Recientemente se clausuró la exposición Ablandando hasta el agua de Isabel Cisneros. Esta muestra, realizada en la Galería D’Museo, en Caracas, sorprendió por la cualidad inusitada que la artista otorgó a las telas que empleó para realizar sus esculturas blandas. En efecto, estas piezas son resultado de un proceso de investigación y experimentación con los materiales, interés que ella ha demostrado a lo largo de su trayectoria.
Ceramista de tradición, su trabajo se había centrado primeramente en el ensamblaje de pequeñas piezas monocromas creadas con arcilla, que, sumándolas, lograba resultados orgánicos de gran plasticidad. Tanto en esas piezas de cerámica como en otras inmediatamente posteriores hechas con objetos menudos tomados de la vida cotidiana (botones, canutillos, cuentas de vidrio, etcétera), el resultado es similar: crear efectos moldeables, cercanos a organismos vivos de naturaleza híbrida. Dominar el ensamblaje de materiales diversos de tan pequeño formato le permite crear piezas flexibles, “modificables”, trastrocando así el concepto tradicional de “masa” escultórica. Las formas de Isabel Cisneros son concebidas para ser manipuladas por el espectador, y el resultado es una pieza única y diversa que responde a criterios estéticos que la artista le confiere.

Tanto antes como ahora, Cisneros dobla e hila varios elementos para crear formas. En el fondo, se trata de crear volúmenes con un criterio que no se aleja de los procedimientos relacionados con lo textil: en las piezas de cerámica anteriores “cose” con hilos de acero o nailon las pequeñas piezas de cerámica para generar las formas orgánicas que definen su estilo. En esta ocasión, trabaja con telas completas (de una sola pieza) y establece una relación entre la materia y la forma resultante con el ablandamiento de las aguas duras (desalinización o descompensación).
Durante el proceso de realización de estas obras, la artista fue descubriendo nuevas posibilidades formales en este material. Tuvo en cuenta texturas, brillos, así como la estampación y la coloración del mismo. “Cada pedazo de tela –ha declarado la artista– me fue sorprendiendo a medida que lo manipulaba, su grosor, su textura, su color. Así, cada tela se dobló densamente, se alivió en amplios giros, o se retorció sobre sí misma. Éstos son los pespuntes que cosen mis indetenibles ganas de tocar telas y las inentendibles geometrías que viven en mi cabeza”. Aprovechar el color, los grafismos estampados, las texturas, las transparencias, las densidades, el brillo o las opacidades de las telas, le permitió crear formas diversas que distinguen cada una de las piezas, según las particularidades que cada tela le fue ofreciendo. Los dobleces y las formas blandas son resultado de una manera de componer sin pintar manteniendo un criterio pictórico del color y, por supuesto, un sentido del volumen sin esculpir. Su opción creativa es emotiva y sensual, por ser piezas en el fondo fuertemente sensoriales que agudizan, por un lado, el sentido de la vista (a través del brillo, las texturas y el color de las telas), y, por el otro, porque son obras táctiles, eminentemente corpóreas y, por tanto, manipulables.
Pero, más allá de las formas, existe una condición lúdica que surge precisamente por la comprensión de las bondades del material. Ésta se manifiesta en las formas alusivas a otras realidades que se expresan a través de la tipología de las telas y el modo de realizar sus dobleces. Así, un Corroncho (2013), ese pez de color pardo de la familia de los bagres, aparece sugerido en una tela de tafetán moaré marrón, y un Cocodrilo (2013), hecho con el mismo tipo de tela, de color azul, parece dormitar sobre una superficie; en Palmeros (2013), las “ramas” se desprenden de un manojo de cierres cosidos con algodón, mientras que en Alcantárea (2013) el ensamblaje de piezas hechas con malla 3D, material traslúcido usado para zapatos deportivos, dio lugar a una suerte de bromeliácea, particularmente llamativa por su color. Sin embargo, la relación entre estas formas y determinados elementos de la naturaleza no es premeditada. El concepto inicial en el momento de la realización de las piezas es abstracto, pues la artista no tiene imágenes prefijadas. El material va dando la pauta, y, según los resultados, estas asociaciones son posibles.
Otros referentes que aparecen son los que se manejan en el seno del arte: dos ensamblajes de lycra azul y verde colgados como “cuerpos chorreados” sobre la pared (Munch, 2013) recuerdan a la figura lánguida y desesperada de la serie El grito (1893) del noruego Edvard Munch, o bien, la integración de tules blancos y negros en Graffito (2013) crea un efecto cercano al claroscuro, precisamente por su transparencia. Estas asociaciones se producen por las formas resultantes y por las condiciones plásticas de los materiales.
Ablandando hasta el agua ha sido una experiencia en cierto modo interactiva, no sólo por la condición mutable de las piezas, sino también por activar ideas y la imaginación del espectador.
SUSANA BENKO
