El pueblo tikuna de Brasil tiene un mito que ha ido transmitiéndose en forma oral de generación en generación. Es el mito de la gran Ceiba, también conocida como Wone –un árbol colosal que vivió entre ellos en la selva brasileña, cerca de los límites de Perú y Colombia–, de la cual se dice que, como bloqueó el sol y se apoderó del espacio, todos los animales de la región se unieron para derrocarla. La huella del árbol derribado esculpió el río Amazonas y sus ramas formaron sus afluentes, mientras que las ramas más pequeñas crearon arroyos y corrientes y sus hojas produjeron lagos y estanques. Miler Lagos, quien vive y trabaja en Bogotá, Colombia, exploró esta historia y sus implicaciones en su reciente exposición en Magnan Metz, titulada The Great Tree of Water, un ambicioso grupo de obras en el que cada una podía sobresalir por su cuenta de manera autónoma, o podían formar una unidad para convertirse en una instalación más grande.

La muestra constaba de cuatro secciones principales. A lo largo de las paredes había magníficas obras en grafito sobre papel que representaban diversos ríos como el Selenga y el Lena. Al presentarlas en forma gráfica, sacándolas de su contexto y exhibiéndolas en forma vertical sobre la pared, estas masas de agua tomaban la apariencia de grandes árboles, incluidas las ramas y las raíces. En una inversión de estos dibujos, el artista realizó una serie de profundos relieves cortados en papel y montados sobre mesas, para presentar una vista topográfica de “valles” o “lechos de ríos” creados por los espacios negativos de los árboles ausentes.
Quizás más fascinantes visualmente eran dos proyectos esculpidos en papel. Uno consistía en relieves de papel doblado en formas circulares instaladas sobre las paredes; para hacer estas construcciones se utilizaron diversos periódicos como el Wall Street Journal, cuya uniformidad en el diseño permitió que surgieran una serie de diseños concéntricos que les daban a los círculos la apariencia de anillos de árbol. Y sobre el piso había un grupo de formas esculpidas que adquirieron los contornos, las densidades y la apariencia de troncos de árboles añosos. Al mirarlos más de cerca, uno se daba cuenta de que estos troncos eran en realidad pilas de papel sobre cuya superficie el artista había tallado representaciones gráficas, con el fin de imitar la forma de ciertos lagos y de árboles cortados.
Esta fue una fabulosa colección de obras de arte hechas en distintos estilos y técnicas, en la que cualquier grupo habría contribuido para hacer una fascinante exposición. Estaban conectadas, por supuesto, por los temas relacionados de la analogía árbol/río, que se ampliaba a las relaciones de toda la vida y los organismos en este planeta. Al mirar las representaciones de los árboles/ríos, uno se daba cuenta de que también eran análogas al sistema circulatorio del cuerpo, y que ríos como el Amazonas son, de hecho, la sangre del planeta. Por supuesto, la decisión de emplear papel en cada proyecto no parecía accidental o arbitraria, dado que el papel es una evolución de la existencia de un árbol. Cabe anotar que los dos proyectos en los que se utilizó más papel, los anillos de árbol y los troncos esculpidos, lo emplearon para presentar árboles que habían sido cortados: una infortunada necesidad para la producción de papel, y también un asunto muy preocupante con respecto a lugares como la selva amazónica en la actualidad.
Con su segunda exposición individual en Nueva York, Lagos unió mitología, espiritualidad e inquietudes de tipo ecológico en obras de arte que desde el punto de vista intelectual tenían muchas dimensiones y que fueron hechas con maestría. Está comprobando que es un artista cuyos talentos coinciden con sus ambiciones.
JOHN ANGELINE
