Exposición Individualdic 2013 - feb 2014· Por Claudia Fazzolari

Lia Chaia

Galería Vermelho

Proponer una aproximación a la poética visual de la artista Lia Chaia requiere comprometerse con una dimensión creadora instaurada por la consciencia de un cuerpo político, cuerpo presente o ausente en sus trabajos, pero siempre agente fundamental para la construcción de nuevas formas de convivencia, frente a las duras transformaciones de la vida cotidiana.

En su reciente exposición, Contratiempo, realizada en la galería Vermelho, en São Paulo, abierta de julio a agosto pasados, la artista, con el lema anunciado en el título, recordaba al visitante la innegable existencia de alteraciones imprevisibles –en el curso de cualquier acontecimiento–, obstáculos inevitables que acompañan la existencia de todo individuo.

La muestra individual reflexionaba críticamente sobre el quiebre de las relaciones sociales y los modos de supervivencia. Fue presentada en el ámbito conmemorativo de una década de acciones realizadas por la Galería Vermelho, activando espacios expositivos destinados a la divulgación del arte contemporáneo y promoviendo situaciones propicias al debate de temas emergentes en la vida cultural de la metrópoli.

Exposición Individual: Lia Chaia — imagen 1
Lia Chaia. A Queda, 2013. Tapete y costura. Dimensiones variables. Foto: Edouard Fraipont.

Veamos cómo la artista estructuraba este campo de investigaciones, mostradas en el espacio expositivo.

Desde el título de la muestra, Contratiempo, pensado por la artista para llamar así al conjunto de sus inquietudes, siempre activadas por algún tropiezo inesperado que altera la percepción del entorno, el ambiente conducía la mirada hacia la escena saturada de la sociedad contemporánea.

Para comenzar, destacamos la carga simbólica de la obra Lanza (2013), un dispositivo construido con finas bandas pegadas a las paredes, escalones maleables, fijados en las salas con material pegante, simulación de cualquier medio de seguridad y contención, que separa al cuerpo de la vida.

En lugar del metal, del trabajo de herrería, típico de cualquier verja de protección, la artista utilizó material blando, plástico, suave, creando una barrera falsa, un desvío de la percepción habitual del objeto que impide el paso y limita la condición de un cuerpo autónomo.

Los escalones y puntas de lanza adheridos a las paredes de la galería funcionaban como una alerta: rectilíneos o torcidos, dispuestos en el espacio para advertir al espectador que a él le correspondía reflexionar sobre las variantes del poder coercitivo del ejercicio cotidiano de la fuerza, para, entonces, volver a mirar la insistencia de los medios de protección y contención, tan recurrentes en la sociedad que nos rodea.

Con otra obra, La caída (2013), Lia Chaia ponía de presente el desacuerdo entre naturaleza y civilización, mediante un paisaje contaminado, registro irreversible de vida artificial, aséptica.

Con un arreglo compuesto por centenas de hojas meticulosamente recortadas en fibra sintética grisácea, material maleable usado para cubrir pisos, cosidas para simular la anatomía de una hoja natural –ese organismo naturalmente verde–, la artista situaba el desorden de un paisaje modificado por el irreversible “progreso” de pérdidas sucesivas.

El registro evidente de una relación decepcionante entre “progreso” y vida contemporánea surge caracterizado por el monótono tono gris de las hojas minuciosamente cortadas y cosidas.

También está presente en el conjunto de la muestra la obra Fiação CP04 (Hilado CP04, 2013), punta seca sobre fotografía y cables. Exponía una creación nueva pensada para la comprensión de múltiples zonas de resistencia, improvisadas en las grandes ciudades, especialmente en las periferias, como testimonio de una mirada marcada por la precariedad, resultado de la exclusión política, económica y social.

Entre cielos oscurecidos, postes de alumbrado público y tendidos de redes eléctricas enmarañadas, muchas veces resultantes de conexiones clandestinas al sistema eléctrico, frecuentes en todo el país, Lia Chaia incorpora a la fotografía el registro manual de la punta seca, como acto político consciente.

De hecho, la artista ilumina en toda su poética la consciencia crítica de una combatiente que resiste los desequilibrios generados por un modelo de vida que agoniza, decadente: estando el cuerpo limitado por el ejercicio de la fuerza, se transforma y adquiere otra dimensión pensante.

La creación de Lia Chaia promueve zonas de resistencia, acumula escalones y lanzas simuladas, pegadas en las paredes, hojas sintéticas cosidas, imágenes de tendido eléctrico abandonado en las calles y esquinas de las ciudades, invirtiendo su energía en otra asimilación del caos.

En todo el recorrido expositivo era constante una condición doble que persiste, al menos, hace una década, en la creación de la artista: el interés por la consciencia del cuerpo contemporáneo y la desconfianza en un proyecto terminado que considere la vida, obra concluida.

Para Lia Chaia, las estrategias creadas en sus obras son formas de pensar el mundo, que resuenan por el espacio expositivo, especialmente cuando su poética dialoga, en polifonía amplia, con las señales que confrontan las energías obsoletas contenidas en la letanía corriente.

Proponiéndole al visitante un desencuentro doble –de expectativa consolidada, que se altera en el contacto con la personalidad de cada obra y de desorientación, cuando se encuentra con el envés de su experiencia cotidiana–, la artista abordaba temas urgentes para la convivencia con lo contemporáneo, con los dramas de sus interlocutores, con las adversidades.

CLAUDIA FAZZOLARI

Lia Chaia, por Claudia Fazzolari | artnexus