que se entiende como arte”. Recrea espacios en deterioro, los desperdicios/chatarra (una palabra muy de moda en la realidad de Puerto Rico desde el año 2000) alojados en estructuras, un sentido de fatiga, de habernos rendido, de que “no se puede”.
La palabra que mejor define a Undo (siete obras se titulan Undo) y que es el hilo conductor de su obra reciente –toda de 2013– es abandono. Cómo usamos las cosas y las abandonamos, las desechamos en sitios públicos o abandonados, creando una realidad que nos va horadando/destruyendo, hecha de desechos, desperdicios, basura por dondequiera.
Aunque todas las obras son de peso, nos llamó la atención Patches, cuatro paneles de madera que usamos para construir o para tapar edificios abandonados o resguardarnos de los huracanes, entintados y trabajados. La otra obra que se distingue enormemente es Ouroboros, de corte postmo-pop (hecha con un conducto de aire y espuma de dimensiones variables), donde el artista crea lo que puede verse como un salvavidas, una balsa rosada, o un doughnut (rosquilla) gigante à la Claes Oldenberg. Pero Ouroboros es una metáfora de Omar Velázquez de la vieja imagen de la serpiente tragándose su propia cola.
Undo es ante todo una exposición donde te enfrentas a lo que te rodea, aunque esté dentro de estructuras cerradas, donde te das cuenta del desperdicio, la falta de iniciativas, la falta de supervisión, el “no es mi responsabilidad”. Pero ante todo, Undo es una exposición donde nacen y crecen ideas y posibles soluciones. Es la manera como un artista nos señala que se puede hacer Patria.
MANUEL ÁLVAREZ LEZAMA
