La palabra castellana “dibujo” no es árabe, pero uno esperaría que tuviera alcurnia latina o griega. Obviamente, no tiene que ver con la griega graph (dibujo o escritura), ni con las latinas diagramma o pictura (pintura). Casi todos la conocemos desde la infancia y su precisión es tal que nos sorprende que Mariano Dal Verme nos quiera convencer que sus construcciones tridimensionales son dibujos. Mas, luego de una breve pesquisa nos enteramos de que “dibujar” nos llegó en el siglo XII del francés déboissier. En aquella época el significado de este vocablo galo abarcaba más que lo que el español actual pues incluía “desbastar”, “esbozar”, “esculpir”, y muchas otras actividades artísticas. Por tanto, el título de la exposición de Dal Verme en Sicardi Gallery apela para la clasificación de sus obras a esa antigua multiplicidad de significados escondida en la etimología de la palabra.
Dal Verme es uno de esos artistas cuya obra no necesita ser grande. Sus obras tienen el tamaño aproximado de un libro grande de arte. La fastidiosa meticulosidad de sus obras nos recuerda a las de un Gabriel de la Mora o un Marco Maggi. Son obras que apuestan a lo exquisito de la obra en pequeño formato. Los materiales de Dal Verme en estas obras son el papel y el grafito en forma de puntillas de lápiz mecánico. Es con ellas que Dal Verme meticulosamente construye un entramado que en ocasiones evoca las construcciones geodésicas de Buckminster Fuller. Pese a estas semejanzas, Dal Verme no parece querer deshacerse del papel (la cartulina), ni aumentar el tamaño de sus obras.

En algunas obras la cartulina toma la forma triangular dibujada por las puntillas y cada pedacito queda enmarcado en ellas. En estas obras el papel deviene en algo más que soporte de apoyo de las puntillas. Puntillas y papel son materiales infaltables de este proyecto de Dal Verme, cuyas obras suelen tener la apariencia de maquetas arquitectónicas a escala. Si alguna vez lo serán y se convertirán en prototipos de obras mayores, es algo que no se puede predecir. Dicho sea de paso, dado que todas las obras de Dal Verme son “sin título”, referirse a obras específicas es extremamente difícil.
Es un hecho destacable que Dal Verme utilice las puntillas de lápiz como material de construcción de sus obras, y no como herramienta de representación. Su uso normal –hacer marcas– es congruente con el propósito para el cual fueron producidas, mas no el que Dal Verme hace de ellas. Aun cuando Dal Verme pareciera representar un sol radiante (de puntas oscuras) con las puntillas, éstas no hacen trazos en el sentido tradicional, sino que son ellas mismas las representaciones de los rayos. Más que representar, sustituyen a las marcas que representan.
Hay por lo menos un par de precedentes de la idea de que los dibujos pueden salir de una superficie e integrarse a la tridimensionalidad. Los Dibujos sin papel que Gego hiciera a mediados de los ochenta son uno. En esos dibujos los trazos estaban hechos de alambre, varillas de acero, tubitos de plástico, etcétera. Otro precedente son los dibujos con luz que Picasso hiciera en 1949 con el fotógrafo Gjon Mili a instancias de este último. En esos dibujos, sin embargo, la obra final es plana y fotográfica, aunque el dibujo que les dio origen existió efímeramente en el espacio tridimensional. Mientras que la obra de Dal Verme no representa, sino que es lo que construye, su antecedente más cercano es el de los Dibujos sin papel de Gego, siendo la diferencia que sus obras sí incluyen al papel, mas no como receptáculo del dibujo.
En suma, pese a su apariencia de maquetas, las obras de Dal Verme no son prototipos de nada mayor, ni el papel de sus obras es receptáculo de un trazo dibujado, ni las puntillas de grafito que usa como material hacen marca. Tampoco es un proyecto Constructivista, en el sentido de que pueda servir para algo. No hacer lo esperado puede ser una virtud en el arte. Las obras de Dal Verme nos invitan a pensar en lo que no está haciendo, pero su razón de ser es ser simplemente objetos de contemplación estética.
FERNANDO CASTRO R.
