Las obras de los artistas cubanos Meira Marrero y José Ángel Toirac (M&T) no versan exclusivamente sobre Cuba, sino que abordan temas neurálgicos, propios del ser humano, que se manifiestan en cualquier lugar. Tal es el caso de VANITAS, una compleja y muy elaborada propuesta del equipo que resume veinte años de trabajo conjunto, en la que hasta el más mínimo detalle cobra trascendencia y significado. Esta es, pues, una exposición para mirar, escuchar y deliberar.
Vanitas, voz latina que se traduce al castellano como vanidad, es el concepto que organiza la muestra. No es la vanidad en el sentido que dan al vocablo las revistas de modas y de cotilleos relacionadas con el glamour, los viajes exclusivos, la belleza, la riqueza, como objetivo primordial de nuestras vidas. M&T retoman el concepto original desarrollado en el libro del Eclesiastés, donde lapidariamente se sanciona que todo es efímero, excepto el inexorable paso del tiempo y la llegada de la muerte. La vanitas es aquí lo que siempre fue, cualidad de lo inútil o vano que te trastroca en presuntuoso y arrogante.

La exposición es un provocativo ejercicio de curaduría, pero el resultado ha sido sobrio y elegante, a pesar de cuanto se presta el tema para desarrollar un llamativo y macabro espectáculo. Las obras, según palabras de los artistas, “son alegorías a la propia vida, a la fama, la belleza, el orgullo, la fortuna, la amistad, la política, el arte, etcétera. En fin, toda una lista de vanidades, como si la exposición fuera un ‘bodegón simbólico’, con un explícito significado moralizante sobre la condición efímera de la existencia material y el inobjetable suceso que constituye la muerte”.
De modo que la muestra tiene un carácter ritual, es una especie de “Danza de la Muerte”, donde se nos recuerda a todos, da igual nuestro estatus social y económico, la fugacidad de la vida, convirtiéndose ella misma, la exposición, en nuestro particular “memento mori”. Precisamente, la muestra se inicia con una audioinstalación titulada Memento Mori (2013), en la cual, audífonos mediante, escuchamos en 33 idiomas la frase “recuerda que morirás”. Hay otras obras incluidas que se apropian de las formas tradicionales, pictóricas, del género vanitas, y sustituyen, según argumentan los artistas, “el rol habitual del cráneo humano en medio del bodegón, por el hecho presumible de que las damas retratadas ya están todas muertas”. Este es el caso de la serie que da título a la exposición, Vanitas (2006-2013): una desaprensiva e inédita secuencia historiográfica, cronológica, que retrata al óleo las veintitrés Primeras Damas de Cuba, desde que tal posición fue instituida en 1902 hasta que languideció, en 1976.
También hay una atractiva recreación al óleo con agradables grises cálidos de una supuesta alegoría multicolor de la República de Cuba, que en forma de mujer se reproduce en la portada de la revista Vanidades (La Habana, 1952). Pintándola monocroma y luego añadiéndole color, aseguran los artistas, “no hacemos sino distanciarnos y re-cargar el significado de su título, Vanidades, en un contexto más reflexivo que mundano”. Dentro de esta misma línea interpretativa está Vanitas vanitatum (2013), una talla agradablemente ejecutada en mármol de Carrara, que reproduce dicha imagen de portada, pero el rostro de la joven, bello e idealizado, ha sido sustituido por el de una calavera. Es el clásico tópico de la belleza y la juventud como bienes banales y pasajeros.
De igual forma, M&T han tratado el paso del tiempo y la llegada de la muerte en temas relacionados con la historia de Cuba: tales son los avatares de los restos del acorazado Maine y las relaciones Cuba/Estados Unidos (Salve et Coagula, 2012-2013, y Remember the Maine, 2012-2013), los asesinados de ambos bandos antes y después del proceso revolucionario (Cara y cruz, 1996), la caducidad de la antes ovacionada indestructible amistad y alianza política entre los pueblos cubano y soviético (Amistad, 1996-2013), etcétera.
En conjunto, la arquitectura de la muestra está diseñada como una gran tela de araña formada por doce unidades artísticas que tienen una interconexión profunda. Como aseguran los propios artistas, “todas nuestras exposiciones son trabajos de curaduría en que las obras individuales son piezas de un panorama mayor, que es la exposición, y que es lo que nosotros trabajamos como ‘obra’ en su totalidad. Esta forma de trabajo, que hemos referido otras veces como ‘curaduría artística’, a falta de mejor término, nos permite manipular y recontextualizar obras viejas, datos históricos, obras de otros artistas, etcétera”.
JOSÉ RAMÓN ALONSO
