La galería argentina Del Infinito celebró el primer aniversario de su sede en Bogotá, con la exposición Castillos en el aire del joven artista bumangués Máximo Flórez. La muestra, con más de una decena de obras escultóricas, estuvo abierta al público del 25 de julio al 5 de septiembre de 2013.
Por la trayectoria de Flórez en el campo de la arquitectura, la idea de la construcción es la base de un proceso creativo que se origina en su interés por plasmar el espacio en cuanto bastimento contenedor, de dimensionalidad geométrica y de proyección lineal.
En su exploración formal, se vale de herramientas propias del diseño como el dibujo, las maquetas, los modelos por computador y las planimetrías. De estas últimas rescata el proceso de traslado de las características del terreno a un plano bidimensional, utilizando hilos (“replanteo”). Casi todas las obras de esta exposición están realizadas a manera de “cajas”, en las que esos hilos son trazados que generan ángulos, trayectorias de desplazamiento y volúmenes finos y rectilíneos insertados en la rigidez geométrica de las construcciones.

El vacío y las paredes de sus esculturas juegan con la percepción del espectador, por cuanto evidencian sutilmente esa dualidad entre bidimensionalidad y tridimensionalidad. Es necesario acercarse a cada obra, sobre todo a las de pequeño formato, para deleitarse con el detalle de tensión de los hilos, los calculados y diminutos orificios que atraviesan, los colores de los planos y los efectos de forma que logran la luz y las sombras.
En palabras del artista, “El proceso de creación de las obras está ligado al desarrollo del proyecto MURA (Museo Rodante Audiovisual), que consiste en pequeños edificios a escala, desarmables e itinerantes que se instalan temporalmente en diferentes contextos. El material de diseño de estos dispositivos sirvió de materia prima para el desarrollo de Castillos en el aire. Las piezas de la muestra se presentaban, de una u otra manera, como instantes del proceso constructivo (o destructivo) de estas arquitecturas. Y combinaban la escultura con el dibujo y la impresión fotográfica de los modelos 3D”.
Las obras de Máximo Flórez pueden describirse como concepciones espaciales en diferentes dimensiones materiales y de pensamiento; del dibujo técnico a la escultura geométrica. Pese a la inamovible disciplina de una producción absolutamente controlada y “perfecta”, se percibe una intención por transgredir la necesidad racional de definir el espacio. Con esto me refiero a que el carácter de sus Castillos en el aire, desafía las nociones de peso, levedad; arriba, abajo; trazo, línea imaginaria; horizontalidad, verticalidad, etcétera.
Los modelos a escala de algunas obras de la muestra llaman la atención pues, además de reflejar su entrenamiento como estudiante de arquitectura, verifican ese proceso de traslado conceptual del espacio en proyección mental y luego en materia. Evidencian el transcurso racional de la idea de volumen y vacío espacial a objeto palpable con correspondencia comparativa.
Al preguntarle al artista si concibe una idea después de explorar el espacio o si la adapta a obras que ha venido trabajando con antelación al reconocimiento del lugar que ocuparán, responde que el diálogo con el espacio expositivo es fundamental. Precisa una lectura previa del mismo pues “las características propias de éste (circulación, iluminación, texturas, etcétera) son las que empiezan a dar una idea del cuerpo de la muestra”.
El paso que sigue al reconocimiento del espacio es el de abstraerlo mentalmente para elaborar una representación preliminar que se basa en la documentación del mismo a través de planos, imágenes y maquetas. En lo que él define como una “puesta en escena”, simultáneamente piensa en adaptar las piezas al espacio determinado, modificando los modelos y los formatos a través de repeticiones de formas, extensiones, adiciones y sustracciones, así como variando el entorno espacial a partir del manejo de la luz y el color.
A propósito del color, el artista comenta: “Me inclino por las texturas y colores propios de los materiales, en este caso la madera. Sin embargo, al momento de ver los primeros renderizados, pensé que sería interesante tratar algunas piezas como materializaciones de los volúmenes virtuales y darles ese aspecto con colores planos y vivos. Algunas piezas fueron pintadas con colores que correspondían a los asignados (por defecto) por el programa de modelado en computador”.
En un nivel más sensible, Flórez percibe el espacio viviéndolo y fijándolo como recuerdo. Su trabajo anterior en otros espacios de Bogotá ha alimentado esa experiencia afianzando una predilección por ciertos materiales. En ese sentido, la nobleza de elementos como la madera y el hilo también implica la relación física con éstos y, por lo tanto, el disfrute que el artista expresa al decir que el trabajo manual es esencial en su obra. Si bien hay otros medios involucrados en su proceso creativo, como el video o la fotografía, la constante por destacar es que siempre busca que estén relacionados con los procesos de la escultura.
MARÍA JOSÉ RAMÍREZ
