Exposición Individualdic 2013 - feb 2014· Por Janet Batet

Mauro Giaconi

Museo del Palacio de Bellas Artes

Volver a girar es el título de la colosal intervención del artista argentino Mauro Giaconi (Buenos Aires, 1977), radicado en México hace dos años, que sacudió los cimientos del Museo del Palacio de Bellas Artes de la ciudad de México. La intervención, compuesta por un imponente mural y una animación de carácter más íntimo, formó parte de la muestra colectiva Panorámica. Paisajes 2013-1969, expuesta del 25 de abril al 7 de julio en la prestigiosa institución.

Volver a girar se compone de dos elementos fundamentales estrechamente relacionados. El primero, de carácter más íntimo, es el video, que a su vez actúa como memoria material del proyecto y desafío al tiempo. El segundo, y en definitiva el elemento central, es el mural, que comprende en sí mismo la noción de ciclo, marcado por el sino de ese indefectible ritmo de Cronos que nos impone un comienzo y un final, determinado aquí por la duración temporal de la muestra.

Exposición Individual: Mauro Giaconi — imagen 1
Mauro Giaconi. Volver a girar. De la exposición panorámica Paisajes, 2013-1969. Mural.

Siguiendo fiel a su indagación en los controvertidos laberintos de la memoria y el olvido –que en su propuesta se traduce en un exquisito trabajo de construcción y deconstrucción a base del grafito y la goma de borrar–, Giaconi se inspiró en una fotografía histórica de la cúpula de la insigne institución tomada durante los años en que, como consecuencia de hundimientos del suelo y, luego, el estallido de la Revolución Mexicana, el proyecto arquitectónico comandado años atrás por Porfirio Díaz quedó suspendido por varios años.

A partir de esta imagen, que se conserva en los archivos del museo, y que para el artista asomaba a su vez como evidencia histórica y conjeturable futuro, Giaconi comenzó a incorporar elementos propios de la arquitectura del lugar (detalles arquitectónicos y decorativos), así como elementos urbanos y paisajísticos del entorno del edificio. El resultado es un intrincado paisaje psicológico que, a medio camino entre ensueño y realidad, se trepa como hiedra por doquier, invadiendo techos, puertas y paredes en un enjambre cuando menos inquietante, que nos compele e interroga.

La incursión en el espacio arquitectónico, más que una mera aproximación a la tipología, está animada por un interés sociocultural que permite al artista la indagación y desmitificación del sentido histórico. En efecto, la reanudación de la imponente obra arquitectónica implicó cambios en el proyecto original, marcado por el estilo ecléctico, donde dominaban el Art Nouveau y el Art Decó. Más tarde, con la remodelación de la sala principal, a principios de la nueva centuria, muchos de estos elementos fueron destruidos. Otro punto de interés es el contrapunto entre estilos arquitectónicos foráneos y la incorporación de simbologías y materiales nacionales, entre los que sobresale, por supuesto, la inserción de murales de la mano de Siqueiros, Orozco, Rivera y Tamayo, entre otros. Todos estos cambios integrados en la obra de Giaconi testifican los accidentes y vericuetos de la historia nacional, huella indeleble de diferentes momentos históricos y grupos de poder que, en suma, construyen nuestra memoria colectiva.

Volver a girar, cuyo nombre el artista toma prestado del sentido etimológico de la palabra revolución, implica este sentido relacional que anima la obra en su diálogo con la institución y las diferentes obras que integran su colección.

El contundente paisaje está cargado de la alta fuerza expresiva que deriva del uso frenético del grafito y la goma de borrar, generador de altas tensiones que son acentuadas por la misma naturaleza caótica retratada, donde constantemente la lograda profundidad de campo es desmembrada por innumerables vigas en desafiantes ángulos, edificios que caen y marañas vegetales que se interponen. El resultado es una experiencia inmersiva de carácter orgánico, corolario de la efectiva desarticulación del soporte; léase, por ello, la estructura arquitectónica del museo, que simbólicamente deviene una alegoría de nuestra memoria material. La recurrencia a motivos localizados en el exterior del museo responde al cometido de trocar espacio interior y exterior, generando así una relación dialógica entre la entidad y el espacio público que la circunda.

El visceral dibujo, como bien caracteriza toda la personalísima propuesta de Giaconi, es monocromo. Zonas de alta intensidad de negros que contrastan con flashes blancos se amalgaman en medio la efectiva profundidad generada por el magistral manejo del sfumato. Sin embargo, de vez en cuando afloran angustiosas úlceras naranjas que, como caprichosos túneles, prometen un viaje al pasado de la institución. De hecho, estos detalles de color son el resultado de la ávida pesquisa deconstructiva motivada por el escrutinio de la historia del museo, que lleva al artista a remover hasta diez capas de pintura para, finalmente, hacer emerger en la superficie un diálogo sui géneris con el espacio y el tiempo.

La acción, que sólo de modo miope puede ser interpretada como un viaje al pasado, impone también un paralelo insoslayable con la propia instalación del artista, cuyo carácter efímero –el magnánimo dibujo es realizado directamente sobre la pared del museo– está condenado a desaparecer bajo nuevas capas de pintura, quedando velada y, sin embargo, para siempre latente en la historia material del inmueble.

Esta reflexión entre lo perenne y lo transitorio, lo visible y lo invisible, lo recordado y lo olvidado, es el centro de indagación de la propuesta de Giaconi, para quien el espacio, en definitiva, deviene herramienta para la inmersión en el tiempo. De hecho, el mismo artista advierte con respecto a Volver a girar que su intención no es la representación de una imagen, sino la creación de un estado, y acota: “un estado gaseoso del espacio”. De ahí su interés –en el plano formal– por la fractura del espacio físico originario, a través del cual el artista logra crear una experiencia orgánica que diluye la estructura arquitectónica del lugar, y da paso a esa omnipresente y sobrecogedora sensación de pasaje a través del tiempo que domina Volver a girar, y que es, en definitiva, la concreción de ese tránsito al “estado gaseoso del espacio”, donde la experiencia fluida en la historia del inmueble sirve de puente para una reflexión mucho más vasta acerca de los procesos de construcción de la historia y la memoria colectiva.

Volver a girar, animada por un sentido relacional vital, guarda estrecha relación con la intención de revisión del paisaje que anima la muestra Panorámica. Paisajes 2013-1969, en la que se ha tomado como fecha de partida el primer alunizaje, hecho histórico que significó un cambio sustancial en nuestra percepción del espacio, y también, signo y síntoma crucial de relaciones de poder y construcción de la historia.

JANET BATET

Mauro Giaconi, por Janet Batet | artnexus