Exposición Individualdic 2013 - feb 2014· Por Victoria Verlichak

Natalia Cacchiarelli

Galería Vasari

Las vibrantes líneas de las obras de Natalia Cacchiarelli (Argentina, 1971) trasuntan una simultánea apariencia de inestabilidad y de perfección. Crean mundos capaces de reavivar la mirada y liberar la mente y resumen una sencillez que no es tal. Las doce nuevas piezas de la artista fueron exhibidas en galería Palatina, en paralelo a la colectiva Geometrías: desvíos y desmesuras (Fundación OSDE), que subrayó el recuerdo de los 100 años de la aparición de las formas geométricas esenciales, marcada por el movimiento suprematista tras las ideas de Kazimir Malevich.

En el contexto cultural argentino, la abstracción surgió de la original asimilación y transmutación de las vanguardias europeas de principios del siglo XX y se manifestó alrededor de los años veinte con Emilio Pettoruti y Xul Solar, quienes frecuentaron escenarios cubistas y futuristas en Europa. Luego de las propuestas del arte concreto de los años treinta con Juan del Prete y Yente (Eugenia Crenovich), otros artistas constructivos crearon la Asociación Arte Concreto-Invención y Grupo Madí, en los cuarenta, deseosos de cortar con la representación de la realidad y con cualquier huella de subjetividad. En ese sentido, los artistas argentinos constructivos de la década de los cuarenta tenían preocupaciones estéticas e, incluso, políticas; ellos creían que el fin de la representación podía cambiar el curso de la historia (por ejemplo, combatir al capitalismo, cambiar positivamente la sociedad). Los artistas actuales, locales, que transitan la abstracción geométrica, ciertos rasgos de la escultura constructivista, vertientes de neoabstracción, una suerte de posminimalismo (a la manera de Frank Stella, que alguna vez dijo –refiriéndose a sus tempranas pinturas con rayas– que “todo lo que hay que ver es lo que se ve”), no parecen querer tomar los asuntos del mundo en sus manos.

Exposición Individual: Natalia Cacchiarelli — imagen 1
Natalia Cacchiarelli. Sin título, 2013. Acrílico sobre tela. 100 x 100 cm. (39 ¼ x 39 ¼ pulgadas).

Ajena a todo intento de representación, en sus obras Cacchiarelli indaga acerca de la naturaleza misma de la pintura. “Trabajo al máximo investigando sobre variaciones cromáticas y sobre la línea, sin querer significar nada”, dice. En su búsqueda de síntesis y experimentación, la artista persiste en una pintura en el plano, que hace crecer la sensación de volumen y/o falsas perspectivas que generan efectos ópticos. Las obras en acrílico, sobre tela o papel, discurren entre la serialidad y la reducción de los elementos formales, quizá, como una manera de expresar la búsqueda de lo esencial. Además de las pinturas, en galería Palatina muestra tres impresiones digitales sobre papel de algodón, con formas que se encuentran como suspendidas en el mismo plano, pero que son independientes entre sí.

Los colores tierras, azules, grises, turquesas, rojos, amarillos, se suceden con distinta cadencia e intensidad en cada una de las piezas pobladas de decenas de rayas y rayitas, líneas y puntos, perfiles y franjas, barras. Las obras de esta serie, nuevamente, reflejan una estética de lo mínimo e interpelan al observador por su despliegue colorido, tan vivaz como sensible. “En mi trabajo se manifiestan dos constantes: obsesión y repetición, que devienen en orden, acumulación y asociación de elementos básicos”, señala la artista, que comenzó a exhibir en la década de los noventa, primero en su natal Bahía Blanca, y luego en espacios no convencionales de Buenos Aires como integrante del joven grupo ø (cero barrado).

Las composiciones geométricas de Cacchiarelli generan una presunta sensación de regularidad, con líneas que confluyen hacia el fondo del plano simulando profundidad y, al mismo tiempo, distorsionando deliberadamente su centro. La repetición en serie de un mismo motivo plástico, las sutiles variaciones en tamaño, forma o fondo, palpitantes colores, establecen una ilusión óptica, un diálogo retiniano entre la obra y la mente del espectador que la reconstruye, condicionada por factores anímicos y culturales. Austeros, las líneas, los puntos, planos, cuadrículas y tramas impecables, generan una ilusión de serena agitación de gran impacto sensorial. Cacchiarelli perfecciona el simulacro, afila los contornos y recrea vibraciones que generan un inexplicable entusiasmo.

Si se toma el conjunto de la producción de Cacchiarelli, que incluye grabados, trabajos en témpera y en superficies duras de acrílico, puede verificarse que ésta se inscribe en la tesis esbozada por Marta Traba, hace más de cuarenta años, respecto de la división de países en “áreas cerradas y abiertas” (a la inmigración, entre otras cosas). Los artistas, preferentemente de las ciudades puertos de Venezuela, Brasil, Argentina, Uruguay, fueron y son sensibles a la abstracción, al arte concreto, y generan excelentes producciones.

¿Pero, qué pinta Natalia Cacchiarelli? Imposible saberlo. Por de pronto, en otra exposición en el Centro Cultural Ricardo Rojas (Buenos Aires) –en simultaneidad con la muestra de Palatina–, la artista participó con una lograda instalación de pinturas abstractas, dispuestas en la pared a la manera de un rompecabezas; cada tela con cuatro palpitantes sectores monocromos plenos. ¿Son señales que sugieren un nuevo rumbo en su trabajo?

VICTORIA VERLICHAK

Natalia Cacchiarelli, por Victoria Verlichak | artnexus