Mateo Manaure (Uracoa, Venezuela, 1926) es uno de los artistas venezolanos que pertenece a las primeras generaciones que asentaron las bases para la corriente abstracta que ha distinguido a la plástica del país. La extensa trayectoria de este artista incluye varias etapas, en las que su obra pasó por diversos estilos, incluido el consabido académico formativo. Sin embargo, por lo que ha sido más conocido es por sus creaciones dentro del abstraccionismo, estilo al que ha dedicado la mayor parte de su obra.
Las inquietudes de Manaure no se redujeron a las formales propias del medio, sino que se aventuró a buscar respuestas a sus necesidades expresivas más allá de la técnica. Esta actitud fue la que lo llevó en 1949, junto a otros artistas venezolanos expatriados, a formar parte del conocido grupo Los Disidentes, que tuvo sede en París. El factor común de los integrantes de este grupo era el interés por el arte abstracto. Su estancia en París en una etapa tan temprana de su desarrollo como artista le permitió entrar en contacto directo con las últimas tendencias artísticas del momento. Es en este período que recibe la influencia del Neoplasticismo y de las teorías de Kandinsky, que sería decisiva en su carrera.

Este artista no se conformó solamente con hacer su obra, sino que además incursionó en el mundo de las galerías, y en 1952 abrió una en Caracas, que se llamaba Cuatro Muros, junto al artista Carlos González Bogen. La importancia de esta galería trascendió en el circuito local, ya que fue la primera que presentó en el país una exposición de arte abstracto internacional, atrayendo la atención de artistas y coleccionistas de la ciudad.
Aunque la mayor parte de la obra de Manaure ha correspondido a la abstracción, no ha sido estática. Dentro de ella se pueden diferenciar varios períodos, en los que experimentó con distintas tendencias, que van desde el constructivismo puro hasta una expresión más lírica y gestual. También ha hecho obras ópticas y geométricas, que lo distinguirían sobre todo en las etapas posteriores, en las que ya se apreciaba un estilo más consolidado y personal. Esta exposición se centra en una parte importante de estas últimas, que es su serie Columnas Policromadas, la cual comenzó en los años setenta pero continuó trabajándola durante varias décadas después. Las piezas en esta muestra datan de 2000 a 2002, y se pueden dividir en dos grupos, uno que comprende obras bidimensionales y otro que se centra en piezas tridimensionales.
El primer grupo está formado por dieciséis piezas de formato vertical y rectangular, todas del año 2000, en forma de retablos. El haber usado madera como soporte refuerza esta idea. En éstas el artista trabaja con el color hasta la saciedad; líneas de colores contrastantes se juntan creando juegos ópticos y dando la sensación de una profundidad inexistente. Incluso, en obras como Columna Policromada # 9, que parecieran ser monocromas, el artista logra impregnar el sentido de movimiento en la pintura, y a partir de matices del blanco crea su característico juego óptico convenciéndonos de un movimiento que es irreal. Otras, como Columna Policromada # 8, hacen un despliegue de su dominio del color, y a partir de la contraposición de colores cálidos y fríos, nos convence totalmente de la existencia de un volumen que es en realidad ilusorio, ya que se trata en realidad de una pintura. En estas obras se aprecia su deseo de experimentación, lo que aplica al uso del color.
El segundo grupo de obras en la muestra es de cinco esculturas, todas de 2002. Son formas totémicas, literalmente columnas, que reproducen juegos de volúmenes. Como en el grupo bidimensional, se destaca el uso de colores contrastantes como rojos y naranjas, junto a neutrales como el negro, que ayudan a definir los planos. Estas columnas escultóricas nos proponen un acercamiento casi arquitectónico, en el que se ve un proceso en reverso a la obra anteriormente referida: en vez de crear volumen con la pintura, usa la pintura para reforzar el volumen de la columna al crear diferentes planos.
No es una sorpresa que se haya interesado en este tipo de obras, ya que ha colaborado en proyectos urbanísticos como la Ciudad Universitaria de Caracas. Sus intereses multifacéticos lo han llevado a realizar obras monumentales como sus murales, emplazados a través de la ciudad, pero también piezas de carácter más íntimo como vitrales. Manaure también incursionó en la ilustración y la gráfica, colaborando en diseños e ilustraciones de libros.
Esta muestra recoge una parte importante de la obra de Manaure, sobre todo de sus últimas etapas, revelando su dominio del color y su interés por la experimentación.
IRINA LEYVA
